L’Hospitalet de Llobregat, con 265.000 habitantes, es la segunda ciudad más grande de Cataluña y la de mayor densidad. Entre 1950 y 1975, su población se multiplicó por seis (de 50.000 a 300.000 habitantes) y en la primera década del siglo XXI acogió a 70.000 personas procedentes, mayoritariamente, de Sudamérica y Marruecos. Las tensiones con los vecinos se han multiplicado en los últimos meses, sobre todo por actos de incivismo. El coronavirus no ha ayudado. Durante el estado de alarma, los conflictos vecinales y las denuncias se han disparado, generando muchos problemas a la Guardia Urbana. También crece la percepción de que L’Hospitalet es una ciudad insegura y la creación de una patrulla ciudadana para combatir los delitos preocupa al gobierno municipal que lidera Núria Marín.

El debate sobre la seguridad sube de tono en L’Hospitalet. La muerte de un hombre tras ser atracado con extrema violencia, en la madrugada del domingo 28 de junio, disparó todas las alarmas. Los hechos se produjeron en la calle Muses, en el barrio de la Florida, uno de los más conflictivos de la ciudad. El problema se extiende a otros barrios muy poblados como Collblanc, Pubilla Cases y la Torrassa. Más del 60% de los 1.228 bares de L’Hospitalet se concentran en el norte de la ciudad.

EL BARÓMETRO MUNICIPAL

El gobierno de Marín (PSC) admite el malestar de muchos vecinos. José Castro, concejal de Seguridad, recalca que la gente está “asustada y sobreexcitada” desde que se decretó el estado de alarma por la propagación del coronavirus. Castro, sin embargo, asegura que los delitos van a la baja y esgrime los datos de la última Encuesta de Victimización. El sondeo recoge que el índice global de victimización (personas que han sufrido un delito) se sitúa en el 21,9%, cuatro puntos por debajo del mismo valor del conjunto del área metropolitana (25,9%).

Los datos que maneja el Ayuntamiento contrastan con la percepción de muchos ciudadanos, sobre todo de los barrios del norte de L’Hospitalet. “Tenemos problemas de incivismo y seguridad. Las estadísticas no cuadran con nuestra percepción”, recalca Óscar Castañeda. Vive en Severo Ochoa con Luarca, uno de los puntos calientes de la ciudad. Es una zona con muchos bares, abiertos mayoritariamente hasta las tres de la madrugada. “Es el Bronx”, bromea Óscar. Mucho más serio y preocupado añade: “Es una zona muy complicada, llena de dominicanos. A ellos les da igual que la gente descanse o no. Los dueños de los bares pasan de las reclamaciones y la Guardia Urbana suele tener otras prioridades cuando los vecinos hacemos una llamada”.

LOS BARES MÁS CONFLICTIVOS

Otro vecino señala tres bares de la zona como “focos de gran tensión”. Son el Jaragua bar, el Rincón de Jaragua y el bar Damas. “La gente tiene miedo a manifestarse, miedo a represalias de los dominicanos. Hay una escena que nunca olvidaré: una chica embarazada de ocho meses amenazando a un vecino con un bate de béisbol”, explica una persona que prefiere mantener el anonimato.

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Jóvenes de fiesta en el Rincón de Jaragua, en L'Hospitalet de Llobregat / FACEBOOK

Joan, vecino y uno de los impulsores de la patrulla ciudadana, está harto de tanta inseguridad. La sufren él y su familia. Asegura que su mujer lleva un spray pimienta en el bolso por miedo. Coincide en que los barrios más inseguros son la Florida, Torrassa y Collblanc.

DESPLAZAMIENTO DE LOS DELITOS

Según él, los delitos afloran al anochecer, sobre todo vinculados al tráfico de drogas. Destaca, también, el aumento de la delincuencia en el metro, sobre todo en el intercambiador de la línea roja en Torrassa.  Joan cree que se ha producido un desplazamiento de un determinado tipo de delitos de Barcelona hacia otras poblaciones como L’Hospitalet.

Hace tres semanas, Óscar simpatizaba con los impulsores de la patrulla ciudadana. A principios de julio, sin embargo, se desmarcó tras una reunión con el concejal de Seguridad. “Mi idea era que la patrulla mostrara los problemas de la ciudad y fuera un altavoz de los vecinos, pero se está desvirtuando”, argumenta Óscar, que nació en L’Hospitalet hace 42 años. Sus padres llegaron de Andalucía y Extremadura.

PROBLEMAS EN SEVERO OCHOA

Castro, el concejal de Seguridad, asume el malestar de los vecinos: “Severo Ochoa es una avenida conflictiva porque hay una masificación tremenda, con muchos bares que han cambiado de propietario, criterio y clientela. Durante tres semanas tuvimos que poner un dispositivo policial para controlar la situación. En esta zona hemos puesto 27 sanciones a establecimientos, algunas durante el estado de alarma”.

El concejal asegura que “la seguridad y la limpieza” son, históricamente, los grandes problemas que perciben los vecinos de L´Hospitalet. Castro destaca que el espectacular incremento de los delitos en Barcelona durante el pasado verano impactó en todas las poblaciones limítrofes.

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El concejal de seguridad del Ayuntamiento de L'Hospitalet, José Castro (centro)  / AYUNTAMIENTO

En L’Hospitalet han disminuido los hurtos y robos a domicilio, pero han aumentado los robos con violencia, según se desprende de los últimos datos del Ministerio del Interior del primer trimestre de 2020: “Nos preocupa el tipo de actividad delictiva. Un robo con violencia a una persona mayor de 70 años, aunque solo sea de 50 euros, genera una alarma social tremenda. Nos inquieta también que vuelvan los robos en los interiores de los vehículos. En la mayoría de los casos se trata de buscavidas, no de redes organizadas”, señala el edil.

LA MAFIA DE LA 'OKUPACIÓN'

En su radiografía de los principales problemas de seguridad, Castro añade: “Tenemos controlados los delitos contra la salud pública, los trapicheos. Y, a diferencia de Barcelona, no tenemos carteristas que actúen en el metro o en los autobuses de nuestra ciudad”. También minimiza los conflictos con los menas, un problema que apenas existe en este municipio. Sin embargo, el concejal de seguridad asume que en L’Hospitalet “hay mafias organizadas que se dedican a la okupación de viviendas”. El 80% de los desahucios de la ciudad son de okupas.

Castro insiste en que L’Hospitalet “no está peor hoy que hace 12 meses”. “No hay más delincuencia ahora que antes de que se decretara el estado de alarma por el coronavirus. La reclusión nos ha afectado a todos, pero lo que plasman las redes sociales no tiene nada que ver con la realidad. Las llamadas por problemas de convivencia, intolerancia, ruidos y quejas contra vecinos que no llevaban la mascarilla o no respetaban la distancia con otras personas aumentaron un 300%. Pero una cosa es el incivismo y otra, la inseguridad. En los últimos meses hemos tenido que controlar cosas inimaginables”, remarca Castro.

AVISO A LA PATRULLA CIUDADANA

La creación de una patrulla ciudadana en L'Hospitalet ha vuelto a poner el debate sobre la seguridad encima de la mesa. El concejal ya se ha reunido con los promotores. Sin éxito. Y alerta de una práctica “que puede acarrear muchos problemas” a sus integrantes: “Si se limitan a pasear no serán denunciados, pero la diferencia entre pasear y patrullar es importante. Si una persona hace uso de una autoridad que no tiene, tendrá un problema si es denunciada. La policía actuará de oficio porque no se puede impedir la libre circulación de nadie. Ellos pueden ir por la calle, tocar el pito y llamar a la policía. Lo que no pueden hacer es interactuar con un tercero y mucho menos retener a otra persona o agredirla. Se lo hemos intentado explicar”. No obstante, desde las patrullas ciudadanas señalan que están "bien informados y asesorados" y actuarán siempre bajo la ley, en el marco del artículo 490 de la Ley de enjuiciamiento criminal. 

Agentes de los Mossos d'Esquadra en L'Hospitalet / MOSSOS
Agentes de los Mossos d'Esquadra, en L'Hospitalet / ARCHIVO

Marín espera que las patrullas se diluyan u opten por un perfil bajo, tras comprobar que su poder de convocatoria es muy limitado. Desde este grupo de reciente creación sacan pecho del número de participantes en el canal de Telegram, unos 500 vecinos según ellos (en las reuniones presenciales eran unas 10 personas=. Además, aseguran que ya están creando los primeros equipos de patrullas ciudadanas, para lo que cuentan con el asesoramiento de psicólogos a la hora de elegir a sus miembros. Joan, uno de sus fundadores, explica que están decididos a seguir adelante, y que a partir de ahora quieren interlocución directa con Guardia Urbana y Mossos d'Esquadra, sin presencia de políticos en las reuniones. Ya tienen fecha para verse con los mandos policiales, a la vez que preparan los primeros equipos. 

Paralelamente, Marín persiste en su petición de más mossos al conseller Buch y más agentes de la Policía Nacional a la delegada del Gobierno en Cataluña, Teresa Cunillera. “En estos momentos tenemos 350 agentes de la Guardia Urbana, 280 mossos y 44 policías nacionales”, enumera Castro. “Somos la segunda ciudad en habitantes y en volumen de negocios de Cataluña. El pasado noviembre, Buch dijo que tendríamos 50 mossos más y nosotros esperamos que se licencien 41 urbanos. También hemos pedido entre 25 y 30 policías nacionales más para temas de extranjería y narcotráfico. La cooperación entre los distintos cuerpos es buena, pero faltan efectivos policiales. El Ayuntamiento no es responsable de la inseguridad ciudadana”, profundiza el concejal de seguridad.

LA EXTREMA DERECHA

La preocupación del gobierno local aumentó tras la concentración del pasado 3 de julio, en la plaza de pajaritos, para protestar contra la muerte violenta que se produjo en la calle Muses. Castro y muchos vecinos lamentaron y condenaron los hechos, pero se desmarcaron de la convocatoria al entender que fue promovida “por personas de extrema derecha”, por simpatizantes de VOX y Plataforma per Catalunya”.

“No vamos a caer en la provocación de relacionar delincuencia con inmigración. L’Hospitalet es una ciudad dormitorio que debería ser estudiada como un fenómeno de éxito en la integración de personas migrantes. Somos una ciudad acogedora, el proceso de inmersión en la escuela ha sido muy positivo y las entidades han facilitado su integración y la mejora de los barrios. Esto no quita que haya delincuentes e incívicos, pero no podemos hacer el caldo gordo a la extrema derecha”, insisten en el consistorio.

Núria Marín, alcaldesa de L'Hospitalet, posa en su despacho de la Diputació de Barcelona / LENA PRIETO
Núria Marín, alcaldesa de L'Hospitalet y presidenta de la Diputación de Barcelona / LENA PRIETO

LAS ENTIDADES

Una de las entidades más activas en la integración de emigrantes, primero del resto de España y ahora de otros países (de Marruecos y Sudamérica, principalmente), es Itaca. Entre sus programas destaca el proyecto de Intervención Comunitaria Intercultural que cuenta con el respaldo del Ayuntamiento de L’Hospitalet y de la Obra Social de La Caixa. Otros programas que dan soluciones a muchos emigrantes son el de reinserción laboral, el de aprendizaje y servicio, y el de ocio alternativo.

Felipe Campos, presidente de Itaca, sostiene que “el incivismo no entiende de pasaportes”. “Hemos de trabajar el respeto al diferente para mejorar la convivencia en nuestras comunidades”, incide Campo. Itaca atiende a unas 1.500 personas cada semana.

CRÍTICAS A LA ALCADESA

Otra entidad clave en L’Hospitalet es Sumem. Fundada en 2014, defiende los derechos de las personas con discapacidad o diversidad funcional. “La solución pasa por más guardia urbana y menos patrulla ciudadana. El ayuntamiento tiene que ponerse las pilas para reducir los problemas de incivismo e inseguridad”, sostiene su presidente, Arturo Portela. En Collblanc, por ejemplo, conviven personas de más de 120 nacionalidades.

Portela comparte que gran parte de los problemas de L’Hospitalet se deben a su “elevada densidad”. El mismo diagnóstico realiza César, un vecino de La Torrassa con una amplia experiencia en temas locales que ha participado en reuniones con dirigentes de los Mossos y la concejal del distrito 2 de L´Hospitalet, Olga Gómez. “El gran problema es la falta de espacio público, la alta densidad de muchos barrios, pero el ayuntamiento sigue permitiendo la construcción de pisos nuevos y hoteles”, critica César. Este ciudadano opina que hubo “muchos actos incívicos” cuando se abrieron las terrazas. Sin embargo, matiza que “la situación se ha normalizado en los últimos días, respetándose los horarios de cierre de muchos bares”. Unos bares que en Severo Ochoa son motivo de discordia y malestar de muchos vecinos hartos de tanto ruido y amenazas.

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