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Manuel Valls, antes incluso de anunciar formalmente su candidatura a la alcaldía de Barcelona, se convirtió en el blanco preferido de comuns e independentistas. También el PSC ha cargado contra el ex primer ministro francés, aunque con menos virulencia. Un mes y una semana después de su estreno en el CCCB, el líder de la plataforma 'Barcelona, capital europea', se ha convertido en la gran obsesión de Ada Colau, amenazada también por ERC, aunque podemitas y republicanos negocian un posible intercambio de cromos.

Tenía claro Valls que para ganar las elecciones municipales debía ampliar el foco. No le bastaba con ser el candidato de Ciutadans. Ya en los primeros encuentros con empresarios y periodistas, el ex alcalde de Evry incidió en la necesidad de seducir al catalanismo más moderado y a los votantes del PSC. En su primera declaración de principios se definió como un político “socialista, progresista”, muy preocupado por el medio ambiente. También expresó su admiración por el legado de Pasqual Maragall.

SECTORES MUY MOLESTOS CON COLAU

Los primeros movimientos de Valls suscitaron algunos recelos en pequeños sectores de Cs, sofocados muy pronto por Albert Rivera e Inés Arrimadas. El compromiso de la formación naranja no se discute y las imágenes de complicidad entre el político hispano-francés y Carina Mejías, actual líder de Ciutadans en Barcelona, son muy elocuentes. Valls también siente un gran aprecio por Jordi Cañas, aunque nadie discute que tiene vía libre para confeccionar una lista propia. Lo más transversal posible.

El discurso de Valls es bendecido por amplios sectores de la sociedad barcelonesa, muy molestos con la gestión de Ada Colau en asuntos tan sensibles como la falta de seguridad y el top manta. Paralelamente, el líder de 'Barcelona, capital europea' suscita un amplio rechazo en círculos independentistas, un escenario del que espera beneficiarse Colau, la reina de la ambigüedad en cuestiones identitarias. Elocuente fue la respuesta del ex alcalde Xavier Trias cuando le pidieron que se decantara entre Valls y Colau. El líder de CiU en el Ayuntamiento se declinó por la actual alcaldesa.

Ada Colau y Xavier Trias el día que la primera recibió el bastón de mando municipal de parte del primero / Archivo
Xavier Trias y Ada Colau

LAS PREFERENCIAS DE TRIAS

En un escenario tan condicionado por el procés independentista, ya no sorprende que un señor de Barcelona prefiera a una antigua activista de la PAH que a un político que prioriza la seguridad y el resurgir económico de la Ciudad Condal. Y Colau, tan mala gestora como hábil entre bambalinas, se posiciona como el mal menor ante votantes que están en las antípodas (ideológicamente hablando).

Colau, de momento, se siente más cómoda con Ernest Maragall que con Alfred Bosch como alcaldable de ERC, a la espera de noticias del PDeCAT, donde todavía no se sabe si su candidato será Neus Munté, Joaquim Forn o Ferran Mascarell. Las discrepancias internas son importantes.

Valls asume que será el blanco preferido de comuns e independentistas en la campaña electoral. El escenario, sin embargo, no le preocupa demasiado. “Más duro fue ser ministro de Interior en Francia”, responde, con su habitual flema, cuando le preguntan por la cuestión. Y tiene claro que será correcto en las formas pero contundente en sus críticas al proceso independentista y a la obra de gobierno de Colau.

LA POSTURA DEL PP

En mayo, Valls aspira a ser el candidato más votado. Otra cosa será formar gobierno. Sabe, no obstante, que tendrá el respaldo del PP, que por primera vez podría quedarse sin representación en Barcelona. Alberto Fernández Díaz ve factible repetir los tres concejales de 2015 y tiene claro que una fusión con Valls sería muy negativa para el bando constitucionalista. Otra cosa sería un pacto post-electoral que ni tan siquiera se discutirá.

“En política, dos más dos nunca son cuatro cuando hablamos de una fusión. Si el PP se integrara en la candidatura de Valls, su plataforma obtendría más votos, pero el voto constitucionalista sumaría menos concejales que las dos formaciones por separado. Seguro que algunos votantes del PP optarían por una alternativa más escorada hacia la derecha”, explica a Metrópoli Abierta una fuente del partido conservador, preocupada también por “el compadreo entre comuns e independentistas”.

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