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El candidato de Ciudadanos a la alcaldía de Barcelona, Manuel Valls, tiene en cartera una batería de medidas para combatir el cambio climático y que Barcelona se convierta en un referente a nivel mundial en esa materia. Entre las iniciativas que propone está el impulso del coche eléctrico. ¿Cómo? Estudiando con Seat cómo han de ser los automóviles del futuro.

Una de las medidas incluidas en su programa prevé la instalación en la capital catalana de la Knowledge and Innovation Community (KIC) on Urban Movility. En ese organismo, el Ayuntamiento colaboraría con un consorcio de 12 ciudades más, 17 empresas, 18 universidades y, especialmente, Seat. El objetivo absoluto es dar prioridad al vehículo eléctrico en la ciudad.

Valls echa en cara a la actual alcaldesa, Ada Colau, que nunca se haya reunido con Seat, una compañía que tiene una tradición de vinculación a Barcelona (antes de su traslado a Martorell, sus factorías se ubicaban en la Zona Franca) y al movimiento obrero. Además, es la principal industria que tiene Cataluña y da trabajo a varios centenares de empresas que surten a la multinacional de materiales. “Tenemos que evitar un tipo de coche contaminante. Pero hemos de mirar, por ejemplo, con la Seat, qué va a ser el coche eléctrico, el coche autónomo. Hemos de imaginar el coche y la movilidad del mañana”, explica el cabeza de lista.

TRANSPORTE GRATUITO

El cambio climático es uno de los principales retos que tiene encima de la mesa el próximo alcalde de Barcelona. Valls lo coloca justamente tras los problemas de la inseguridad y de la pobreza o las desigualdades. De ahí que le conceda en su programa electoral un lugar destacado. Una de las medidas que propone, por ejemplo, es la promesa de transporte público gratuito en situaciones de emergencia.

El líder de la lista de C’s explica que “ya tenemos la tecnología para prever picos de contaminación en el área metropolitana. Ante ello, se dispondría de transporte público para evitar que los coches entren en Barcelona. Son medidas que muchas ciudades ya realizan, aunque es una medida a corto plazo, una respuesta a la urgencia climática”. Lo importante, subraya, es “hacer pedagogía”. Para este objetivo, sin embargo, se necesita potenciar tanto el transporte público como las infraestructuras de aparcamientos. De ahí que una de las medidas sea la creación de un plan de “aparcamientos disuasorios y residenciales en los barrios de la ciudad”.

Valls subraya que Barcelona tiene un problema con el tráfico. Pero no es partidario de medidas drásticas. “No podemos castigar a la gente que viene a trabajar a Barcelona y que no puede coger transporte público porque no existe o no se ha invertido en Cercanías. Aun así, la ciudad no puede aceptar que coches o camiones contaminantes campen a sus anchas”. De ahí que sostenga que “si no hay transporte público potente, con inversiones del Estado, de la Generalitat y del Área Metropolitana”, las propuestas que se apliquen pueden no funcionar.

EL PELIGRO DE LOS CHALECOS AMARILLOS

Reconoce que la restricción de circulación en el centro de la ciudad ya se aplica prácticamente en Barcelona. “En el casco antiguo y el Barrio Gótico, así como proyectos que existen, como la reforma de la Via Laietana, ya existe esa realidad. Pero tenemos que evitar un tipo de coche contaminante. Hay medidas que ya están en marcha y decisiones que se van a imponer a principios del 2020. Eso tenemos que mantenerlo”, reconoce.

Desecha medidas más drásticas, como el establecimiento de un peaje para acceder a la ciudad o al centro. “No estoy de acuerdo con el peaje porque no quiero que la lucha contra el cambio climática sea punitiva”, subraya.

Con la experiencia que le ha dado el venir de Francia, advierte que “hemos de mirar lo que ha pasado en otros países”. Se refiere, concretamente, a la revuelta de los chalecos amarillos en Francia. “El movimiento de los chalecos amarillos empieza porque la gente tenía la impresión de que a los que no tienen otra solución que coger el coche  los van a castigar más”. Por tanto, asegura que “la idea de más peajes, más tasas o más impuestos no está en mi programa”.

En la lucha climática, Valls promete también plantar 10.000 árboles de hoja caduca en 8 años, potenciar el reciclaje de los residuos y crear el Observatorio Internacional contra el Cambio Climático con sede en la capital catalana. Concretamente, en el castillo de Montjuïc. Por último, propone un plan para “garantizar el suministro de agua que reduzca la dependencia de las cabeceras de los ríos Ter y Llobregat”. Ahí entraría el aprovechamiento de fuentes alternativas y de aguas freáticas y regeneradas. “La ciudad debe de estar preparada para la llegada periódica de grandes sequías”, advierte en su programa”.