ARCHIVADO EN:

“Patriota, guapo, presidente”. A grito pelado. Santiago Abascal levanta pasiones entre los que agitan la bandera española con más fuerza que el resto. Centenares de personas hacen cola en la Biblioteca Zona Nord, en el barrio de Torre Baró, para ver Vox(ear) a “su mesías” junto a sus apóstoles: el candidato por Barcelona, Ignacio Garriga, y el de la Unión Europea, Jorge Buxadé. Los perfiles de asistentes –como el partido– son extremos. Desde mujeres estiradas, operadas, arregladísimas, a trabajadores de barrio con la sudadera Quechua, el pantalón de chándal y la bandolera. En la formación Vox cabe cualquiera que tenga ganas de chillar hasta ensordecer al resto. Sin filtros ni límites: como su discurso.

Unos niños inmigrantes de origen magrebí entran y buscan sitio. “Los asientos son para la gente mayor”, les dice uno de los organizadores, con un megáfono colgando del hombro. “Solo os podéis quedar si os portáis bien” añade. Los niños asienten con una sonrisa y piden banderas desde una esquina. La repartidora les da algunas y ellos responden eufóricos, sin saber muy bien por qué: “Es-pa-ña”. Se cubren el rostro con la bandera, fingen secarse las lágrimas con ella, y practican esgrima con el palo que, de hecho, parece una banderilla taurina. El colmo de la ironía en un mitin de Vox.

'VIVA ESPAÑA', UNA Y OTRA VEZ

Tras una larga espera –y la sala llena hasta la bandera– Ignacio Garriga sube entre aplausos al ring improvisado de Vox. “Viva España”, vocifera uno. “¡Viva!”, responden otros al unísono. Esta escena se repite más que el ajo a lo largo y tendido del acto electoral en el distrito de Nou Barris. “Viva España”, otra vez. “Viva”. Hasta que se cansan.

Niños en el mitin de Vox cogiendo banderas de España / P. B.
Niños en el mitin de Vox cogiendo banderas de España / P. B.

"Las mafias de la droga, la okupación, los manteros, esos jóvenes institucionalizados de la izquierda radical y los menas quieren arrebatar Barcelona a los ciudadanos”, dice Garriga. “¡Ahí le has dado!”, coincide uno del público en voz alta. Y ahí siguen los niños inmigrantes. “Ada Colau odia esta ciudad, pero nosotros traeremos nuestro amor por los valores de nuestros abuelos que llegaron aquí de todas las partes de España”, prosigue con el costumbrismo típico del partido.

'QUE DIOS OS BENDIGA'

En un momento puntual deja de funcionar el micrófono, pero el público lo resuelve rápido: “Viva España”. Nunca falla. Ignacio Garriga –tras prometer “dar batalla al turismo de heroína”, poner fin a “los precios disparados de la vivienda” y luchar contra la inseguridad en Barcelona– se despide de los fans con un “que Dios os bendiga”.

El candidato Ignacio Garriga en el mitin de Vox en Barcelona / P. B.
El candidato Ignacio Garriga en el mitin de Vox en Barcelona / P. B.

Tanto Abascal como Buxadé centran su discurso en la distorsión del mensaje del partido, cargan duramente contra los periodistas y piden –una vez más– cárcel para los líderes independentistas Carles Puigdemont y Quim Torra. Lo hacen de un modo lleno de odio y sin argumentos. “Que Puigdemont caiga en un pozo y no salga nunca más”, suelta una de las asistentes.

TENSIÓN CON LA EXTREMA IZQUIERDA

A la salida del mitin, se arma el escándalo. Decenas de activistas vinculados a la CUP imposibilitan la salida tranquila de los asistentes y los abuchean con consignas manidas como “fueras fascistas de nuestros barrios” y al ritmo de la canción Bella Ciao. Según el número dos de la CUP en Barcelona, Jordi Magrinyà, es una “vergüenza” y una “provocación” que Vox elija para su mitin Torre Baró, “un barrio con una población migrada importante, a decirles que no los quieren, que se vayan”.

Activistas al lado de una carpa de la Cup en Torre Baró / P. B.
Activistas al lado de una carpa de la Cup en Torre Baró / P. B.

Enfrente de la biblioteca, de hecho, decenas de jóvenes inmigrantes también silban a algunos de los simpatizantes de Vox y gritan sin tapujos: “Nazis”. Ante las provocaciones, algunos asistentes responden con el saludo fascista y cantan el himno de la falange Cara al Sol. Otros no dan crédito a la situación y buscan el modo más seguro de volver a casa sin ser increpados. Unas ocho dotaciones de Mossos d'Esquadra aseguran la zona y, sin grandes encontronazos, los presentes van abandonando el punto tenso hasta que se apacigua el ambiente. Al final, ninguno de los dos extremos ha logrado el knock-out este miércoles. Por suerte.