El pacto de gobierno en el Ayuntamiento de Barcelona se presenta cada día más difícil, no sólo por los intereses de cada uno de los partidos en liza, sino por las tensiones internas que vive cada una de las formaciones. Lo que habría de ser un paseo se ha convertido, así, en un verdadero encaje de bolillos para contentar a todos. El último foco de tensión proviene de las filas de Barcelona en Comú (BeC).

En realidad, Ada Colau, la actual alcaldesa, sólo tendría que dejarse querer, puesto que tiene los suficientes pretendientes como para poder elegir. Pero los suyos no están dispuestos a darle tregua. Dentro de los comunes hay una fuerte oposición para que evite el pacto con el PSC de Jaume Collboni y, sobre todo, con Manuel Valls. La corriente más independentista apuesta por un pacto con Ernest Maragall, aún a riesgo de que la propia Colau no presida el Ayuntamiento.

POSIBLE RUPTURA

Según diversas fuentes consultadas por Metrópoli Abierta, la oposición es tal que le han llegado a plantear la ruptura del grupo municipal “si pacta con alguno de los partidos que apoyaron el 155”. La lectura que hace el sector soberanista de los comunes es que se ha de pactar con la fuerza más votada, en este caso ERC. Las amenazas llevaban añadida una coletilla: algunos de los concejales de BeC podrían romper el grupo municipal y pasar al grupo mixto, lo que hubiera supuesto el final de Ada Colau.

Las fuentes explican que lo que se dirime es un pulso interno para acotar el poder de Ada Colau y los suyos, especialmente de su marido, Adrià Alemany, que ha pilotado la campaña electoral con ella como eje central y único de la misma. Por eso, en sus postulados van más allá que la propia Ada Colau, que ya se mostró desde el primer momento dispuesta a un pacto con el PSC, al ser de izquierdas.

COLAU, PRISIONERA

“Sería lógico que avisasen de un boicot si hubiese pacto con Valls, que es derecha pura y dura. Pero el veto al PSC dinamita su margen de maniobra. Colau está ahora entre la espada y la pared: o se implica en un pacto a dos con Ernest Maragall o se queda fuera como jefa de la oposición. Es una opción casi diabólica, porque le prohíbe tantear las posibilidades de un frente antiindependentista”, señalan las fuentes. O sea, o entra ERC en la ecuación o nada. Y Maragall ya dijo que si está el PSC, no hay nada que hacer. Colau, pues, es prisionera de su propio partido y, de rebote, del candidato de Esquerra.

Lo que podría parecer un contrasentido (porque, al fin y al cabo, las pretensiones de los soberanistas comunes limitan la libertad de movimientos de su jefa de filas) parece justificado por los principios de este sector. Los intereses independentistas de BeC son hermanos de los de la CUP y apenas se diferencian de ellos. De ahí que, en ocasiones, los posicionamientos de dirigentes como Jaume Asens o Gerardo Pisarello coincidan al milímetro con los de las organizaciones más radicales del soberanismo.

Ante las amenazas de sus propios compañeros, Ada Colau se encuentra en una encrucijada interesante: de hecho, en varias ocasiones reiteró que no gobernará nunca con los votos de la derecha, ya sea de JxCat o de Ciudadanos. Por eso, los votos de Manuel Valls, cabeza de lista de C’s, no son bien recibidos en BeC. Y su obstinación la deja fuera de la alcaldía, puesto que no le bastaría con los votos del PSC. Pero si también le vetan los votos del PSC, la cosa cambia: es un pulso para doblegarla a acatar una estrategia determinada.

OPCIONES DINAMITADAS

La tensión dinamita también otras opciones que se habían puesto encima de la mesa. En realidad, algunos rumores en los círculos políticos apuntaban a que la hasta ahora alcaldesa podría ser moneda de cambio del líder de Podemos, Pablo Iglesias, para entrar en el Gobierno de Pedro Sánchez: Colau podría aspirar a ser comisionada de la agenda 2030 o ministra en un eventual Gobierno central y, a cambio, cedería la alcaldía al socialista.

Este rocambolesca carambola, no obstante, no deja de ser un brindis al sol. Para empezar, Iglesias no controla tanto a BeC (de hecho, ni siquiera controla a Podem Catalunya) como para imponer a sus socios de coalición, los comunes, una operación de tanto calado. Por otro lado, si ya era difícil convencer a Colau para hacer el favor a Pablo Iglesias, ahora es totalmente imposible, porque una parte del grupo municipal de los comunes no sólo votaría en contra del socialista, sino que quebraría el bloque y el oficialismo de BeC podría pasar a la mitad de concejales o menos. O sea, podría pasar a ser la cuarta o quinta fuerza política municipal. Una catástrofe política que terminaría con el sueño morado en la capital catalana. Colau, pues, no lo tiene nada fácil.