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El candidato de ERC, Ernest Maragall, ha propuesto un “acuerdo estratégico postelectoral” a las restantes fuerzas independentistas para garantizar el control del Ayuntamiento de Barcelona tras las elecciones municipales del próximo 26 de mayo. Así lo confirmaron a Metrópoli Abierta fuentes de la formación republicana. “No es el momento de presentar una candidatura única, como pretende Carles Puigdemont, sino que lo más importante es alcanzar un acuerdo que permita la unidad estratégica en el tema nacional”, afirman las fuentes.

Ese acuerdo estratégico está dirigido especialmente a Junts per Catalunya (JxCat) pero en él podría tener cabida incluso la CUP y englobaría a las formaciones que defienden el derecho de autodeterminación. Con la propuesta, el republicano pretende acallar las voces críticas que llegan desde el entorno de Puigdemont y adelantarse a sus rivales para marcar el terreno de juego en las relaciones políticas entre las formaciones soberanistas.

Para Esquerra, “lo que se ha de plasmar es que se vea clara en Barcelona una voz que defienda la vertiente nacional y que sea altavoz de ese 80% de la población que está a favor del derecho a decidir y de un referéndum y en contra del juicio político que se celebra estos días en Madrid”.

La propuesta de Maragall tiene dos puntos: el primero es la apuesta decidida por el independentismo. “Es la capa más importante”, subrayan desde el entorno de Ernest Maragall. El segundo punto es la unidad de acción “de todas las fuerzas políticas partidarias del derecho a decidir, que marquen al mismo tiempo una línea roja: no pactar nunca con Ciudadanos ni con Manuel Valls ni, por extensión, con Vox. Pero tampoco con el PSC, porque es una formación que ha integrado el frente del 155 y que ha demostrado que no quiere dialogar y que es favorable al juicio político”.

PROMESA: NO PACTAR CON EL PSC

Según los republicanos, Maragall ha prometido no pactar con el PSC tras las elecciones, aunque afirman que “no tenemos ningún acuerdo cerrado con ninguna formación pero somos conscientes de que pueden pasar muchas cosas de aquí a las elecciones”. Una de las fuentes consultadas matiza que “oímos cómo nos dicen que tenemos un pacto cerrado con los comunes. Pero Ernest es muy claro en esta cuestión: no es bueno hablar de pactos sin conocer el resultado de las urnas”.

ERC parte como una de las favoritas en las encuestas y eso puede ser un hándicap. “Hemos de tomarnos las encuestas con precaución. Una encuesta es un sondeo de intención de voto, peor lo importante es lo que salga de las urnas. Lo verdaderamente a tener en cuenta es que todas sitúan un triplete en lo alto de la pirámide y eso nos estimula, porque al no ver todo cerrado, trabajamos con una mayor exigencia”.

ACAPARAR EL VOTO ÚTIL INDEPENDENTISTA

Esas tres fuerzas en la cúspide son la propia ERC, Barcelona en Comú (BeC) y Manuel Valls, en la lista apoyada por Ciudadanos. Pero esta circunstancia le da también los argumentos perfectos a Esquerra para reclamar el voto útil independentista. Se trata de acaparar el voto soberanista para robarle la primera posición a Ada Colau y, paralelamente, reclamar ese voto para impedir que “la derecha españolista” representada por Valls pueda acceder a la alcaldía. Al mismo tiempo, esa estrategia le impele a restar votos a Junts per Catalunya (JxCat) o a la lista heredera de la antigua CiU. En resumen, se trata de una doble jugada en la que Maragall sale beneficiado por todos los lados.

Esquerra juega sus bazas con calculada estrategia. “Nuestra ventaja es que es el único partido que puede ampliar la visión: nuestro mundo natural es el independentista, pero también es la izquierda. Siempre que se respete el factor de la República, de la defensa de la democracia, podemos llegar a consensos”, afirman desde las filas de la formación. ¿Será esto suficiente para lograr un acercamiento al PSC? La respuesta, de momento, es negativa.

Por si fuera poco, subrayan otra de las particularidades de su partido: “ERC puede tener el mismo discurso en Barcelona que en Madrid, cosa que los demás no pueden decir. Valls, por ejemplo, tendrá un problema y dirá una cosa en Barcelona mientras en Madrid Ciudadanos sostenga la contraria. Y lo mismo pasa con el PSOE: su mensaje en Madrid no siempre coincide con el del PSC en Barcelona. Incluso el discurso de los comunes es diferente dependiendo si se pronuncia en Madrid o en Barcelona”. Maragall, pues, tiene muy claro el camino a seguir.