La empresa Desokupa ha declarado la guerra a la CUP por una intervención de la diputada Maria Sirvent en el Parlament durante el pleno de este jueves. La diputada recordó al consejero del Interior, Miquel Buch, que en Cataluña se producen 60 desahucios diarios, lo que es un “ránking de la vergüenza”. Pero también arremetía contra un desahucio ocurrido en Poble Sec en el que trabajadores de Desokupa y Mossos d’Esquadra desalojaban a una familia.

“Los agentes entraron en el domicilio de forma ilegal, sin orden judicial, facilitándoles la entrada. Se pusieron al servicio de los matones. Hubo una absoluta complicidad entre la mafia y la policía, que humilló, agredió y dejaba en la calle a los vecinos desahuciados. Es una colaboración criminal”, espetó la diputada al consejero.

Sirvent afirmó en la cámara que Desokupa es una empresa que alberga matones y está formada por “una mafia formada por neonazis, paramilitares y profesionales de la violencia que se han puesto al servicio de los especuladores con el objetivo de expulsar ilegalmente a los que no pueden hacer frente a unos alquileres que son abusivos”.

VÍDEO

La respuesta no se hizo esperar. Según la CUP, al partido llegó un vídeo del responsable de Desokupa, Daniel Esteve, “amenazando a la diputada Maria Sirvent por su intervención denunciando la complicidad de los Mossos y de la empresa en la ejecución de desahucios”.

En el vídeo aludido, afirma la formación anticapitalista, el directivo acusó al Sindicat de Barri de “atajo de delincuentes” y, en referencia a la diputada de la CUP, manifiesta que “se la va a comer doblada”. La CUP respalda totalmente a su representante y asegura que “no queremos desahucios ni queremos colaboración de los Mossos y Miquel Buch con empresas que actúan como sicarios”.

DE RENTA ANTIGUA A PISOS DE LUJO

Desde la plataforma Sindicat de Barri se felicitaron por el hecho de que Sirvent “llevase un mensaje de nuestra parte al conseller Buch sobre la colaboración entre la mafia de Mossos y Desokupa para desahuciar extrajudicialmente”.

Los hechos tuvieron lugar a mediados de enero. Según el Sindicat de Barri, algunos vecinos les avisaron de la presencia “de matones de Desokupa en el edificio entre las calles Piquer y Fontrodona”. Allí había una decena de empleados de Desokupa, a los que los miembros del colectivo vecinal califican de “matones encapuchados” que estaban intentando “echar sin orden judicial, con actitud violenta y amenazadora, a diversas personas que estaban viviendo en algunos pisos del edificio. A ellos se unieron los agentes y, entre todos, desalojaron a los ocupantes.

En edificio, propiedad de la inmobiliaria Vivendex, ponía a la venta 453 viviendas, 26 garajes, 43 locales, seis naves, cinco negocios, 8 oficinas, 29 terrenos y tres trasteros, además de 34 pisos o locales en alquiler. Según los vecinos, esos pisos eran antes de renta antigua, a precios relativamente asequibles y que ahora de venden a unos 400.000 euros los 70 metros cuadrados.

GUERRA EN LA RED

En las redes, los radicales han colgado informaciones que vinculan a Desokupa con “paramilitares y extrema derecha”, señalando a algunos de sus trabajadores. Uno de los objetivos es, precisamente, el mencionado Daniel Esteve, sobre el que se airean informaciones de prensa.

Se ha difundido, por ejemplo, un artículo de El País del año 2016 en el que se afirma que el directivo de Desokupa “era propietario de Morosos BCN, una empresa que presuntamente utilizaba métodos delictivos en el cobro de deudas en la capital catalana y que en 2008 fue arrestado por delitos de detención ilegal y extorsiones”.

En otro artículo de El Periódico del año 2008 se da cuenta de la detención de “una violenta red de porteros de disco que extorsionaban a morosos”. Aunque el nombre de Esteve no sale, sí se menciona que pertenecían a Morosos BCN y relata algunas de las violentas extorsiones que realizaban a sus víctimas, a algunas de las cuales amenazaban con violar.

De otro de los trabajadores, explican que fue condenado “por intento de homicidio en una causa abierta a raíz de la paliza a tres jóvenes redskins y el apuñalamiento de uno de ellos en el metro de Camp de l’Arpa en octubre de 2006”. Aseguran que ese trabajador tiene como apodo “perro de pelea” y que lleva una esvástica tatuada a modo de brazalete y el nombre de Rudolph Hess (uno de los carniceros nazis) en el vientre.