El candidato a alcalde de Barcelona por el PSC, Jaume Collboni, ya comienza a plantearse objetivos y busca el cuerpo a cuerpo con el favorito en las encuestas, Ernest Maragall, hasta hace unos años compañero de filas pero ahora pasado con armas y bagaje al ejército de ERC. Los resultados de las elecciones generales, que han supuesto un importante crecimiento del PSC, así como las encuestas que le sitúan prácticamente empatado con la actual alcaldesa, Ada Colau, y a poca distancia de Maragall, han dado oxígeno al alcaldable socialista.

Pero también le han supuesto el replanteamiento, en parte, de su estrategia. Ada Colau ya no es el la pieza mayor a abatir, puesto que se da por supuesto que una parte del electorado que se había fugado con los comunes vuelve a casa. O sea, que el PSC recupera el voto prestado a los morados durante los últimos años. Sabedor de ese efecto, Collboni juega como candidato  con posibilidades. Y la mejor manera de demostrarlo es confrontar su programa con el del otro posible ganador.

“Estas elecciones irán de más procés o más Barcelona”. Ésa es la clave para entender lo que pasará en la política municipal durante las próximas semanas. El dilema fue presentado por el propio Collboni en un reciente almuerzo. Pero entraña una trampa mortal para Colau: el procés a que se refiere no es sólo el que arrastra Ernest Maragall, sino también el que ha secundado la propia Colau. “Votar Colau es votar independentismo. Que nadie lo dude”, explica a Metrópoli Abierta un alto cargo del PSC.

DOS MODELOS ENFRENTADOS

La potenciación de Ernest Maragall como el enemigo a batir es una jugada estratégica muy importante. Collboni, según fuentes socialistas, es un dirigente sólido, con experiencia y con proyectos potentes para la ciudad. Además, tiene un equipo ya bregado en la Administración y, especialmente, en temas municipales. Oponiendo el modelo Maragall al modelo Collboni, el socialista está ahogando e invisibilizando a la propia Ada Colau, que ha de defenderse tanto de los que la acusan de independentistas como de los que la acusan de lo contrario.

En esa coyuntura, es relativamente fácil equiparar las propuestas de Colau a las de Ernest Maragall. La poca acción de gobierno y los continuos fallos de gestión del equipo municipal de la alcaldesa de los comunes juegan en su contra, ya que las grandes gestas protagonizadas por Colau han sido simples fotografías: desde la retirada del busto del Rey hasta la colocación de lazos amarillos en la fachada pasando por el cambio de nombres de calles que tuvieran que ver con la Monarquía. Pero poco de lo que interesa al ciudadano: sin avances en vivienda, sin avances en limpieza, e incluso con retrocesos en turismo, en inversión o en seguridad. Mucha foto y pocas promesas cumplidas.

De ahí que el socialista varíe el punto de mira y lo dirija hacia el soberanista que puede ganarle el sillón. En su discurso en Tribuna Barcelona, Collboni aseguró que “estamos dispuestos a liderar su renovación [la de Barcelona], su puesta al día, para devolver a la ciudad toda la ambición que ha perdido estos años de inercia y ensimismamiento”.

SITUAR BARCELONA EN ESPAÑA

Así pues, con el ojo puesto ahora en Maragall como el gran rival a batir, el alcaldable del PSC tiene las manos libres para presentar sus propuestas sin pensar en Colau. Y al englobar en un mismo enemigo a Colau con Maragall puede disparar hacia el mismo sitio para matar dos pájaros de un tiro. De ahí que a la Barcelona tensa del independentismo y de los lazos oponga “la necesidad de destensar el conflicto político y ejercer de motor de un proyecto colectivo que nos agrupo a todos. Barcelona puede ser el antídoto al conflicto”.

Ya lo dijo en Tribuna: “Hemos vuelto para abrir la ciudad a todos los horizontes para evitar que Barcelona quede atrapada en el artefacto estéril del independentismo aislado de los que han venido a vivir del conflicto”. Y, además, quiere situar a la capital catalana “en una España que necesita asumir y aprovechar el empuje de las grandes ciudades para renovarse a fondo”.

Collboni quiere aprovechar el efecto Pedro Sánchez para navegar con el viento a favor. “En los 100 primeros días de mandato, iré a la Moncloa a acordar con Pedro Sánchez una Agenda Barcelona del Gobierno de España”. Esa agenda tiene tres grandes retos: invertir en infraestructuras (como Cercanías o L-9), conseguir la “bicapitalidad cultural” (invertir en equipamientos culturales y acoger el circuito internacional de exposiciones en Montjuïc) y la celebración de la Exposición Universal 2030, para aprovechar la agenda internacional de ese año. Bien lejos de los planteamientos de sus dos principales rivales.

Hay un dato clave: el miedo a Colau ha quedado arrinconado en una esquina. “Es que ya no le preocupa intentar recuperar votos del espectro de los comunes. La gente se ha dado cuenta de que la seriedad, la transparencia y el buen hacer estaban en el PSC. Esos votos volverán por sí solos, decepcionados. Y ahora Collboni tendrá un equipo con alguna gente experimentada que no meterá la pata a las primeras de cambio pero también con gente joven, con ideas nuevas y visión de futuro. Es el socialismo del siglo XXI el que llega ahora de su mano”, señala el alto cargo del PSC.