El cabeza de lista del PSC en la alcaldía de Barcelona, Jaume Collboni, insistió este fin de semana en su preferencia por un pacto de izquierdas en la capital catalana. Lo dijo en Sitges, donde acudió a la clausura de la XXXV reunión del Círculo de Economía. “Existe una amplia propuesta de izquierdas en Barcelona. En estos momentos, sólo 15 de los 41 concejales son independentistas. Pero el 60% ha votado no independentista. ¿Por qué va a haber un alcalde independentista si la mayoría de los ciudadanos no han votado esta opción?”, dijo el líder sociailsta.

Objetivamente, la reflexión de Collboni es de cajón. Pero hay otra lectura: el frente de izquierdas, formado por ERC, BeC y PSC suma 28 concejales, una mayoría aplastante respecto al resto de fuerzas. Una fuente del PSC señala a Metrópoli Abierta que “se podría realizar la reflexión de que la gente ha votado de nuevo un Tripartito. No es ninguna tontería, teniendo en cuenta la correlación de fuerzas y de que, además, los tres partidos han sido los más votados”.

Pero la postura del republicano Ernest Maragall es muy clara: ha vetado al PSC, justificándolo con el hecho de que este partido apoyó la aplicación del artículo 155 y de que no condenó esa aplicación. Desde el socialismo, en cambio, existe el convencimiento de que sería bueno un gobierno de coalición que eliminase las pulsiones independentistas o, como mínimo, que las mitigase, para evitar que el consistorio barcelonés sea un nuevo instrumento en manos del radicalismo soberanista.

EL AYUNTAMIENTO COMO ARMA

De la misma manera que durante la mitad de la legislatura anterior el PSC entró en el gobierno municipal para poner orden en algunos sectores, en la nueva legislatura se podría gobernar evitando instrumentalizar el consistorio. “La peor opción es convertir el Ayuntamiento en una Generalitat bis. No sólo por la parálisis que ello supondría, sino por las tensiones que generaría. El Ayuntamiento es la Administración más cercana al ciudadano y ha de servir para solucionar sus problemas, no para ser utilizada como herramienta ideológica y munición de la alta política”, critican las fuentes.

Pero la realidad es que la intransigencia del líder republicano deja a los socialistas con un menor margen de maniobra. Es cierto que el pragmatismo del PSC le permitiría capear los problemas y conformar un gobierno plural, pero eso no depende sólo del PSC, sino de la predisposición de sus rivales. Por tanto, la estrategia del PSC pasa por proponer a Ada Colau un gobierno de coalición entre ambos, no perdiendo de vista que tendrán una inestimable ayuda gratis con los votos de Manuel Valls sólo para la investidura. No obstante, la legislatura será sólo cosa de dos: BeC y PSC.

El PSC no tiene más remedio que ponerse como primera tarea el cortar el paso al independentismo. El posicionamiento radical de Ernest Maragall de dejar fuera a los socialistas de cualquier pacto ha sido una auténtica declaración de guerra. Y esa postura empuja a Ada Colau a negociar bilateralmente con ERC o a intentar un gobierno de coalición, al margen de las presiones internas que pueda tener la hasta ahora alcaldesa.

La posibilidad de que la candidata de BeC repita mandato es cada día más difícil. Entre otras cosas, porque no acepta un pacto con el candidato de Ciudadanos, Manuel Valls. “Es que no se trata de un pacto. Valls le regala sus votos en la investidura. Nada más. Colau sólo tiene que sentarse con el PSC a la hora de negociar la legislatura. Nunca negociará nada con Valls ni con Ciudadanos. Los votos de la investidura son a cambio de nada”, subraya otra fuente consultada por Metrópoli Abierta.

EL ABRAZO DEL OSO

Esta posibilidad choca, no obstante, con los intereses del sector soberanista de los comunes, que siempre ha jugado la baza del radicalismo y ha apostado abiertamente por el independentismo antes que por la izquierda.

No hay duda de que la pelota está en el tejado de Ada Colau. “Es una decisión suya. Si pacta sólo con Ernest Maragall puede morir por el abrazo del oso. Tarde o temprano, ERC le hará una opa. Por tanto, lo tiene mal. Pero si Colau no es alcaldesa, también puede tenerlo crudo en el futuro, porque no tendrá peso político y sucumbirá tarde o temprano. Por tanto, también lo tiene mal”, escenifica una de las fuentes consultadas.

La lectura subliminal de este análisis es sencilla: la líder de los comunes ha de intentar un pacto para no perder el sillón de primera edil. Y ese pacto sólo pasa por el PSC con algún otro apoyo, ya que Maragall no cederá nunca su primera posición. La reiterada promesa de Colau de no pactar con la derecha para mantener su estatus podría ser un escollo para conseguirlo. Pero si lo estudia pragmáticamente, la aceptación de los votos de Valls para la investidura no suponen un pacto con Ciudadanos. La cabeza de lista de BeC podría seguir manteniendo su integridad política de un pacto de izquierdas y su promesa de no negociar con la derecha.