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Cuando la alcaldesa Ada Colau llegó al Ayuntamiento de Barcelona, su principal preocupación era crear un equipo de confianza que pudiera controlar el grandioso aparato de la Administración local. Al equipo político que había creado a su alrededor, sumó una miríada de caras nuevas para renovar la institución. Y como jefe de gabinete del primer teniente de alcalde, Gerardo Pisarello, llegó un joven ingeniero que tenía fama de serio y trabajador. Se llamaba Eloi Badia. Tenía entonces 32 años y era ingeniero industrial por la UPC. Hoy es uno de los pesos pesados del consistorio: compagina las concejalías de Gràcia, Presidencia, y Agua y Energía, pero a partir de ahora también presidirá BSM, la empresa que gestiona los servicios municipales del consistorio. De conflicto en conflicto, Badia se ha hecho un hueco en el organigrama municipal a costa de ponerle ideología a todo lo que hace.

El joven concejal había hecho, en junio del 2012, su proyecto de fin de carrera titulado “Mejora en la mejora del recurso hídrico y sistematización d las Termas del Daymán”, evaluado por el profesor Enrique Velo García. “Es un tipo discreto pero obsesionado con el tema del agua”, explica a Metrópoli Abierta una persona del Ayuntamiento.

Y es cierto. Su corta carrera había estado muy ligada a la asociación Som Aigua. Pero en la web de Barcelona en Comú se recoge que participó en proyectos de cooperación en Ecuador, Argentina, India y Paraguay. Y, desde 2007, trabaja en ISF en proyectos sobre el acceso universal al agua y la energía, entre otros”. También subraya que ha sido miembro de la junta directiva de la Asociación Española de Operadores Públicos de Abastecimiento y Saneamiento del Agua, del comité asesor del Fondo de Agua y Saneamiento del Gobierno español, del comité asesor de la Global Water Operators Partnership Alliance de UN Habitat y que trabajó también para el Consorcio para la Gestión Integral de Aguas de Cataluña. Al mismo tiempo, colaboró con entidades como la plataforma Agua es Vida, la Red para la Soberanía Energética y la Alianza contra la Pobreza Energética.

TRAYECTORIA RECOMPENSADA

Su trayectoria y dedicación se vio recompensada cuando el concejal Raimundo Viejo dimitió en noviembre del 2015 para ir en las listas de los comunes a las elecciones generales: así, Badia pasó de jefe de gabinete a tener su propio gabinete. A partir de entonces, fue concejal del distrito de Gràcia y concejal de Presidencia y de Agua y Energía. De él dependen también las relaciones con el Área Metropolitana de Barcelona, las áreas de cementerios, el Programa de Actuación Municipal (PAM) y ahora, tras la marcha de los socialistas del gobierno municipal, será el presidente de la emblemática BSM, la empresa de la que dependen los servicios municipales.

“Su obsesión es el tema del agua. Tanto que fue él quien promocionó la guerra contra la AMB para crear una sociedad mixta de gestión del agua”, explican sus compañeros de consistorio. “La experiencia demuestra que una buena gestión pública presenta numerosas ventajas. El mismo Tribunal de Cuentas ha concluido que la gestión privada del agua es un 22% más cara que la pública, a la vez que un servicio privatizado efectúa menos inversión y tiene más pérdidas en la red. Ciudades de todas partes han decidido recuperar el servicio de aguas (…) Desde BeC estamos convencidos de que Barcelona tiene que seguir esta tendencia”, escribía en octubre del año pasado.

Es una cuestión de ideología, el ingrediente que este concejal le echa a todas sus actuaciones. Badia entró con pie firme en la gestión municipal. O, al menos, firme en lo que le convenía. Su área intentó repartir el pastel del suministro eléctrico imponiendo determinadas cláusulas en los concursos de adjudicación para perjudicar a Endesa y Gas Natural. En otras palabras, para perjudicar a las multinacionales. Cuestión de ideología. Los tribunales anularon el concurso y, al final, el consistorio adjudicó los tres lotes en que dividió el mismo a razón de dos a Endesa y uno a Nexus. Pero aunque Endesa ganó la batalla en los tribunales, la guerra continuó: este verano, el Ayuntamiento le reclamaba 3 millones de euros de tasas impagadas entre 2011 y 2015. La compañía reconoce sólo  una parte de esa deuda de 860.000 euros, aunque el pleito continúa.

Grieta en el Cementerio de Montjuïc del pasado 15 de septiembre

Badia fue también uno de los impulsores de la creación de una funeraria pública para abaratar los costes de los entierros. Otra cuestión de ideología. Se trataría de remunicipalizar alguno de los cuatro tanatorios que gestiona la compañía Serveis Funeraris de Barcelona (SFB). Su propuesta habría de servir para rebajar los precios entre el 30 y el 60%. La falta de consenso político frenó el tema hace unos meses.

En el área de gestión de los cementerios, Badia vuelve a tener un agujero difícil de justificar. Cuando en septiembre pasado se derrumbaron 140 nichos en el cementerio de Montjuïc, aparecieron excusas casi peregrinas para sacarse el muerto de encima. Badia dio explicaciones tarde y mal: reconoció que se detectó una grieta en el bloque el 13 de septiembre y el 15 se derramaban los nichos. A partir de ahí, todo fue un sinsentido, con órdenes contradictorias e intentos chapuceros para arreglar el desaguisado, con la presentación de informes de arquitectos incluidas para justificar la pasividad del Ayuntamiento. El concejal puede ser de izquierdas, progresista y partidario de la nueva política, pero en cuestión de responsabilidades, lidia como un veterano político de derechas.

EL CONCEJAL DESAPARECIDO

Eso se vio en otro asunto en el que vivió una ingrata experiencia como concejal de distrito: los incidentes de los okupas del Banco Expropiado, en la primavera de 2016. Decenas de miles de euros costaron los destrozos de los violentos, que se negaban a abandonar un local del que el consistorio pagaba el alquiler, la luz, el agua y los servicios. Al concejal del distrito, durante la crisis que tuvo en vilo a la ciudad de Barcelona (y a toda Cataluña, por extensión), ni se le vio. Fue el Gobierno catalán el que tuvo que apechugar con el control de las violentas manifestaciones, quien tuvo que negociar la salida de los okupas y la paz social y quien dio la cara ante la opinión pública. De Badia, ni rastro. ¿Cuestión de ideología?.

Aún así, desde la oposición municipal se reconoce que “Badia es de los concejales que trabaja mucho y que resuelve temas, aunque también es verdad que es un sectario. En los temas de agua y funerario, siempre ha llevado la voz cantante y se ha salido con la suya”. Otra fuente señala que “es un común de libro y muy práctico. No es Pisarello, por poner un ejemplo, que encalla las historias. Badia carga ideología en todo lo que hace y es muy efectivo”.

NEPOTISMO EN LA PLAZA SANT JAUME    

Ello no es óbice como para que haya sido señalado como uno de los componentes de La Secta, es decir, el núcleo dirigente de BeC que, nada más llegar al Ayuntamiento, se preocupó de enchufar a sus más directos familiares en puestos de responsabilidad para cobrar del erario público. Badia lo hizo con su compañera, Tatiana Guerrero, una licenciada en Psicología contratada como técnica de la alcaldía con un salario de 50.000 euros anuales. Según los informes que existen de ella, el currículum laboral se limita a “exponer su titulación universitaria y su participación en proyectos de cooperación en Sudamérica en varias ONG”.

El concejal tiene fama de “hablar con todos”, aunque le echan en cara que “le cuesta mucho negociar. Lo malo que tiene es que si no le das la razón, enseguida te acusa de ser derechas”. Por raro que parezca, esta afirmación proviene de una fuente netamente de izquierdas, lo cual da una ida del carácter maniqueísta que imprime a su gestión.

Otra fuente de la oposición subraya que “es del núcleo duro de Ada Colau, juntamente con Jaume Asens y Gala Pin. Los cuatro firmaron en las elecciones autonómicas del 2015 un manifiesto de apoyo a la candidatura electoral de la CUP”. Pero, a pesar de ese reproche, consideran que es “educado en las formas pero duro e implacable en el fondo”. En efecto: todo ello es cuestión de ideología.