El nuevo curso político comenzará movido en el Ayuntamiento de Barcelona, con muchas asignaturas pendientes para el gobierno de Ada Colau y Jaume Collboni. La movilidad y la seguridad centran el malestar de los barceloneses con la alcaldesa, que deberá liderar una recuperación económica que se prevé muy complicada. El rechazo al Hermitage, por ejemplo, simboliza la escasa visión panorámica de los comunes, que anteponen los intereses dogmáticos a necesidades de una Barcelona muy castigada por la crisis del coronavirus.

Las tensiones entre los dos socios de gobierno (Barcelona en Comú y PSC) pueden subir de tono en los próximos meses. Las discrepancias en algunos temas fueron evidentes en los últimos meses. Comunes y socialistas discrepan sobre la construcción del Hermitage, pero también sobre los grandes asuntos de la movilidad de Barcelona. Y sonadas son sus tensiones sobre el futuro del aeropuerto. Tampoco comparten las soluciones para aliviar los problemas de inseguridad que padece la capital catalana.

LOS GRANDES RETOS

“Barcelona tiene grandes retos. El más importante, encontrar la fórmula para salir de la crisis. Ahora es el momento de pensar qué Barcelona del futuro queremos, pero con este gobierno es imposible liderar una buena recuperación económica. Colau divide a los barceloneses”, denuncia Jordi Martí, concejal de Junts per Catalunya.

Luz Guilarte, líder de Ciutadans en el Ayuntamiento de Barcelona, se suma a la visión pesimista de Martí y denuncia que Colau “no tiene un plan”. “Es incapaz de solucionar los grandes problemas de seguridad, movilidad y limpieza. Se limita a subir impuestos en un momento en que muchos sectores económicos están muy tocados”, añade Guilarte. Eva Parera, concejal de Barcelona pel Canvi, comparte dichos postulados: "El gobierno de Colau tiene muchos retos y problemas, pero será incapaz de resolverlos. A medida que se acerquen las elecciones de 2023 saldrán nuevos problemas por su mala gestión y la falta de diálogo con los sectores afectados".

MOVILIDAD

Óscar Ramírez, concejal del PP, remarca que el gobierno de Colau y Collboni debería priorizar “la recuperación económica y social”. “Barcelona, hoy, es una ciudad triste, sin un proyecto de futuro”, agrega el político conservador.

El proyecto del Hermitage para el Port de Barcelona / MUSEO HERMITAGE
Imagen virtual del museo que el Hermitage quiere construir en Barcelona / ARCHIVO

Uno de los temas que más preocupa a Ramírez es la movilidad:  “La vuelta al cole será un desastre y pondrá en evidencia las erráticas políticas de movilidad del Ayuntamiento de Barcelona”. “También quiero ver cuándo pondrán en funcionamiento la T-Mobilitat y cómo resolverán la unión del tranvía por la Diagonal y el túnel de Glòries”, agrega el concejal del PP, muy crítico con el urbanismo táctico de Colau, sobre todo con los bloques de hormigón que se instalaron en plena pandemia y con las nuevas superillas que proyecta en el Eixample.

URBANISMO TÁCTICO

Martí incide en sus críticas al urbanismo táctico de Colau. Recuerda que Janet Sanz, segunda teniente de alcaldía, se comprometió a retirar los New Jersey antes de mayo de 2022 y teme que las superillas que proyecta en el Eixample tengan un impacto muy negativo para la movilidad de Barcelona. “El nuevo urbanismo no se puede centrar en unas superillas que dificultarán la movilidad”, proclama el concejal de Junts per Catalunya.

Guilarte, por su parte, pide a Colau que escuche a los vecinos y comerciantes de Barcelona, “muy críticos” con su urbanismo táctico. “No quieren que tengamos coche ni vida. La movilidad es básica para el progreso de una ciudad y este punto será un foco de tensión permanente entre comunes y socialistas”, augura la concejal de Ciutadans. Sonadas son, por ejemplo, las discrepancias entre Sanz y Rosa Alarcón, presidenta de TMB y concejal de movilidad.

LA INSEGURIDAD

Parera califica de “vergüenza” la movilidad de Colau y lamenta las restricciones impuestas a los coches y las motos en los últimos años. "El estado de alarma fue la excusa para ejecutar unas obras que no tienen sentido y dificultan la circulación de los vehículos y los pasajeros, sin obviar la falta de estética en muchas actuaciones. Estas intervenciones eran temporales y las deberíamos revertir ya. Un claro ejemplo son los bancos situados en medio de la calzada", denuncia Parera.

Bloques de hormigón situados en la calle Consell de Cent del Eixample de Barcelona / JxCAT
Bloques de hormigón en la calle Consell de Cent / JxCAT

La inseguridad preocupa tanto o más que la movilidad. Ramírez no prevé grandes cambios y teme que el incivismo aumente “con los botellones en plazas y calles de Barcelona”. “La gente exige más seguridad y convivencia. No es un problema puntual como dice Albert Batlle, sino generalizado y se ha agravado al levantarse el toque de queda”, esgrime Martí. “Lamentablemente, Barcelona es una ciudad insegura, demasiado permisiva”, apunta Guilarte. “Sin seguridad no hay convivencia”, sentencia Parera, muy activa en sus críticas a la complicidad de Colau con el movimiento okupa.

LA RECUPERACIÓN ECONÓMICA

La recuperación económica de Barcelona también está en juego. Los principales agentes de la ciudad confían en Collboni para paliar los graves problemas que padecen todos los sectores vinculados con el turismo. De Colau ni saben ni esperan nada, pero les preocupa su rechazo frontal a la ampliación del aeropuerto y a la construcción del Hermitage, un asunto que se eterniza por las trabas de los comunes. La oposición, asimismo, pide una modificación de las ordenanzas fiscales.

“Los sectores más castigados por el coronavirus necesitan incentivos, no una subida importante de los impuestos y las tasas”, expone Ramírez. La ampliación del aeropuerto y la construcción del Hermitage son básicas para la recuperación económica de Barcelona”, añade el concejal del PP. “El Hermitage es un buen proyecto de ciudad. Barcelona debe potenciar todas las iniciativas que generen ocupación”, desliza Martí. “No hay voluntad de solucionar este problema, que no se arreglará en este mandato”, predice Guilarte.

“Si Barcelona ha de ser una capital económica, turística y cultural debe tener un aeropuerto para poder competir con las grandes ciudades del mundo. Posicioarse en contra de las nuevas inversiones y de la atracción de capital y talento es un grave error", expresa Parera.

EL FUTURO DEL AEROPUERTO

El futuro del Aeropuerto de Barcelona-El Prat también debe decidirse en los próximos meses. De momento, la propuesta de Aena suscita mucha controversia, pero solo los comunes se oponen a su ampliación. En el PSC están a favor de potenciar esta infraestructura, clave para la recuperación del turismo y de otros sectores de la ciudad.

El Aeropuerto de Barcelona-El Prat / ARCHIVO
El aeropuerto de Barcelona-El Prat / ARCHIVO

Barcelona necesita un aeropuerto de primera categoría para ser una gran capital económica, turística y cultural”, argumenta Parera. “Barcelona no puede ir contra el progreso. La ampliación del aeropuerto es fundamental y se tiene que hacer siguiendo criterios de sostenibilidad”, dice Ramírez. “La propuesta de Aena no es de recibo porque está mal planteada, pero tampoco son buenas las propuestas de los negacionistas. La gestión del aeropuerto es clave para Barcelona y Cataluña”, comenta Martí.

EL MAYOR FOCO DE TENSIÓN

Las discrepancias sobre el futuro del aeropuerto, según Gabriel Colomé, pueden precipitar una ruptura entre Barcelona en Comú y el PSC que, en principio, "no debería producirse hasta el último año de mandato". "Las discrepancias por el Hermitage escenifican las diferencias sobre el modelo de ciudad de ambos partidos, pero el tema más caliente es el del aeropuerto. Los comunes rechazan un aeropuerto grande porque no quieren más gente en Barcelona. El problema no son las comunicaciones con Madrid o Valencia, que pueden hacerse en tren, sino con las grandes capitales de todo el mundo", recalca el profesor de Ciencia Política de la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB).

Colomé, no obstante, añade: "Los comunes han aprendido la lección y saben que no pueden romper ahora el pacto de gobierno porque tendría efectos muy negativos para ellos. Las diferencias con el PSC son evidentes porque ellos quieren una ciudad de barrios. Harían que toda Barcelona fuera una superilla porque solo piensan en una ciudad para jóvenes. Sus políticas de movilidad contra los coches no tienen sentido porque en cinco o nueve años los vehículos serán híbridos o eléctricos".

FALTA DE SINTONÍA

El curso 2021-22 será intenso. En los grandes temas no hay una buena sintonía entre comunes y socialistas. La formación morada espera que sus socios pongan muchas trabas a sus políticas y desde el PSC aseguran que intentarán mantener el pacto de gobierno hasta el final, “por el bien de Barcelona”.

Bolsas de basura y cubos de materia orgánicos, amontonados en la portería de una finca / AV Sant Andreu Sud
Bolsas de basura en las calles de Sant Andreu / ARCHIVO

Una fuente próxima a Collboni, sin embargo, lamenta “la falta de diálogo” de los comunes para abordar los grandes temas de Barcelona. Más allá de las discrepancias en los temas ya citados, lamentan la gestión de sus socios en la recogida de basuras, puerta a puerta, de Sant Andreu. Algunas asociaciones de vecinos de este distrito denuncian que no se les informó de los nuevos planes del Ayuntamiento y critican las medidas sancionadoras que prepara el consistorio.

LA RUPTURA DE 2017

En 2017, durante el primer mandato de Colau, socialistas y comunes rompieron su pacto de gobierno por sus discrepancias con la aplicación del artículo 155 de la Constitución en Cataluña. Dos años después, ambas formaciones se blindaron para evitar que el debate identitario fuera otro foco de tensión. Sin embargo, las tensiones en temas tan importantes como la movilidad y la seguridad suben de tono poco a poco. En 2023, además, el PSC confía en recuperar una alcaldía que perdió en 2011. Los comunes, por su parte, se agarran al carisma de Colau, empeñada en prolongar su ciclo en el Ayuntamiento de Barcelona.

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