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El 23 de septiembre de 2001, era detenida en Francia Dolores López Resino, una integrante de la banda terrorista ETA que había formado parte del sanguinario comando Barcelona. Extraditada a España, fue condenada a 102 años de cárcel por los delitos de sangre que había cometido. Nacida en Almería, residió durante años en Granollers y fue la coordinadora del comando. En 1991, participó en el brutal atentado contra el cuartel de la Guardia Civil de Vic (9 muertos, de ellos cinco niños), en el que participó bajo las órdenes de Joan Carles Monteagudo.

En 1992 se marchó al País Vasco, donde colaboró con el comando Mugarri, con el que colocó un coche bomba en Santander (murieron 3 jóvenes y 17 personas más resultaron heridas) y en 1993 reapareció en Barcelona con la colocación de un coche bomba en la calle Vila Vilà que fue desactivado a tiempo. Días más tarde, puso una bomba en el restaurante La Galera, del Puerto Olímpico. También se le atribuyó la colocación de otro coche bomba, en el otoño de 1993, en la estación de Sants, que explotó y no ocasionó daños personales. En febrero de 1994, atentó contra el coronel Leopoldo García Campo, tiroteado en plena calle, y realizó otro atentado contra el Gobierno Militar de Barcelona en el que hubo un transeúnte muerto y seis heridos inocentes más. En realidad, en los años 80 ya había puesto una bomba en el monumento a los Caídos, por lo que pasó 8 años en la cárcel

Esta sanguinaria trayectoria es motivo de orgullo para una legión de seguidores que la terrorista tiene en Barcelona. Tanto que su fotografía cuelga en un lugar destacado del bar Resolís, en el Ateneu Independentista La Barraqueta, de Gràcia, un bar que presume de que entre sus clientes más destacados figuraban Ovidi Montllor, El Pescaílla o Gato Pérez, pero que también en su conciencia guarda también el peso de haber sido sede de Falange o de Fuerza Nueva.

EL BAR DE LA CUP

Su reconversión en sede de grupos independentistas y antisistema le ha convertido ahora en referente ideológicamente ubicado en las antípodas. Y entre sus paredes realiza constantes actividades relacionadas con la CUP. De hecho, la comisión gestora de La Barraqueta está formada por la CUP de Gràcia, Endavant-OSAN, Arran de Gràcia y La Sirga.

De ahí que el culto a las etarras no sea demasiado extraño. La CUP ha tratado tradicionalmente a López Resino, la sanguinaria etarra, como una “presa política”, no como una terrorista. Y como tal es adorada por la parroquia ultraindependentista. Este lunes, su fotografía fue besada y colgada de nuevo por otra presa ilustre: Marina Bernadó, también considerada “presa política” tras haberse pasado casi 13 años en la cárcel, en Francia, acusada de colaborar cono el comando Barcelona. Esta activista había trabajado, hasta su huida, en una empresa pública de la Conselleria de Política Territorial y Obras Públicas de la Generalitat.

EL RECIBIMIENTO A BERNADÓ

Bernadó fue recibida con honores por un centenar de personas en el barrio de Gràcia este lunes, en una ceremonia organizada por el colectivo Rescat. Ante el Ayuntamiento de Terrassa, una veintena de miembros de la CUP y de Arran, las juventudes de esta organización, también le daban la bienvenida con una pancarta. Su historia no es tan sanguinaria como la de López Resino, pero no deja lugar a dudas sobre su ideología y su personalidad.

Marina Bernadó, alias Dortoka, fue detenida en Francia en 2006 junto a su pareja sentimental, Zigor Garro Pérez, alias Tonino, que entonces era el jefe del aparato logístico de ETA. Ambos llevaban encima sendas pistolas cuando fueron atrapados. La detención se produjo en la localidad de Quézac, en el sureste del país vecino. En su casa, los agentes encontraron material para fabricar explosivos, varios kilos de amonal, pentrita o clorato de sodio, tres ordenadores portátiles y diverso material. También fue recuperado un coche que habían robado días antes en Murat. En un vídeo que tenían en el domicilio, varios activistas con uniformes negros explicaban paso a paso cómo se fabricaba amonal, una bomba lapa o cómo se habían de realizar mezclas químicas, a la vez que enseñaba a fabricar un mortero. La propia Marina Bernadó había prestado su voz para traducir las explicaciones en los vídeos.

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El colectivo Rescat recaudó dinero a favor de la presa Marina Bernardó

La pareja había escapado de Barcelona (Marina trabajaba para una empresa proveedora de servicios ala Generalitat) tras descubrirse que ella había prestado la infraestructura al último comando Barcelona, desarticulado en el 2001: había dado cobijo al etarra Fernando García Jodrá y luego lo pasó a Francia en una motocicleta; más tarde, el etarra reorganizó el comando desde casa de Bernadó hasta que ésta alquiló otro piso con documentación falsa. Además, el propio García Jodrá reveló que Marina había realizado vigilancias sobre dos personas para atentar contar ellas. A este comando se le atribuyeron diversos robos de material, entre ellos el asalto a una armería, cerca de Nîmes, de donde se llevaron 350 pistolas. Marina fue acusada de 36 delitos, entre ellos fabricación de explosivos, tenencia ilícita de armas, estafa (ella y su novio robaron talonarios y compraron con ellos artículos por valor de 18.000 euros entre abril y octubre de 2006), utilización de matrículas falsas o pertenencia a banda armada. Se negó a contestar al tribunal y fue condenada a un total de 17 años de prisión.

CAMPAÑA PARA ARREGLARSE LA BOCA

A lo largo de los años, las diversas organizaciones independentistas no cesaron en realizar actos de apoyo a las presas y, especialmente, a Marina Bernadó, a la que Endavant, es decir, el núcleo duro de la CUP, consideró siempre “una prisionera política secuestrada por el Estado francés por pertenecer a ETA”. Así lo expresaba esta organización en un comunicado del 27 de abril del 2011.

En 2017, los colectivos independentistas realizaron una campaña de apoyo sacando bonos de ayuda de 5, 10, 20 y 50 euros para que la etarra pudiera hacerse “un tratamiento bucodental y odontológico urgente, que no cubre la Seguridad Social francesa a las presas políticas catalanas o vascas”. En aquel momento, Bernadó cumplía condena en la prisión de Rennes, en la Bretaña.

CAMBIO DE FOTO

“Pienso en todas las compañeras con las que he compartido prisión durante todos estos años (…) Quería daros las gracias a Rescat por todos estos años de solidaridad y de compromiso, por todas las campañas (…) Pienso especialmente en la Lola, nuestra compañera [aplausos nutridos de los presentes] y quería dar las gracias por todos los gestos que nos han llegado, todos los conciertos, las campañas solidarias y os animo a escribir a la Lola y a todas las presas y a seguir movilizándoos en la calle porque tenemos trabajo”, dijo la etarra ante un centenar de personas que acudieron a recibirla a la plaza del Raspall este lunes. Luego, simbólicamente, descolgó su fotografía de la pared del bar y colgó la de su amiga López Resino.

El nombre de las dos terroristas ya había sido asociado al independentismo: en el año 2010, una pancarta colgada durante la Diada en el Fossar de les Moreres decía: “Marina y Lola. ¡Os queremos en casa!”. En aquellos momentos, el juez Ismael Moreno había prohibido al colectivo Rescat manifestaciones a favor de presos de ETA, pero los radicales se saltaron a la torera sus órdenes. Bernadó y López Resino son, pues, los dos símbolos más actuales de la distopía catalana: representan una alteración temporal en la conciencia histórica de Cataluña.

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