El rostro de Ernest Maragall era un poema. La “contradicción” flagrante y la sensación de que no podrá levantar cabeza en lo que queda de mandato municipal. Los comunes han jugado su baza, la que les ha permitido el presidente de la Generalitat, el republicano Pere Aragonès. Sus votos en el Parlament, para sacar adelante los presupuestos de la Generalitat, implicaban que ERC debía hacer lo propio en el Ayuntamiento, pese a la negativa de Maragall, expresada hacía solo 72 horas. Colau ‘mataba’ políticamente en ese momento al dirigente de ERC, que se queda sin argumentos, mientras busca ahora un cuerpo a cuerpo con Jaume Collboni, en la recta final de la legislatura municipal. Es su aliado en el gobierno municipal, pero también su adversario político.

Ese es el nuevo escenario que se abre en la ciudad de Barcelona, con un posible damnificado que, sin embargo, cobra nuevas opciones: Jaume Collboni. Los socialistas se quedan en tierra de nadie, en el Ayuntamiento y en el Parlament, pero se constituyen en alternativa “frente a populistas e independentistas”, según fuentes municipales. ¿Por qué? El rechazo de ERC a contar con el PSC en la política catalana tiene una clara explicación, como admiten los dirigentes republicanos: los socialistas son los verdaderos adversarios políticos en Barcelona y en toda el área metropolitana. Cualquier aproximación al PSC, además, supone para ERC que sus diputados en el Congreso tendrían un menor precio.

EL DISCURSO ANULADO DE MARAGALL

Eso es lo que intentará ahora aprovechar el grupo socialista en el Ayuntamiento de Barcelona. La alcaldesa Ada Colau contará con los votos de ERC, de forma obligada y tras el mandato de Aragonès, forzado por los comunes. Y no dependerá de los concejales de Barcelona pel Canvi, el partido de Manuel Valls, al que le debe la alcaldía. A pesar de ello, las negociaciones de los presupuestos las abrirá el grupo socialista, responsable del área económica, con el partido que ahora dirige Eva Parera. Ya no son indispensables, pero el PSC quiere tener un gesto con el partido que permitió, de hecho, la tramitación de las cuentas municipales, tras el rechazo inicial de ERC.

Ernest Maragall, en el Parlament, junto a los concejales de ERC en el Ayuntamiento de Barcelona / EP
Ernest Maragall, en el Parlament, junto a los concejales de ERC en el Ayuntamiento de Barcelona / EP

El gran derrotado es Ernest Maragall. Hace solo siete días, el dirigente municipal de ERC decía: “Intercambiar votos para aprobar presupuestos mutuos en la Generalitat y en el Ayuntamiento no es que sea rocambolesco, es que olvida una cuestión previa y principal: eso es menospreciar Barcelona como ciudad, como sujeto político, como sociedad y como institución. ¿Tan poca cosa valemos?

EL PSC, EL GRAN ADVERSARIO

Ha pasado, precisamente, lo que denostaba Maragall. Colau, que negó públicamente que los comunes hubieran pedido ese gesto a Aragonès, trató con guante de seda a Maragall: “Se precipitó en su rechazo a los presupuestos”, aseguró. Fue una forma diáfana de dejarle en la estacada. ¿Cómo podrá Maragall sostener ahora su estrategia, tras insistir, este mismo lunes, en que el rechazo a los presupuestos estaba justificado?

Jaume Collboni, primer teniente de alcaldía del Ayuntamiento de Barcelona / EUROPA PRESS
Jaume Collboni, primer teniente de alcaldía del Ayuntamiento de Barcelona / EUROPA PRESS

La bronca de Maragall se centra ahora en el PSC, al considerar que las cuentas municipales son poco convenientes porque los socialistas defienden un modelo “antiguo”, centrado solo en el crecimiento a cualquier precio. Hay en ese rechazo al partido de Collboni razones personales, pero también políticas, porque ERC y PSC pelearán por la victoria en las elecciones municipales.

BATALLA FINAL

Lo que se dibuja es un entendimiento entre los comunes y ERC, en el Ayuntamiento y en el Parlament, con el PSC como el gran adversario para las dos formaciones. Pero para los socialistas ahora sí se abre una estrategia: “ni populistas ni independentistas que fracasan”.

Aunque lo que ha sucedido ahora se produjo el pasado año, con los presupuestos salvados por las mismas fuerzas políticas a uno y otro lado de la plaza Sant Jaume, la proyección es distinta: comienza la verdadera batalla por Barcelona, que se puede convertir en la palanca que puede cambiar la política catalana.

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