Ser concejal en Barcelona se ha convertido en una profesión de riesgo. Especialmente si uno es concejal constitucionalista. Así lo ha entendido la unidad de riesgo de la Guardia Urbana, que recomendó poner guardaespaldas a los ediles de la oposición. ¿El motivo?: El creciente riesgo a ser agredido por incontrolados independentistas. De hecho, los ediles constitucionalistas ya tuvieron que ser protegidos en el otoño del 2017, después del referéndum, por el peligro de que fuesen agredidos, pero se les mantuvo la escolta sólo durante unos meses, hasta enero del año pasado.

Ahora, el peligro vuelve a flotar en el ambiente. Tanto que fuentes de la oposición confirmaron a Metrópoli Abierta la nueva situación de los concejales. Los representantes de Ciudadanos y los del PP llevan, a partir de esta semana, dos escoltas para evitar cualquier intento de agresión. La alcaldesa, Ada Colau, dio el visto bueno a la medida y permitió restablecer la medida de protección a los ediles.

TENSIÓN EN LAS CALLES

Según las fuentes consultadas, para llegar a la conclusión de que hay un elevado riesgo de agresión, la Guardia Urbana examinó con lupa las reacciones ante la sentencia del Supremo. Y la tensión en las calles augura un futuro complicado para los constitucionalistas.

Fuentes municipales explicaron a este diario que la medida obedece a un protocolo preestablecido. “Cuando se da una situación de alerta, se han de extremar las medidas de seguridad. Por eso se solicitó a los expertos consejo sobre el tema. Su decisión fue que era necesario aumentar las medidas de protección debido a los delicados momentos políticos actuales”, explican dichas fuentes.

AGRESIÓN A CIUDADANOS

Las consignas lanzadas desde la Generalitat tampoco ayudan a calmar los ánimos y a serenar el ambiente, ya que el propio presidente Quim Torra, a pesar de que Barcelona estaba en llamas, sólo salió a la palestra el miércoles, pasadas ya las 12 de la noche, para leer una declaración institucional. Y lo hizo espoleado por el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, que le exigió un posicionamiento público contrario a la violencia, después de que Torra se negase durante tres veces a condenar los hechos violentos del martes por la noche.

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Corbacho, Barcel´o, Guilarte y Sierra, los cuatro concejales de Cs en Barcelona

En estos momentos, con una situación de violencia desenfrenada y un Govern incapaz de posicionarse claramente ante esa realidad, la tensión política está en niveles máximos. Este mismo miércoles, los dirigentes de Ciudadanos Albert Rivera, Inés Arrimadas y Lorena Roldán tuvieron que salir escoltados por los Mossos d’Esquadra de un centro de Horta porque varias decenas de personas habían colocado contenedores a las puertas del local donde celebraban un encuentro con simpatizantes de su partido. Los tres dirigentes naranjas tuvieron que ser evacuados por una puerta trasera para evitar agresiones por parte de los concentrados frente al local.

En las redes sociales, durante los anteriores meses, se detectaron insultos, amenazas e incluso bravuconadas para ir a acosar a políticos no independentistas a sus domicilios. La cosa, no obstante, no pasó de ahí. De hecho, Inés Arimadas, que hasta las elecciones del pasado mes de abril ofició como líder de la oposición, era la política más denostada por los independentistas, hasta el punto de haber sido denigrada y vejada en las redes sociales incluso por el cómico Toni Albà, que dejó de trabajar para la productora de Toni Soler a raíz de un virulento, de mal gusto y machista tuit sobre Arrimadas.

BOU RECHAZA LA PROTECCIÓN

El Ayuntamiento también ofreció escolta policial al líder del PP en el consistorio, Josep Bou, pero éste renunció expresamente a ello. “Es cierto que desde el equipo de gobierno se le insistió en la conveniencia de que llevase protección, pero él respondió que prefería que los agentes estén en otras tareas, ayudando a los ciudadanos”, reconocieron fuentes populares a este diario.

De los concejales de la oposición, sólo el exprimer ministro francés Manuel Valls llevaba escolta. De hecho, antes de ser elegido concejal llevaba escolta por razón del cargo que había ostentado en el país vecino, pero esa protección dependía directamente de los Mossos d’Esquadra. Una vez elegido concejal, la responsabilidad de su seguridad pasó a la Guardia Urbana, que le asignó una escolta similar a la que llevaba hasta ese momento.

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