Cerrar las playas de Barcelona costará al erario público un total de 63.106,90 euros. Ése es el precio que el Ayuntamiento pagará a la empresa Disseny Barraca SL por el suministro y la colocación de las vallas en las playas, con el fin de regular la afluencia de público a las mismas. El contrato fue adjudicado el pasado 2 de junio, en un concurso convocado de urgencia y al que se presentaron dos ofertas: la de Disseny Barraca fue la más económica con diferencia, ya que la otra, de la constructora FCC, ascendía a 167.299 euros. La diferencia de precio se debe al diferente tipo de valla, ya que mientras que la ganadora se refiere a vallas Ses Salines, la de FCC es del tipo Rivisa. La de Disseny Barraca consta de pequeños postes de madera y una simple cuerda a baja altura (y por tanto, muy fácil de burlar), la de FCC es metálica y recia, similar a la utilizada para impedir el acceso a obras o a espacios vedados.

Lo curioso de este concurso es que las empresas no se presentaron motu proprio. O, al menos, no lo hizo una de ellas. Mientras que el presupuesto de la ganadora aparece en el dossier municipal con los costes perfectamente detallados e individualizados a lo largo de tres folios, el presupuesto de FCC es una carta de tres líneas firmada por un jefe de servicio de obras. “En relación con su amable petición de oferta en relación con los trabajos de distribución de vallas ‘tipo Rivisa’ en 3.721 metros de las playas de la ciudad de Barcelona, le informamos que nuestra mejor oferta para el suministro y colocación asciende a la cantidad de 167.299 euros, IVA incluido”, es el texto de la misiva. Ni una sola palabra más.

EL AYUNTAMIENTO PIDIÓ UN PRESUPUESTO

Los dos presupuestos llevan la misma fecha: 28 de mayo. Al día siguiente, el gerente Frederic Ximeno declaraba la tramitación de emergencia para la contratación y ordenaba a Disseny Barraca “que realice los trabajos indicados”. La adjudicación oficial se producía el 2 de junio, cuatro días más tarde, según la documentación en poder de Metrópoli Abierta.

De esta comunicación se desprende que fue el propio Ayuntamiento el que pidió a la compañía FCC que cubriese el expediente enviando una oferta económica y, además, relativa a un tipo de valla determinado, de precio muy superior a la otra oferta. En este tipo de contratos, lo normal es que se presenten tres ofertas, se ponderen las mismas y se escoja la más idónea o beneficiosa para la Administración. Sólo en determinadas ocasiones, se pide a empresas del sector que presenten ofertas. Y en muy escasas ocasiones, se pide a alguna empresa con la que existe “confianza” para que presente una oferta que sabe que no va a ganar para cubrir el expediente y simular la adjudicación a otra empresa que ha presentado ya el presupuesto correcto.

NUEVE PLAYAS EN 4,5 KILÓMETROS

Barcelona tiene un total de 4,5 kilómetros de litoral, en los que se distribuyen nueve playas de arena: Sant Sebastià, Sant Miquel, Barceloneta, Somorrostro, Nova Icària, Bogatell, Mar Bella, Nova Mar Bella y Llevant, además de la zona de baños del Fòrum. Todas ellas pertenecen sólo a dos distritos de la ciudad: Ciutat Vella y Sant Martí. “Las de la zona sur (Ciutat Vella) limitan con la trama más urbana y densa de la ciudad y del puerto. Las situadas en la zona más septentrional (Sant Martí) limitan con una zona más esponjada, configurada por parques y zonas de aparcamiento”, dice el informe justificativo del concurso.

Vallas en una playa de Barcelona, llena de gente / JORDI SUBIRANA
Vallas en una playa de Barcelona, llena de gente / JORDI SUBIRANA

En este informe se destaca que el 8 de mayo, las playas se abrieron de 6 a 10 horas de la mañana para la práctica deportiva de forma individual; el 20 de mayo, se abrieron todas para pasear y hacer deporte desde las 6 de la mañana a las 8 de la tarde. Y el 25 de mayo, se abrieron de 6 de la mañana a 11 de la noche. “Esta ampliación del horario se hace coincidiendo con la entrada de la ciudad de Barcelona en la fase 1 de la desescalada”. Se preveía entrar en fase 2 el 8 de junio y justificaba el concurso de urgencia porque la orden ministerial AND/440/2020 de 23 de mayo decía que “los Ayuntamientos habrán de establecer medidas para garantizar el distanciamiento físico que el Covid-19 requiere, tales como el control del aforo, así como también dice que los Ayuntamientos podrán establecer limitaciones de acceso e incluso de permanencia en las playas”.

CONTROL POR DRON

Subraya que todas las playas de la ciudad lindan con el paseo de piedra, por el que las personas pueden acceder a pie llano por cualquier punto a las mismas. “Para poder establecer el control de acceso y en el caso de que sea necesario su cierre, es del todo necesario colocar vallas en estas playas”, dice el texto.

Para calcular las personas que acceden a las playas, se tendrán en cuenta no sólo las cámaras que miden la afluencia, sino que se echa mano de “dos fuentes de información: las encuestas bianuales, la última de las cuales es la de 2018, y un vuelo de dron que se hizo en julio del año 2018”. Dice el informe que “la información recogida por el vuelo de dron muestra que, en ciertos momentos, se llegará al límite de los 4 metros cuadrados por usuario que marca la orden ministerial”.

LA BARCELONETA, CON MÁS GENTE

En 2018, por otra parte, la afluencia a las playas de Barcelona fue mucho menor a la habitual de otros años, debido a la inestabilidad meteorológica, con un grado de insolación menor y más lluvias abundantes e intensas que en el estudio anterior. Basándose en las imágenes y datos obtenidos en ese año, el informe municipal avanza que aunque en algunas zonas no se sobrepasa la densidad requerida, pero al borde del mar los valores pueden llegar por debajo de 2,5 metros cuadrados. “Eso nos lleva a la conclusión de que la distribución de las personas usuarias de las playas no es uniforme. Mientras que en la zona más cercana al paso la densidad es muy baja, en la orilla del mar se incrementa a niveles que no son compatibles con la distancia propuesta por el Ministerio”.

Las playas de poniente (Sant Sebastià, Sant Miquel, Barceloneta y Somorrostro) son las que más gente acogen. Además, según las mediciones de este año, desde que se abrieron al público ya registraron una densidad de seis metros cuadrados por usuario. Como en julio y agosto la afluencia se dispara hasta un 30% más, se hace necesario controlar el acceso a las mismas para que los usuarios mantengan la distancia de seguridad que marcan los expertos.

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