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Las primarias que han realizado los partidos independentistas hasta la fecha para elegir a sus candidatos a las elecciones municipales del próximo año pueden quedarse en agua de borrajas por presiones de las cúpulas dirigentes. Tanto el candidato de ERC, Alfred Bosch, como la del PDeCAT, Neus Munté, están cuestionados por las direcciones de sus respectivas formaciones. Los votos de los militantes a la hora de elegirlos, pues, no han servido para nada. La 'democracia interna' de ambas formaciones se ha revelado ahora papel mojado: era sólo un eufemismo para blanquear la imagen.

Alfred Bosch, el candidato republicano, tal y como adelantó Metrópoli Abierta este jueves, renuncia a ser el candidato y le sustituirá Ernest Maragall, un veterano de la casa, que ya fue el cerebro gris económico del maragallismo cuando su hermano Pasqual Maragall oficiaba como alcalde de la ciudad. Falta la concreción del cambio, que muy posiblemente se oficialice este mismo viernes.

En el PDeCAT, el proceso es más lento y complicado: el expresident Carles Puigdemont maniobra para que Neus Munté no sea la alcaldable, pese a que ganó las primarias en las que competía con Carles Agustí el pasado mes de mayo. La que había sido consejera de Presidencia y portavoz del Gobierno de la Generalitat no es santo de la devoción de Puigdemont y, por ello, el mandatario fugado quiere sacársela de encima.

De hecho, tras la defenestración de Marta Pascal en el congreso del pasado mes de julio, el PDeCAT ha pasado a ser un territorio cenagoso para todos los dirigentes que habían detentado algún cargo hasta la fecha. Y los nuevos aires que intenta imprimir Puigdemont desde Waterloo no discurren por los caminos del entendimiento y del diálogo, sino que quiere equipos 'a la contra' del Gobierno español y sin voluntad de canalización de diálogo.

EL OFRECIMIENTO DE GRAUPERA

El sustituto de Munté podría ser Ferran Mascarell, otro histórico de la casa (o sea, del Ayuntamiento), donde detentó cargos de relevancia y responsabilidad durante la etapa de Maragall como primer edil. A la lista auspiciada por Puigdemont y con Mascarell como mascarón de proa, se le podría sumar la de Jordi Graupera, el primer candidato que propuso una candidatura única independentista y que pactó con Puigdemont, ya en marzo del año pasado, la confección de la misma.

Graupera proviene de las filas de Demòcrates de Catalunya, los escindidos de UDC, que en las últimas municipales estaba subsumida en la candidatura de CiU. Pero, según explica un dirigente independentista a Metrópoli Abierta, el democristiano “se ofreció a Puigdemont para competir en unas primarias y, aunque él fuese el más votado, aceptaba que otro candidato le sustituyese como alcalde y él quedar en segundo lugar”.

En las filas independentistas, esta maniobra se interpreta como un intento de “entrar como sea en el Ayuntamiento, porque sabe que yendo por libre y sin un gran partido que lo sustente, no sacará los votos suficientes para ser concejal”.

Las mismas fuentes explican a este diario que Alfred Bosch fue quien vetó la lista única del soberanismo porque quería ser el líder indiscutible de la misma. “Dijo que él era el candidato y que sólo admitiría una candidatura única si iba de número 1. En ese caso, estaba dispuesto a tirar su lista por la ventana y a asumir el liderazgo”, subrayan las fuentes.

Esa posición de fuerza, aseguran, se debía a que “las encuestas le auguraban un futuro inmejorable, incluso disputando, en un momento dado, la alcaldía a la mismísima Ada Colau. Pero los últimos sondeos ya no eran tan positivos y pronosticaban un retroceso importante de ERC, que pasaría a tercer lugar, tras Barcelona en Comú (BeC) y Ciudadanos".

LA IMPORTANCIA DE LLAMARSE BARCELONA

Lo que indican los movimientos de los partidos independentistas, no obstante, son dos grandes claves de estas municipales: en primer lugar, la preocupación por ganar Barcelona. La capital de Catalunya es la perita en dulce que ambicionan los partidos independentistas. Si el gobierno municipal no sigue los dictados del autonómico, el peso y el margen de maniobra de la Generalitat es mucho menor.

Por eso, tanto PDeCAT como ERC están dispuestos a saltarse todas las reglas para alcanzar el poder municipal. Incluso dinamitando la democracia interna y dejando en agua de borrajas las elecciones primarias para la elección de los candidatos.

En segundo lugar, los últimos movimientos evidencian que las formaciones soberanistas ponen toda la carne en el asador al confiar el peso de sus candidatura a antiguos altos cargos… socialistas. Es la apuesta por la experiencia frente a la novedad. Pero es también laevidencia de que la ayuda para el desgaste del PSC es ahora recompensada con las prebendas de encabezar una lista.

Lo curioso es que los dos cargos abandonaron sus responsabilidades en el PSC dolidos con el partido, porque no podían obtener cuota de poder dentro de sus filas. Es cierto que, en los últimos años, ambos fueron fichajes socialistas que dieron mucho juego mediático... y luego demostraron que estaban dispuestos a ser tan independentistas como el que más. Con sus candidaturas, los partidos soberanistas pagan servicios prestados.