Uno de los asuntos en los que el equipo de Gobierno de Ada Colau en el Ayuntamiento de Barcelona ha puesto más empeño desde que se hizo con la alcaldía ha sido en el de la movilidad. Y, al mismo tiempo, ha sido uno de los sectores que más preocupaciones ha causado a la alcaldesa y a sus colaboradores.

La obsesión del consistorio por reducir el tráfico de vehículos privados en la ciudad y de potenciar el transporte público y el no contaminante ha llevado al equipo de Gobierno a tomar decisiones que les han acarreado numerosos conflictos. Y, lejos de solucionar los problemas de los ciudadanos, los han acrecentado, o por lo menos eso opinan desde la oposición municipal.

Tres han sido los ejes sobre los que ha girado la política de movilidad del Ayuntamiento: tranvía, carril bici y TMB.

El primero de ellos, el del tranvía, es en el que la política de la alcaldesa ha quedado más en evidencia. La unión del Trambaix y el Trambesòs ha sido uno de los proyectos estrella de su mandato y ha acabado en un fracaso rotundo. Toda la oposición se ha unido para rechazar el proyecto. Y ante una segura derrota en el pleno en el que debía votarse su aprobación, la alcaldesa optó primero por retirar el punto del orden del día y luego por suspender el pleno, apoyándose para ello en la decisión del Tribunal Supremo de enviar a prisión a Jordi Turull, Carme Forcadell, Josep Rull, Dolors Bassa y Raül Romeva.

Con esa maniobra, Colau logró ganar un par de semanas para intentar convencer a ERC para que le diera su apoyo en este proyecto, pero los republicanos, conscientes de que la lucha electoral para las próximas elecciones ya se ha iniciado, no tienen intención de variar su voto negativo.

CARRIL BICI

Otra de las apuestas fuertes de la alcaldesa ha sido la construcción a diestro y siniestro de carriles bici. Las críticas por la forma en que se ha desarrollado todo el proyecto han sido constantes desde prácticamente todos los sectores de la sociedad.

El sinsentido de algunos de estos carriles, el enorme gasto de otros, la escasa planificación y la nula empatía con los vecinos afectados, han rodeado de polémica todo el proyecto. Además, el Gobierno municipal se empecinó en que quería acabar el mandato con 300 kilómetros de carril bici en funcionamiento, lo que ha llevado a trabajar más desde los despachos que desde la calle. Y cuando los proyectos se llevaban a la práctica, las rectificaciones sobre la marcha han sido constantes.

Si a eso sumamos la indignación de los vecinos de muchas calles en las que se han construido carriles bicis, como en el Turó Park o el de la calle Taulat, o la infrautilización de otros, tendremos que el proyecto ha provocado menos consenso del que se deseaba desde la alcaldía.

METRO Y AUTOBUSES

Tampoco en el transporte público ha logrado la alcaldesa contentar ni a los ciudadanos ni a los trabajadores de TMB. Las numerosas jornadas de huelga de metro vividas el pasado año, entre otras razones por la incapacidad de los responsables municipales, encabezados por la presidenta de TMB, Mercedes Vidal, y el consejero delegado, Enric Cañas, para llegar a acuerdos con los trabajadores, obligaron a Colau a cambiar el equipo negociador. Y aunque llegó una cierta paz social con un acuerdo sobre el convenio colectivo, la desconfianza en el equipo directivo de la empresa quedó fijada entre los trabajadores.

A esto hay que unir las variaciones en las líneas de autobuses que se está llevando a cabo en esta legislatura. Además de la falta de una correcta comunicación a los vecinos respecto a los cambios que se realizan, entre los ciudadanos existe cierta sensación de que los cambios en los recorridos y la desaparición de algunas líneas nada tiene que ver con una mejora en la movilidad. Son muchas las personas mayores o con problemas de movilidad las que ven como los recorridos habituales que hacían hasta ahora han desaparecido, o bien tiene que caminar mucha más distancia que antes hasta la parada el autobús, o, simplemente la línea que tomaban ya no existe, y la que le sustituye ha variado el recorrido. Son cambios que afectan de manera directa a muchas personas que, en la mayoría de los casos, ni siquiera sabían que se iban a producir.

A todo estos problemas hay que unir la polémica decisiòn de la alcaldesa de subir el precio del transporte público. Tras dos años de congelaciòn y otro de bajada, Ada Colau decidió subir el precio del transporte público, en una decisión que pilló por sorpresa a casi todo el mundo y que indignó a los usuarios habituales de metro y bus urbano, que no llegan a entender como para potenciar el transporte púbico, una de las propuestas estrellas del actual equipo de Gobierno, se sube el precio del billete.