El jueves día 4 de abril, un miembro del equipo de la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, enviaba un correo electrónico a los presidentes de todos los grupos políticos municipales para una reunión urgente en la mañana del día siguiente, viernes. Colau quería vender a los restantes grupos municipales lo que iba a ser el pleno del Ayuntamiento del martes 10 de abril, en el que tenía que discutirse su tema estrella, la multiconsulta. Era el primer contacto de la alcaldesa con sus rivales sobre el tema más importante del año. De él dependía que el equipo de gobierno del consistorio barcelonés pudiese seguir caminando con la cabeza alta y comenzar a llenar la cesta de la legislatura con acción de gobierno.

La respuesta fue sibilina: ni uno solo de los líderes políticos del Ayuntamiento acudió a su llamada, sino que delegaron en sus portavoces. “Si eres alcaldesa, debes entender la respuesta y que algo está pasando”, explica a Metrópoli Abierta una fuente de la oposición. En correspondencia con ese desplante, Colau se encontró el martes siguiente con uno de los mayores reveses de su etapa de alcaldesa: el rechazo de los concejales de la ciudad a lo que tendría que haber acabado como una victoria colectiva y una fiesta democrática. “Es que ni el jefe de gabinete llamó a nadie. Obviamente, si la semana siguiente tienes un pleno en el que vas a poner a votación su tema estrella, lo que tienes que hacer es llamar en persona a los líderes municipales, pero ni ella ni nadie de su equipo lo hicieron. En cambio, enviaron un mail a media tarde del jueves para una reunión al día siguiente”, critican desde la oposición.

La errática política que sigue Ada Colau no pasa desapercibida para nadie, ni siquiera para sus propios compañeros de partido, que admiten que algo no funciona. “Hay tensión y se ha rodeado de gente que la perjudica. Cada día está más aislada en una jaula de cristal”, reconoce a este diario una fuente de Barcelona en Comú (BeC).

APUNTAN A PISARELLO, ‘EL VAGO’      

Desde la oposición se hacen cruces. “Desde el equipo de gobierno dicen que no se esperaban el batacazo en el tema de la multiconsulta. Pero si ni han hecho nada, ni han hablado con nadie del tema, ¿cómo quieren que salga adelante?”, subrayan. Algunas fuentes señalan directamente al primer teniente de alcalde, Gerardo Pisarello, como el causante de la situación. En toda la oposición, a Pisarello ya le tienen un apodo: El Vago. “Es que no da palo al agua. No asiste a reuniones importantes, lo esperas en una comisión y no aparece, le pides algo y ya puedes esperar sentado, te deja colgado a la mínima de cambio.... Lo lógico en los últimos meses es que hubiera movido los hilos para llegar a acuerdos en el tema de la multiconsulta. Debería haber llamado a los restantes partidos, haber negociado… pero nada. De acuerdo que Ada Colau debería haber hecho contactos, pero también su teniente de alcalde debería haber cogido las riendas. ¡Pero es que no ha habido ni una sola reunión para hablar del tema! ¡Ni una sola llamada!. ¿Cómo quieren pactar algo si no hablan con la oposición?”, se escandaliza un dirigente de la oposición.

En el tema de los contactos y acuerdos con la oposición, otra fuente señala que “si vas a llevar un tema a pleno y es el tema estrella, has de tenerlo controlado. Pues desde el equipo de gobierno no se habló nunca con nadie de las preguntas que querían hacer en la multiconsulta, ni de las posibilidades que había para que la iniciativa saliese adelante. Es inconcebible”.

LA OTRA PARTE DEL PROBLEMA

Sin embargo, eso es sólo una parte del problema que atenaza a la alcaldesa. La otra es la manipulación política a la que somete los temas que aborda. En el tema de la multiconsulta, por ejemplo, en la reunión con los portavoces de la oposición (tras el plantón de los líderes de los partidos), intentó una maniobra envolvente. “Sabía que las preguntas, tal y como estaban planteadas, no eran del agrado de nadie, porque había temas muchos más importantes que deberían abordarse en la consulta y que ella no quería introducir por razones partidistas. Por ese motivo, comenzó a tirar balones fuera y quería vender la multiconsulta como si fuese una cuestión de soberanía municipal”, explican fuentes de la oposición a este diario.

En realidad, la jugada de Colau también era sibilina: las justificaciones para realizar “su” multiconsulta eran que “hemos de defender la Carta Municipal de Barcelona” o “hemos de defender la soberanía municipal”, porque “debemos apelar al derecho a decidir”. Era un mensaje (poco) encriptado al bloque soberanista, que no compró el discurso. “No lo presentó como la multiconsulta que tanto había pregonado, sino como una cuestión de derechos civiles, casi haciendo un paralelismo con el procés”, dice una fuente. Y otra remacha: “En realidad, todos se dieron cuenta de que no era un tema de derechos civiles, ni de autonomía municipal, ni de derecho a la autodeterminación, sino que era un tema de chapuza”. Zanjan, pues, que el plantón no sólo era justificado, sino necesario.