Abstención por abstención. Ése ha sido el pacto a que llegaron Barcelona en Comú y Esquerra Republicana de Catalunya esta semana: los comunes se abstenían en la votación del presidente del Parlament (donde resultó elegido el republicano Roger Torrent) y Esquerra se abstendrá en los presupuestos municipales que presentará Ada Colau este mes al pleno. Con el PDeCAT, la abstención en los presupuestos se da por hecha, aunque el líder convergente, Xavier Trias, hace matizaciones y pone condiciones.

Desde la oposición, se critican los pacto. “Es utilizar Barcelona como moneda de cambio para pactos entre partidos”, acusa la líder de Ciutadans en el Ayuntamiento, Carina Mejías. Y fuentes del PSC subrayan que “primero ha habido un pacto genérico de Colau con el independentismo, tras romper con el PSC, y ahora un cambio de cromos para abstenerse en el Parlament a cambio de que no voten en contra de los presupuestos”.

Pero desde ERC se reconoce que buena parte de la filosofía de los números de Colau es asumida por la formación independentista sin problema, porque coincide con su posicionamiento. En cambio, el PDeCAT se reserva el voto en la comisión extraordinaria de Economía y Hacienda que tiene lugar este viernes. Xavier Trias ha anunciado que no votará sí a los Presupuestos y que la posición de su grupo se mueve “entre la abstención y el no”. En estos momentos, según fuentes de la formación, está casi decidida la abstención.

Los exconvergentes recuerdan que se comprometieron a garantizar la gobernabilidad de la ciudad si Colau rompía con los socialistas y critican la falta de gestión, pero, como dijo el propio Trias en rueda de prensa, “queremos ser positivos para ayudar a la ciudad”.

Aún así, el PSC hará una reserva de voto respecto a los presupuestos, ya que espera a ver en qué se materializan finalmente los pactos con los independentistas y si se desvían, desaparecen o se crean partidas determinadas de cariz poco social.

PENSANDO EN MAYO DE 2019

Pero el acercamiento de Colau al independentismo tiene otra lectura. Fuentes del Ayuntamiento barcelonés reconocen que “la alcaldesa está ahora muy centrada en su trabajo”. Desde la oposición, se incide en que “visto que la Generalitat es imposible de conquistar, Colau ha preferido centrarse en las municipales de 2019. Su meta en estos momentos es poder llegar como alcaldesa al 2023, pero para eso tiene que neutralizar a sus principales rivales”. Y su principal rival, en estos momentos, es ERC. “No es porque tenga más o menos concejales: es porque se disputan un segmento electoral común que puede decantar la balanza”. Recuerdan estas fuentes que el último barómetro municipal señalaba al republicano Alfred Bosch como el favorito en las encuestas, lo que ha puesto nerviosa a Ada Colau.

En esta tesitura, las fuentes aseguran que “el objetivo de Colau en estos momentos es que ERC no la supere en concejales. Lo cierto es que Esquerra se está reformulando y Bosch tiene vía libre, un cierto margen de maniobra para postularse y afianzarse como el próximo candidato, que se hará público a finales de verano. No se sabe si las encuestas luego se materializarán, pero la alcaldesa no puede permitirse que le coman terreno”.

LA POSIBLE SUBIDA DE CIUDADANOS

Fuentes republicanas, por su parte, reconocen que aunque sus expectativas son buenas, no se pueden confiarse ni dormirse en los laureles. “A Colau le va bien la equidistancia y va a jugar a ello, pero las elecciones municipales tendrán un fuerte componente nacional que la puede perjudicar”, aseguran desde ERC. Y una fuente de la CUP subraya que “Barcelona es una pequeña Cataluña y, sin duda, pesará mucho el componente identitario en las próximas municipales. Por eso, puede haber sorpresas. La baza de BeC es que dispone de estudios que dicen que muchos militantes de la CUP han votado ERC en las autonómicas, pero esos votos pueden volver a nosotros en las municipales, lo que disminuye las expectativas de ERC”.

También hacen otra lectura de los movimientos en el bloque independentista: si BeC y ERC logran hacer recular al PDeCAT, muchos votos de éste “pueden pasar a Ciutadans, por lo que este partido podría dar alguna clase de sorpresa en mayo del año que viene”. Esa subida se vería también beneficiada por otro trasvase de votos del PP, cuyos votantes se decantarían por el “voto útil” y darían apoyo al partido naranja.

En medio de esta maremágnum de trasvases de voluntades, Colau ha aprendido a navegar y a aprovecharse de los vientos a favor con la proa puesta en un objetivo muy simple: captar más voto para BeC. Los próximos meses, asistiremos a un incremento importante de la actividad municipal en todos los distritos de Barcelona.