Atentos a las siguientes afirmaciones: “Algunas de las mejores raquetas del mundo se reunirán de nuevo en nuestra ciudad para disputar el Open Barcelona Banc Sabadell-Trofeo Conde de Godó, la gran cita deportiva de la primavera”. “El Open Barcelona Banc Sabadell-Trofeo Conde de Godó es uno de esos hitos imprescindibles que nos consolidan como capital del deporte y nos ratifican como ciudad dinámica y emprendedora”.

No son ningún eslogan del Trofeo Conde de Godó de tenis, ni forman parte de la campaña de publicidad de este evento empresarial-deportivo que coincide siempre en el mes de abril. Se trata, por paradójico que parezca, de un artículo de opinión de la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, apoyando el evento. La alcaldesa rebelde se ha destapado, de repente, como una de las primeras fans de la elitista competición, justamente después de haber perdido la Barcelona World Race, un acontecimiento deportivo internacional que proyectaba a Barcelona hacia los cinco continentes.

Cierto es que entre el acontecimiento de la estratosfera internacional y el Conde de Godó hay una diferencia fundamental: el torneo de tenis (deporte elitista, por mucho que se afane ahora Colau en desmentirlo) está patrocinado por un grupo de comunicación que puede hacer la vida imposible a la alcaldesa en el año que le queda de mandato. Y ya dice el refrán que si no puedes con tu enemigo, únete a él. De hecho, La Vanguardia ha llevado a la práctica un seguimiento exhaustivo de la gestión de gobierno del Ayuntamiento de Barcelona, sacando los colores en más de una ocasión al consistorio. Por otra parte, Colau no tiene una red de medios afines, por lo que, según algunas fuentes, “lo que trata de asegurarse con su apoyo incondicional al Godó es que en lo que resta de legislatura no le hagan la vida imposible ni insistan en campañas ciudadanas sobre las actuaciones del Ayuntamiento”. En otras palabras, la alcaldesa ha vendido su alma al diablo.

VERGÜENZA AJENA

“Colau es una política inteligente y muy hábil. Por eso, ha ido modificando sus planteamientos desde el inicio de la legislatura. El Grupo Godó era uno de sus monstruos hasta hace muy poco y ahora parece como si fuesen amigos de toda la vida”, critica un político rival de la oposición. Para esta fuente, “el artículo sobre el Trofeo Conde de Godó de tenis es de vergüenza ajena. Jamás nadie hubiese dicho que Colau sería capaz de asumir afirmaciones como las que dice en él. Es que hace ruborizar a cualquiera”. Lo curioso es que la enjabonada que Colau hace al evento de Godó, el descaro al abordar la naturaleza del tema, contrasta con las ácidas críticas de la alcaldesa hacia otros acontecimientos similares, pero que no están respaldados por un grupo de comunicación. No es baladí: “El Godó, además, es un trofeo único, ya que en ningún otro sitio un campeonato de estas características es organizado por un club de ciudad”, desliza a modo de justificación, obviando los eventos internacionales del Club de Polo, por ejemplo.

La carta de amor de la alcaldesa al conde de Godó, por ejemplo, se produce en el mismo mes en que la capital catalana pierde la Barcelona World Race, uno de los principales acontecimientos deportivos del planeta. “Los grandes eventos no son bienvenidos para el equipo de gobierno del Ayuntamiento. No lo han negado nunca y así hemos tenido problemas y ha habido presiones desde muchos colectivos para que no condujeran a la ciudad hacia el precipicio”, subrayan las fuentes de la oposición.

EL CASO DE LA F-1

Uno de los campeonatos que quiso erradicar fue el de la Fórmula 1. Tres días después de ganar las elecciones municipales, tuvo encima de la mesa la decisión de retirar las subvenciones a la Fórmula 1, que deja 120 millones de euros en Barcelona y su área metropolitana. Apostaba entonces por dedicar los 4,5 millones que le costaba el patrocinio a otra cosa. Consideraba poco adecuada la subvención “en un contexto de vulneración de derechos fundamentales”. Ni siquiera Colau sabía que lo que subvencionaba no eran las carreras de Fórmula 1, sino que pagaba la publicidad de la ciudad: se le había cambiado el nombre al Circuito de Montmeló por el de Circuito de Barcelona-Cataluña. Y eso es lo que pagaba el Ayuntamiento con los 4,5 millones: la promoción de la marca Barcelona.

Al año siguiente, Colau rebajó a 2 millones la aportación municipal. Pero el año pasado comprometió 7 millones de euros en la campaña del Circuito: 3 millones para 2017, 2,5 millones para el 2018 y 1,5 millones para el 2019. Tras las elecciones municipales del año que viene, el ganador deberá decidir qué quiere hacer los siguientes años: si seguir promocionando la marca Barcelona los próximos años o retirarse de ese escaparate.

CAMBIO DE POLÍTICA CON EL MWC

Tampoco el Mobile World Congress estaba bien visto. De hecho, cuando accedió a la alcaldía estaba dispuesta a poner todas las trabas posibles al principal evento tecnológico mundial, siguiendo la estela de las críticas al evento realizadas durante sus tiempos de activista. “Doña Ada Colau, cuando se disfrazaba de fantoche y decía defender a los más vulnerables, ya criticó que Barcelona tuviera un congreso para debatir sobre el futuro de un instrumento tan poco sensible socialmente cono el teléfono móvil. Además, por culpa de este congreso, llegan a Barcelona anualmente casi 100.000 personas de países rarísimos que solo piensan en trabajar, consumir y divertirse un poco. Qué desastre para la ciudad. ¿Cómo puede ser que Barcelona se haya entregado al desenfreno turístico y hotelero por culpa del capitalismo salvaje y neoliberal? ¿Y que además quiera ser capital de estas tecnologías durante todo el año para lograr crear un ecosistema emprendedor alrededor del teléfono listo, que es la traducción más apropiada de smartphone?”, escribía Martí Saball en febrero del 2016, dando la voz de alerta de lo que se podía venir encima.

En aquel momento, John Hoffman, consejero delegado de GSMA, la organizadora del MWC, ya advirtió de que la feria podría volar hacia otra ciudad. El boicot político al Rey en la recepción oficial del 2018 fue la gota que colmó el vaso: el evento esperará hasta el año que viene y, si no hay estabilidad política, se irá de Barcelona. ¿Habrá ganado Ada Colau algo con ello? “Barcelona tiene ya un tejido puntero en innovación y tecnología, en creatividad y diseño; podemos ser hub de referencia en el sur de Europa en la tecnología móvil (…) Con el MWC tenemos una gran oportunidad de dar una imagen de normalidad, aprovechemos el escaparate internacional que supone, es una ocasión única para despejar las dudas que se hayan podido generar en los últimos meses”, advirtió este año, después de la tormenta política del plantón real.

LAS PACES CON TELEFÓNICA

“Con Telefónica también tuvo sus más y sus menos. Cuando llegó a la alcaldía, había un encierro en la sede de Telefónica y fue allí, junto a su plana mayor, para solidarizarse con los trabajadores. Se pusieron las camisetas reivindicativas y lanzaron cañonazos contra la compañía. Pues bien, hace unas pocas semanas, amplió el contrato municipal con Telefónica”. De hecho, Colau anunció, a finales de mayo de 2015, recién elegida alcaldesa, que recortaría el contrato de Telefónica con el Ayuntamiento.

Y así lo hizo: en 2016, convocó nuevo concurso, que ganaron Vodafone y Telefónica, esta última perdiendo el principal lote. El pastel, pues, acabó troceado. Pero las dificultades técnicas fueron muchas. Tantas que, si durante el año que llevaba mandando, Telefónica tuvo que asumir prórrogas en sus contratos que le reportaron casi 4,5 millones de euros, con la nueva adjudicación los problemas aumentaron: el pasado mes de marzo Telefónica se adjudicó otro concurso de casi 800.000 euros para seguir dando servicio a los ciudadanos y a los trabajadores municipales. O eso o el caos.

No es sólo eso: para salvar el MWC, que le podría costar la alcaldía, no tuvo reparo en acudir al presidente de Telefónica, José María Álvarez-Pallete, para que convenciese a los capitostes del congreso de que no se vayan de Barcelona. Colau se reunió con el delegado de Telefónica en Catalunya, Kim Faura, para solicitarle una reunión personal con el máximo responsable de la compañía a la que ella y su equipo demonizaban apenas tres años atrás, a la que amenazaron y a la que retiraron el apoyo municipal. Pallete declinó la reunión, fiel a su estrategia de no reunirse con políticos para no politizar su gestión. Pero la iniciativa de Colau no deja de ser el paradigma de la desesperación de un político. ¡Ver para creer!

La sede de la Agencia Europea del Medicamento (EMA, según sus siglas en inglés) se fue a Amsterdam por el pasotismo del Ayuntamiento, perdiendo Barcelona una ocasión histórica para albergar la sede de uno de los entes más importantes de la UE. La propia alcaldesa había hecho saber a sus colaboradores que la EMA no es del agrado de las bases de Barcelona en Comú.

Poco después del gran patinazo de no apostar oficialmente para posicionarse como sede de la EMA, Colau reunía a la clase científica barcelonesa para prometer dinero público y organismos para el sector. Hasta hoy: no se ha hecho nada desde la Administración local, excepto la foto de rigor para publicar en los medios. Pero les agradeció su labor para atraer a la EMA a Barcelona. Justamente lo que el consistorio que ella preside no había hecho.