El nuevo presidente de la Generalitat, Quim Torra, mantuvo varios cargos institucionales en el Ayuntamiento de Barcelona desde al año 2012 hasta el 2015, con el convergente Xavier Trias como alcalde. Según manifestaron a Metrópoli Abierta fuentes cercanas a Torra, su fichaje fue obra de Antoni Vives, el fontanero de Trias, el hombre que controlaba todos los detalles de Bimsa, la empresa municipal de la obra pública. Ese control le costó que fuese detenido en el marco del sumario 3% (que sigue un juez de El Vendrell), como sospechoso de amañar los contratos públicos de las obras del túnel de Glòries. “Ambos se conocían de círculos independentistas y habían coincidido en varias acciones de carácter soberanista”, explican las fuentes.

Torra pasó a ejercer como director de Foment de Ciutat Vella, la empresa pública que controla las obras en el Casco viejo de Barcelona, y como director de Born Centre Cultural, lo que le permitió acceder a un suculento salario que algunas fuentes cifran en alrededor de 90.000 euros. Pero el nuevo President acumulaba más cargos: según su declaración de intereses depositada el pasado 23 de febrero en el Parlament de Cataluña, en los últimos años, Torra fue “director de Foment de Ciutat Vella (entidad participada 100% por Bimsa/Ayuntameinto de Barcelona) hasta noviembre de 2015. Director del Born Centre Cultural hasta julio del 2015. Vocal de la Junta de Museus (2016-2017). Miembro del consejo de administración del MUME, Museu Memorial de l’Exili (desde 2017). Presidente de Òmnium Cultural (julio 2015-diciembre 2015. Miembro del secretariado permanente de la Asamblea Nacional de Cataluña (sic) (2016)”.

En esta relación, sin embargo, no consta su nombramiento como director del Centre d’Estudis de Temes Contemporanis, un chollo facilitado por el entonces consejero de Esteriores, Raül Romeva, con un salario de cargo de confianza (funcionario de nivel 30 más un complemento anual de 32.000 euros). Hasta el año 2012, en que pasó a cobrar salario público, Torra se dedicaba a negocios privados a través de su editorial A Contra Vent Editors, que fue acumulando pérdidas hasta su cierre en 2015. Desde el 2009 al 2012, Torra recibió 48.000 euros de la Generalitat en subvenciones para su labor como editor.

PERLAS IMPAGABLES

De su época como director de Born Centre Cultural, quedan algunas perlas impagables. La primera, la propia definición con la que se refirió al propio Centre cuando tomó posesión: lo llamó la “zona cero del independentismo”. Una alusión poco edificante de la famosa zona cero neoyorkina. Pero si ésa fue su entrada, peor fue su salida. Poco antes de tener que dejar el cargo como consecuencia de que CiU había perdido las elecciones de 2015, ocurrió el trágico accidente de la compañía Germanwings, en el que perdieron la vida 150 personas de 18 nacionalidades diferentes.

Las autoridades francesas erigieron inmediatamente un monolito en recuerdo de las víctimas, con una inscripción en francés, español, alemán e inglés. Torra, que entonces oficiaba como director del Born Centre Cultural, más allá del dolor de las víctimas, sacó sus particulares demonios en Twitter para comentar sobre el accidente: “Ni rastro del catalán en el monolito de los Alpes. Ni eso. Hasta para recordar a nuestros muertos necesitamos un Estado propio”, lanzó por Twitter, en una desafortunada cita.

Si nos atenemos al quebranto económico del negocio, el tema no mejora: para empezar, el Born es un saco sin fondo, un agujero negro que se come millones de euros anuales en una gestión polémica que ya ha hecho replantearse su propia existencia al actual equipo de gobierno. DE hecho, las previsiones de Trias eran que el déficit anual del centro sería de 2 millones de euros. Se quedó corto: a día de hoy, con los recortes acometidos tras la marcha de Torra, el déficit asciende a unos 2,5 millones. El evento sólo satisface al sector del independentismo más radical, que prioriza la visualización del enfrentamiento con el Estado español y la demagogia a la pedagogía.

Con el fichaje de Torra, Trias consiguió convertir el Born en un auténtico despropósito. Y, con el tiempo, Torra consiguió algo que muy pocos consiguen: desagradar a casi todos, incluso a muchos de los suyos, que discrepan de su supremacismo y xenofobia. Otros, en cambio, lo jalean y lo admiran.

REPROBACIÓN MUNICIPAL

La onda expansiva de su nombramiento como president, no obstante, también ha llegado al Ayuntamiento: el PSC presentó este martes una proposición para que la alcaldesa, Ada Colau, convoque un plenario y apruebe una resolución cuyo primer punto es que el consistorio “condena y reprueba todo tipo de actitudes y comentarios divisivos, excluyentes y de carácter xenófobo; contrarios  a la dignidad y respeto de las personas y que ponen en riesgo los valores de una sociedad plural y diversa, así como suponen una ofensa hacia muchos ciudadanos y ciudadanas de Barcelona”.

En el preámbulo, Jaume Collboni, líder de los socialistas, señala que, como ha quedado demostrado en repetidas ocasiones, Torra emitió “comentarios xenófobos, racistas y de carácter excluyente, que son contrarios a los valores de la ciudad de Barcelona y suponen un agravio a una amplia parte de los ciudadanos de Barcelona y del conjunto de Cataluña”.

Tras reprobarlo, el socialista pide que la alcaldesa comunique el acuerdo “al presidente del Parlamento de Cataluña, así como al nuevo presidente de la Generalitat”. Bien es cierto, sin embargo, que Collboni añade otro punto a la declaración: que Colau traslade al nuevo Gobierno de la Generalitat “un listado con el conjunto de compromisos pendientes del Gobierno de Cataluña con el Ayuntamiento de Barcelona y el conjunto de la ciudad, en el marco de la comisión bilateral entre ambas instituciones”.