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Alberto Fernández (Barcelona 1961) dejará al final del actual mandato el Ayuntamiento de Barcelona. El concejal popular es el que más años lleva en la Casa Gran, 28 en total. "Entré en 1987. Tenía 26 años. Era el más joven de todo el plenario tras cuatro años de consejero en Les Corts. Por aquel entonces no se cobraba. Era altruismo en estado puro. Militaba en las juventudes del PP. Me atraía la política municipal", recuerda Fernández, el octavo de 10 hermanos entre los que figura el exministro Jorge Fernández Díaz. Su padre, Eduardo Fernández, fue subinspector jefe de la Guardia Urbana. 

Licenciado en Derecho, Fernández ha estado en el consistorio en dos etapas distintas, entre 1987 y 1999, y desde 2003 hasta la actualidad. En medio estuvo cuatro años como diputado en el Parlament de Catalunya. A sus 57 años, Fernández es de los pocos concejales que tiene la ciudad y el Ayuntamiento en la cabeza.  "Es una enciclopedia", reconocen algunos de sus contrincantes políticos. Desde el departamento de prensa de alcaldía -gobierne quien gobierne- jamás se han puesto en duda las cifras que el concejal popular ha dicho. La experiencia es un grado y en pocos segundos Fernández desgrana datos y hechos que para muchos estaban olvidados. 

LIDIAR CON CINCO ALCALDES

Pasqual Maragall, Joan Clos, Jordi Hereu, Xavier Trias y Ada Colau son los cinco alcaldes con los que ha tenido que lidiar Fernández desde la oposición. Colau es con la que más discrepa, Trias es con quien alcanzó más acuerdos, pero la mayoría de los halagos se los lleva Maragall. "Fue un gran alcalde, pero un mal presidente de la Generalitat. Gobernó Barcelona desde la centralidad, con compromiso de progreso. Sabía que la ciudad no se construía solo desde el Ayuntamiento, sino también desde la sociedad.

Fernández espera que Colau solo sea un paso fugaz por el Ayuntamiento / LENA PRIETO
Fernández espera que Colau solo sea un paso fugaz por el Ayuntamiento / LENA PRIETO

"Maragall era la proximidad sin gesticulación. Colau ha sido la peor alcaldesa. Solo es gesticulación", afirma el edil popular. Del alcalde olímpico, Fernández también resalta que era "creativo, imprevisible y tenaz. También implicó a la oposición, a la iniciativa privada y al sector social". Sobre el resto de alcaldes que han gobernado la ciudad, Fernández aplaude la gestión que hizo Clos de Ciutat Vella como regidor y que le acabó catapultando a la alcaldía, aunque critica su "mala gestión" del Fòrum de les Cultures. De Hereu subraya que tenía muy claras las ideas en materia de seguridad y opina que si no hubiera dejado el acta de concejal en 2011, probablemente hubiera podido volver a ser alcalde tras un mandato en la oposición.

COLAU, "UN PASO FUGAZ"

De Trias, destaca los avances sociales que se produjeron durante su mandato -con la ayuda del PP-, pero critica sus "complejos ideológicos para muscular Barcelona ante el populismo de Colau". Precisamente, la actual alcaldesa es la que se lleva las peores críticas de Fernández. "El suyo debería ser un paso fugaz por el Ayuntamiento. No ha concretado ningún proyecto que ha impulsado. Colau solo ha gesticulado. Desde el primer día ha estado más pendiente de volver a ganar las elecciones que de gobernar".   

Fernández echa la vista atrás, a los años 80. Acababa de llegar la democracia y en la ciudad todo estaba por hacer. Algunos barrios, como Trinitat Vella, estaban muy castigados por la pobreza, Barcelona tenía que abrirse al mar, Ciutat Vella estaba tomada por la droga y la delincuencia... "Los Juegos Olímpicos fueron el instrumento para hacer muchos cambios. No fueron el objetivo. Los Juegos fueron una realidad que se supo leer y sentaron las bases de la Barcelona actual".

"PAZ OLÍMPICA"

Entre 1987 y 1991, el gobierno municipal y la oposición firmaron "la paz olímpica" para que juegos pudieran ser una realidad. La colaboración del PP fue decisiva para poner en marcha la transformación del Port Vell y el plan de hoteles de 1988. Sin embargo, de aquellos años, Fernández critica la poca implicación de la Generalitat en inversiones. "La plaza de Sant Jaume eran dos bandos enfrentados, Ayuntamiento y Generalitat".

Casi tres décadas en el Ayuntamiento ha dado para muchos momentos. El concejal guarda como uno de los más emotivos la ceremonia de inauguración de los Juegos Olímpicos, "la flecha de Rebollo encendiendo el pebetero, pero, sobre todo, la entrada del príncipe Felipe con la bandera de España". Y a nivel político resalta la aprobación de la Carta Municipal de Barcelona, una especie de constitución local, que otorga a la ciudad -Madrid también la tiene- un régimen jurídico especial, y los nueve concejales que el PP logró en las municipales de 2011 y que permitió a Trias gobernar con cierta comodidad.

Alberto Fernández con el alcalde Pasqual Maragall y el por aquel entonces concejal Artur Mas en los primeros 90 / PP
Alberto Fernández con Pasqual Maragall y el por aquel entonces concejal Artur Mas en los años 90 / PP  

ATENTADOS EN BARCELONA

La tragedia ha llamado también a las puertas de Barcelona varias veces estos últimos 30 años, la última el 17 de agosto de 2017 con el atentado yihadista de la Rambla, al que se sumó otro el mismo día en Cambrils. Ambos dejaron 16 personas fallecidas y decenas de heridos. "Es el momento más dramático que me ha tocado vivir", apunta Fernández. Pero no el único. A finales de los 90 y primeros años 2000, ETA se cebó con Barcelona.

El concejal recuerda los asesinatos del exministro Ernest Luch en el aparcamiento de su casa, en la avenida de Xile, y el del guardia urbano Juan Miguel Gervilla, en Diagonal con Numància. Ambos asesinatos, con disparos a bocajarro, fueron cometidos por el Comando Barcelona, el mismo que intentó acabar con la vida de Fernández en verano de 2001. "Colocaron una maceta-bomba en la entrada de mi casa que fue desactivada por la Policía Nacional. Fue una época muy dura a nivel personal y familiar, pero también para Barcelona", lamenta Fernández que también tiene emotivas palabras para los militares y concejales populares que murieron en manos de ETA en distintas localidades metropolitanas.

REY
Alberto Fernández saluda al Rey Juan Carlos I / PP

LA GENERALITAT, "EL GRAN LASTRE"

Pese a las diferencias políticas e ideológicas, Fernández destaca de estos 30 años en el Ayuntamiento los acuerdos de ciudad alcanzados y, en general, la transparencia con la que se ha actuado. Ahora, sin embargo, opina que "se ha retrocedido en el valor de la palabra dada" y en el juego limpio. También sostiene que hay miedo a los pactos y que se trabaja para buscar réditos políticos a corto plazo, sin tener perspectiva.

El concejal popular añade que el "gran lastre" de Barcelona estas décadas ha sido la Generalitat, "principalmente por los reiterados incumplimientos en inversiones". Esta situación, asegura, ha ido a peor con el proceso independentista. "El procés ha dividido a los barceloneses. Yo quiero que Barcelona sea una gran capital del mundo, una gran metrópoli, y no una capital de una hipotética república".

OTROS JUEGOS DE VERANO

Sobre la Barcelona del futuro, Fernández defiende la necesidad de impulsar otro gran acontecimiento en la capital catalana, pero el regidor no piensa en unos Juegos Olímpicos de Invierno sino en otros juegos de verano. "Las infraestructuras ya están hechas. Madrid ya ha tenido su momento. París y Los Ángeles son ciudades que organizaron unos JJ.OO y que repetirán". También apuesta por acabar con urgencia las obras de la L9 del metro, paralizadas en su tramo central, y solucionar de una vez por todas el problema de Cercanías. Como algunos de los alcaldables que se presentan a las próximas elecciones, Fernández vislumbra una Barcelona metropolitana y aboga para que pueda proyectarse hacia Hospitalet, Sant Joan Despí o Badalona

Alberto Fernandez, durante un parlamento en los JJOO de Barcelona / PP
Alberto Fernández, durante un parlamento en los JJOO de Barcelona / PP

Gran aficionado a las motos y a los paseos por Barcelona, Fernández cita las plazas de Sant Felip Neri y del Pi, ambas en Ciutat Vella, como dos de sus rincones predilectos de la ciudad. También le gustan las vistas "de la Barcelona trabajadora" que hay desde el restaurante El Cordero, cerca de el castillo de Torre Baró, y desde las baterías antiaéreas del Turó de la Rovira, y la puestas de sol desde uno de los extremos del Port Olímpic.