El pasado día 26 de mayo, la fachada de la sede barcelonesa de Ciudadanos (Balmes tocando con La Granada del Penedès) apareció -curiosamente- pintada de color amarillo. Bueno, no toda: habían lanzado huevos con ese color que impactaron en los rostros de Inés Arrimadas y Albert Rivera, que miran al personal viandante desde las alturas de sus fotografías. Lo normal es hacer desaparecer lo antes posible los impactos amarillentos, como los responsables ya hicieron después de que el 23 de marzo se hubiese producido otro ataque, se supone que de algún CDR independententisa descontrolado -o no- para vindicar su lógica política.

Han pasado semanas del referido último ataque, pero al pasar este miércoles 6 de junio resulta que los bolazos amarillos siguen en su sitio. La cosa está clara, habrán pensado los de la sede: si cada vez que nos pintan lo despintamos, y al cabo de poco nos lo vuelven a pintar... Oye, pues lo dejamos como está, como recuerdo de lo que algunos creen que es normal en una vida política sana. ¿No?  

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