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Ni distancia de seguridad, ni mascarillas. Cada fin de semana el exclusivo restaurante Nuba de Barcelona se convierte en una auténtica discoteca. Amparados bajo la premisa de "servicio de comida", jóvenes de entre 18 y 30 años acuden al establecimiento de la zona alta para disfrutar de lo más parecido a una fiesta en un local en tiempos de pandemia. 

Tal y como se puede ver en los vídeos a los que ha tenido acceso Metrópoli Abierta, centenares de personas bailan, consumen y se relacionan entre sí en el establecimiento situado en el número 12 de la calle del Doctor Fleming. A pesar de que el restaurante delimita a sus asistentes por reservados, de los que supuestamente no pueden salir, los clientes saltan sobre los sofás, circulan por el espacio e interactúan con otros comensales. Todo ello sin guardar la distancia de seguridad, según se aprecia en los vídeos grabados este fin de semana. Los únicos que llevan mascarillas son los camareros del club del upper diagonal.

CONDUCTA IRRESPONSABLE

De jueves a domingo, bajo el nombre de La Tardecita o Linner, se realizan este tipo de fiestas anticovid. Las quejas constantes en redes sociales ante la impunidad de la organización se llevan reiterando desde finales de 2020. Muchos de los asistentes son clientes fijos cada fin de semana y entre ellos destacan instagramers o tiktokers de Barcelona como Tatiana Kisiel, Miu Miuu o Laura Gonzalez

El comportamiento de la clientela y la supuesta permisividad del staff de Nuba vulnera las indicaciones sanitarias dictadas por las administraciones, denuncian fuentes del sector. Los jóvenes tienen una conducta irresponsable: beben "a morro" de las mismas botellas de champagne, se abrazan y gritan a viva voz, sin tener en cuenta la probabilidad de transmisión del virus, como se puede ver en las grabaciones. Además, muchos de ellos empalman la farra de la tarde con fiestas clandestinas que se realizan en pisos de Barcelona. En ellas graban lo que ocurre en el interior del espacio para compartirlo en sus redes sociales, en las que también se burlan de la pandemia. 

LA RESPUESTA DEL DUEÑO

Preguntado por estos vídeos, Javier Bordas, director de Costa Este –grupo al que pertenece Nuba–, ha aclarado que representan un hecho puntual: "mantuvimos el aforo a cuatro personas por mesa, respetando la distancia de seguridad. Pero hubo un cumpleaños, se sacó el champagne y la gente se descontroló. Los empleados, al ver lo que estaba ocurriendo, pararon la música y les obligaron a sentarse". Según él, más allá de este incidente "se cumplieron las medidas sanitarias", afirma a Metrópoli Abierta. 

El empresario achaca este tipo de comportamientos a que "la gente tiene muchas ganas de salir". Bordas afea que se destinen "pocas horas a la restauración" y asegura que "cuesta controlar a la juventud". "La gente se va a fiestas clandestinas después de ir a Nuba. En el establecimiento podemos controlarles, pero fuera no. Para que no haya más problemas la restauración debe poder abrir a tiempo completo", sentencia. 

EL IMPERIO BORDAS JUEGA CON FUEGO

Este tipo de comportamientos no son un caso aislado. Desde el inicio de la pandemia, los empresarios han jugado con fuego, rozando los límites, para seguir facturando bajo un ambiente festivo.  

Sus discotecas se han convertido en restaurantes y sus cenadores en locales de ocio con una finalidad común: ofrecer un ambiente de club nocturno "dentro de las restricciones". Según explicaron algunos asistentes a Metrópoli Abierta, en ocasiones "han acogido a más público del permitido legalmente".

FIESTAS CLANDESTINAS

A principios de año, una fiesta clandestina con casi 70 personas en el restaurante Cachitos de la Rambla de Catalunya hizo que la reputación del grupo Costa Este se viera afectada. La Guardia Urbana impuso 67 denuncias y cerró el restaurante, no sin antes sancionar al local por hacer peligrar la situación sanitaria en la capital catalana. El establecimiento gastronómico situado en el número 33 de la vía barcelonesa había abierto sin consentimiento a las 21.00 horas de la noche, cuando el sector de la restauración lo tenía prohibido. Al evento ilegal acudieron influencers reconocidas como Julieta Padrós o Ares Aixala, entre otras. 

Otros locales de la familia Bordas han sido señalados por permitir fiestas fuera de control durante la pandemia. En Opium o en Astoria, dos de los clubes más prestigiosos de la ciudad, los clientes bailaban y se desplazaban sin mascarilla ni distancia de seguridad, tal y como informó este medio el pasado mes de diciembre. 

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