“No son accidentes de tráfico, son accidentes laborales”. Con esta explicación de Núria Soto, del colectivo Riders por Derechos, empieza el vídeo que recuerda a Pujan, el repartidor nepalí –colaborador de Glovo– que falleció arrollado hace unos días en Barcelona. Decenas de trabajadores de estas aplicaciones se han solidarizado con el compañero y han pedido más garantías a las empresas.

“La precariedad de estas aplicaciones no tiene límites”, dice uno de los colaboradores en el vídeo. Tras varias protestas en Barcelona, frente a la sede de Glovo, e incluso en Valencia, ahora la propuesta ha ido más allá. Desde Escocia, Inglaterra, Finlandia, Italia, Chile, China, Argentina o Alemania… Cada uno en su idioma, cuentan sus experiencias personales y gritan bien alto que todos son Pujan a través de una grabación casera.

 

 

Según los trabajadores, las compañías no dan formación ni aportan equipos de protección. Tampoco controlan el correcto estado de las herramientas de trabajo (bicicletas y motos, por ejemplo), ni someten a los repartidores a un reconocimiento médico para determinar si son aptos. Ahora están estudiando acciones legales por "el incumplimiento de riesgos laborales”. 

Después de la tragedia, la empresa que dirige Òscar Pierre, Glovo, aseguró en un comunicado que Pujan "no estaba registrado como repartidor" y que "el hecho de que llevara una mochila de Glovo hace suponer que pudiera estar utilizando la cuenta de un tercero". De hecho, tal como informa este medio, la misma empresa admitió que existe subcontratación de cuentas e intentó ocultar la imagen del joven fallecido en todo momento.

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