Cerdà proyectó Via Laietana como una válvula que permitiera la circulación desde el entonces incipiente corazón de la ciudad, el Eixample, hasta desembocar en el mar. Un siglo después, la arteria diseñada para unir y oxigenar se ha convertido en una cicatriz que divide Ciutat Vella y ahoga a los que la viven a diario. Vecinos y comerciantes llevan años exigiendo una actuación que acabe con el exceso de tráfico, los disparados volúmenes de contaminación ambiental y sonora y sus escuetas aceras.

Aunque el consistorio cambie de color, la posibilidad de una remodelación nunca acaba de pasar de las promesas electorales. La última de ellas, la de los 'comuns', que se comprometieron a elaborar un proyecto de reforma pero descartaron cualquier intervención en la vía para esta legislatura. La concejal del distrito, Gala Pin, consideró que la remodelación “no era una prioridad”, comenta el portavoz de la Associació de Veïns i Comerciants de Via Laietana. Así que desde la plataforma respondieron con una recogida de firmas en la que 150 instituciones confirmaban lo contrario.

CONTAMINACIÓN AMBIENTAL Y ACÚSTICA

Frente a importantes remodelaciones del entorno urbanístico de grandes vías urbanas como Diagonal, Passeig de Gràcia o Passeig de Sant Joan, “nuestra Via Laietana ha sido la gran olvidada por la Administración", achacan desde la asociación de comerciantes. La primera intervención que reclaman con carácter de urgencia es la eliminación de un carril -y concretamente el central- una prioridad si se quieren reducir los niveles de contaminación por vehículos y ensanchar las aceras.

Hace más de un año se llegó a pensar que podía ser el momento idóneo para hacerlo después de que la eliminación de la parada de autocares de Ramon Berenguer ayudara a descongestionar la arteria, pero no fue así. Por eso, la plataforma ya criticó en su momento que el consistorio pretendiera reducir drásticamente la polución de Barcelona y sin embargo no contemplara la situación de Via Laietana.

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A este volumen de tráfico hay que sumar el ruido. Según un informe independiente encargado por la misma asociación, la contaminación acústica de la vía sobrepasa los límites recomendados por la Organización Mundial de la Salud e incluso, en algunos tramos, la triplica. “El alboroto es constante; cuando estás en casa parece que sigas en la calle”, comenta Mauricio, vecino de Via Laietana, que considera que hoy en día vivir en esta calle “es una auténtica locura”. 

UNA VÍA DE PASO 

La mayoría de transeúntes que deambulan por esta arteria no tardan en abandonarla por otra calle. Los esfuerzos de un maestro de la escuela Roser Capdevila de Sant Joan d'Espí por encauzar la riada de niños por sus escuetas aceras se aprestan titánicos. Pero ellos tampoco se quedarán mucho rato en Via Laietana, se dirigen a la Catedral.

Esta es una vía de paso; son pocos -y la gran mayoría turistas- los que la atraviesan de principio a fin. “Como barcelonés, nunca elegiría Via Laietana para dar un paseo”, comenta Eduard Miró detrás del mostrador de un estanco. Para encontrar el principal causante de que la arteria no invite a pasear distendidamente no hay que indagar mucho, basta con echarle un ojo a la dimensión y el estado de sus aceras.

"Es muy triste que en una calle tan emblemática y majestuosa tengamos socavones como los que tenemos", remarca González, que además advierte tanto de la necesidad de un mejor alumbrado para la vía como de la falta de papeleras.

La suma de todos estos factores no solo convierte Via Laietana en un territorio hostil para pasear, sino que también la vacía progresivamente de comercios y vecinos. La calle acumula negocios que han bajado la persiana y locales en desuso que llevan años llenándose de polvo. Por eso, González insiste en que la remodelación no es solo una prioridad para mejorar el aspecto de la vía sino también para proteger su tejido.