Es martes por la tarde. Las persianas del Centro Social Autogestionado Can Vies se abren. Dos chicas preparan un taller y un chico hace pequeños arreglos en la sala principal. El movimiento en la casa es constante, con la programación de todo tipo de actividades: desde clases de costura hasta de artes marciales. Atrás queda el brote de violencia de hace más de dos años, cuando se inició la demolición de la casa el 26 de mayo de 2014 y fue detenida por el colectivo con la quema de la excavadora que, antes, había derribado una parte de la estructura que, aún hoy, queda al aire libre.

La aparente calma que se respira, sin embargo, no esconde un problema enquistado desde hace mucho tiempo entre los ocupantes de la casa y una parte de los vecinos del barrio, molestos con los ruidos de los conciertos y fiestas que montan. Reclaman, además, el desalojo y derribo de Can Vies para que se cumpla el proyecto urbanístico aprobado en 2006.

LAS AGRUPACIONES VECINALES

Son varias las agrupaciones vecinales que trabajan sin éxito para convencer al Ayuntamiento de que mueva ficha. Hace apenas unos días, la antigua plataforma Adéu Can Vies, ahora llamada Volem el projecte aprovat de la coberta de les vies de Sants, entregó una carta a los distintos grupos políticos para pedir el cumplimiento del plan consensuado hace más de una década para urbanizar los alrededores del cajón de Sants y que implica la eliminación de Can Vies.

“El Ayuntamiento está parado y con el proyecto que se aprobó, que es lo que la mayoría decidió en su día. Nos quejamos de que haya un proyecto que no se pueda hacer porque unas personas han decidido ocupar este espacio cuando es de todos”, reclama Josep Rafel, presidente de la plataforma.

A la petición de esta agrupación se ha sumado la asociación de vecinos de Badal, Brasil y la Bordeta. Piden, además, que en el lugar donde se alza el edificio de Can Vies se haga un centro cívico o un lugar para acoger a personas sin techo o refugiados, pero regulado por la administración y en condiciones.

“La obra cultural que hacen en Can Vies es prácticamente nula. Lo único que hacen es vivir allí y organizar fiestas, los vecinos están hartos de ruidos y problemas con ellos y por eso quieren que se vayan”, lamenta Alfredo Martínez, presidente de la Asociación de Vecinos de Badal, Brasil y La Bordeta.

SIN DIÁLOGO CON LOS MEDIOS

El colectivo de Can Vies, sin embargo, se mantiene impasible. Tras el desalojo frustrado, retomaron la actividad en la casa en octubre de 2015 y, según reconocen varios vecinos, los ruidos se han moderado últimamente en una casa ocupada desde 1997. Actualmente, el colectivo rechaza cualquier diálogo con los medios de comunicación.

Can Vies carta
Imagen de Can Vies y la carta de las asociaciones de vecinos

Desde el Ayuntamiento, mientras, aseguran que trabajan en la elaboración de un proyecto para lograr una solución de consenso para todas las partes: “El compromiso del gobierno municipal es hacer compatible el desarrollo del proyecto urbanístico del cajón de Sants con la preservación de Can Vies”. Y añaden que “queremos encontrar una solución dialogada y consensuada que nos permita ejecutar la construcción de la pasarela de acceso al parque y, a la vez, preservar el edificio y las actividades que se realizan allí, puesto que creemos que aportan unos valores sociales y de cohesión muy importantes para el barrio”.

RECLAMAN CELERIDAD

Sin embargo, el sector de vecinos más molesto reclama celeridad. “El Ayuntamiento está incumpliendo la ley, porque los okupas no tienen permisos para hacer obras, no son inquilinos, son personas que están en una espacio de forma ilegal, que pinchan la luz…”, esgrime Rafel, quien sentencia de forma tajante: “Hay un problema que se debe afrontar”.

El tiempo pasa y las soluciones no llegan. Y el recelo entre los vecinos sigue creciendo a la espera de que el consistorio medie y encuentre la fórmula perfecta de cohesión, si es que existe, en un barrio dividido por la vía del tren… Y por un conflicto que parece irreconciliable.

“Lo más justo sería hacer un referéndum en el barrio para saber qué opinan todos los vecinos sobre este tema”, concluyen desde la Asociación de Vecinos de Badal, Brasil y La Bordeta. Por ahora, sin embargo, aseguran que cuando han propuesto esta solución a los políticos han hecho oídos sordos. Todo indica que, de momento, deberán seguir esperando.

El miércoles hay clase de yoga.