No está siendo un curso fácil para los miles de universitarios barceloneses que afrontan su año de formación en medio de una pandemia que, de momento, les mantiene alejados de las clases. Muchos se sienten indignados por el telestudio porque conlleva una pérdida de calidad. Critican que las facultades no se han adaptado al mundo digital.

"El que se supone que debe ser el mejor período de tu vida está siendo muy difícil, te sientes muy sola", explica a la Agencia efe Ona, una estudiante menorquina que ha llegado este curso a Barcelona para estudiar Humanidades en la Universidad Pompeu Fabra (UPF). Esta muchacha afirma que aunque está agradecida de haber podido comenzar el curso, siente que "no están aprendiendo como toca" y que solo ha podido conocer a una pequeña parte de sus compañeros, lo que dificulta el poder hacer amigos y crear una red de apoyo en la ciudad.

20 MILLONES DE EUROS EXTRAS

En Cataluña, el cierre de bares y restaurantes suponía una nueva limitación para frenar la pandemia que se añadía a la suspensión de las clases universitarias presenciales desde el 15 de octubre por un período de 15 días. La Generalitat destinará 20 millones de euros del fondo de contingencia en las universidades para atender el incremento de gasto no presupuestado a consecuencia del impacto de la crisis sanitaria.

Cristina Gelpí, vicerrectora para proyectos de docencia de la UPF, asegura a Efe que se diseñó "un plan de acompañamiento y acogida para compensar la falta de contacto" que los alumnos de primero tendrían entre ellos y con la universidad, y que también se planificó "una presencialidad más alta" para estos cursos. Los alumnos temen que la suspensión de clases presenciales se alargue durante más de dos semanas. 

GASTOS EN ALQUILER Y TRANSPORTE

Ona señala que "pagar un alquiler en Barcelona supone un esfuerzo que no se ve compensado cuando se va una vez por semana -o ahora ninguna- a la universidad", y lo mismo sucede con el precio elevado de los bonos de transporte para aquellos estudiantes que se desplazan a diario desde fuera de la ciudad.

A pesar de todo, la mayoría de alumnos entienden que la situación sanitaria es complicada y aceptan con resignación el incremento de la virtualidad en sus clases, pero no están, ni de cerca, satisfechos con ellas. Laura estudia el tercer curso de Educación Social en la Universitat de Barcelona (UB) y es contundente: "Los errores del confinamiento se siguen repitiendo. No pueden pedirnos que hagamos seis horas de clase en línea cada día porque hay poca interacción, nos saturamos de información y cuesta seguirlas".

DESMOTIVADOS

Está de acuerdo con ella Lúa, estudiante de Periodismo y Humanidades en la UPF, que comenta que estando en casa se distrae mucho más y que a través de una pantalla le resulta más complicado participar y, en definitiva, hace que "no esté motivada con la carrera". Lúa apunta también que, a su juicio, uno de los principales problemas es que "la mayoría de los profesores no están familiarizados con la plataforma" que se usa para dar las clases en línea, lo cual retrasa a menudo el inicio de las sesiones.

Es fácil encontrar testimonios de estudiantes que aseguran que sus clases virtuales se retrasan por la impericia de los profesores, a los que muchas veces no se les oye bien por cuestiones técnicas o porque simplemente no dominan el medio. Desde las universidades aseguran que los profesores recibieron formación desde antes del inicio de curso para adaptarse al nuevo formato.

CLASES VIRTUALES

El rector de la UB, Joan Elías, explica que se han hecho actividades de formación a los docentes, aunque "no toda la que querríamos", si bien la vicerrectora de la UPF, Gelpí, asegura que en su universidad tienen un plan de formación con "acompañamiento técnico y metodológico constante". Hay profesores que rechazan grabar las clases con el argumento de que "las clases presenciales tampoco quedan grabadas". Sin embargo, el rector de la Universidad de Barcelona admite que "a pesar de que esto es cierto, la recomendación es que todos los materiales en línea estén disponibles en la red".

¿Por qué se producen estos problemas, qué falla en la educación universitaria? Elías explica que la UB ha tenido que hacer una gran inversión este curso, y que solo desde el rectorado "se han gastado unos 600.000 euros para adecuar las infraestructuras de las aulas" y que "aún harían falta unos dos millones más". Gelpí afirma que este no ha sido el caso de la UPF, porque cree que el grado de digitalización "es alto porque llevaban 10 años de inversiones", aunque coincide con Elías en que se ha tenido que hacer una inversión con la compra de ordenadores portátiles para contribuir a reducir la brecha digital.

UN MODELO PRESENCIAL

Sin embargo, ambos coinciden en que las universidades están pensadas y preparadas para la presencialidad, que es "su fortaleza y es insustituible". Hasta que llegue el día en que pueda recuperarse por completo, Elías reconoce que solo realizan "acciones para salir del paso".

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