El impacto del turismo en la economía de Barcelona crece a un ritmo imparable. Las compras de los 33 millones de visitantes que cada año pasan por la ciudad ya se sitúan cerca de los 2.000 millones de euros y representan casi el 20% de la facturación total de los comercios, según un estudio de RBD Consulting encargado por Barcelona Oberta.

Si a esto se suman el gasto en restauración y alojamiento, la cifra se dispara hasta los 9.700 millones de euros anuales. “El turismo de compras es esencial para la ciudad”, ha declarado el presidente de Barcelona Oberta, Gabriel Jené. El comercio barcelonés, que tiene una “diversidad y una singularidad que no se encuentra en otros sitios”, afronta muchos retos, pero uno de los más importantes, según Jené, es que sea capaz de transformarse “para que beneficie a toda la ciudad”.

El estudio, titulado “El impacto socioeconómico de las compras turísticas en la ciudad de Barcelona”, identifica cuatro zonas de intensidad de compras según el porcentaje de la facturación que representan las compras de los turistas. Las zonas de intensidad alta y muy alta, en el centro de Barcelona, obtienen un 34% de su facturación de los turistas, aunque en las zonas de mayor intensidad este porcentaje se dispara hasta el 65%.

Según los datos de RBD Consulting, unos 1.200 comercios del centro de Barcelona (Rambla, Portal de l'Àngel, Born, Porta Ferrissa) se verían obligados bajar la persiana si no fuera por las compras de los turistas, mientras que otros 2.400 tendrían serias dificultades para mantenerse a flote.

TURISMO DE CALIDAD

Roger Gaspa, socio de RBD Consulting, ha destacado que el turismo de compras (travel retail) es una gran oportunidad para el comercio. “El reto como ciudad es que los turistas gasten más en Barcelona que en París o en Milán. El debate sobre el turismo no debería centrarse en 'turismo sí o turismo no', sino en qué tipo de turismo queremos”.

Según el consultor, el turismo de compras es de más calidad, familiar, con un alto poder adquisitivo y con grandes inquietudes respecto a la oferta comercial, gastronómica y cultural del destino, aspectos en los que Barcelona es puntera. “Los grandes mercados emergentes como China tienen como gran inquietud las compras y en este aspecto competimos en igualdad de condiciones de partida con el resto de ciudades europeas”.

Ninguna ciudad europea tiene el puerto a menos de 2 kilómetros y el aeropuerto a menos de 10 kilómetros del centro de la ciudad, señala Gaspa, y es un aspecto que los turistas valoran mucho a la hora de hacer planes. Para el consultor, la mejor manera de capitalizar esta oportunidad es potenciar ejes comerciales fuera del centro, en especial Glòries-Poblenou, la Ruta Modernista del Eixample Dreta i Avinguda Gaudí, el Gaixample y la zona de Plaça Espanya-Paralel, y luego crear dos ejes de conectividad (Diagonal y Gran Via) para crear un tejido comercial a nivel de la ciudad.