La campaña contra el turismo masivo de la CUP no ha hecho más que empezar. El asalto a un autobús turístico este lunes por parte de varios militantes de la organización extremista Arran es sólo el inicio de una dura campaña que irá a más durante las próximas semanas. A esta campaña se van a sumar ahora “toda la izquierda independentista, encabezada por la CUP”. Será este partido el que durante los próximos días protagonizará “una acción muy visual y tocacojones contra el turismo masivo”.

Fuentes de la formación radical explican a Metrópoli Abierta que “no abominamos del turismo en sí, sino del turismo masivo de consumo, que destroza Barcelona. Nos quejamos de que utilizan los recursos de la ciudad sin dar nada a cambio. Creemos que las colas en los monumentos tienen que pagar impuestos. Y lo mismo los negocios de bicis para turistas, que ocupan incluso espacio público y que deberían tener un impuesto como los bares”.

La fuente declina explicar en qué consistirán las próximas acciones antiturismo, pero asegura que serán “sonadas”. “Lo que no queremos es que la ciudad se convierta en un parque temático”, subrayan. La última acción llevada a cabo en Barcelona, este lunes, supuso colgar una pancarta en un bus turístico con el lema “Paremos la masificación turística en los Països Catalans”. Los protagonistas fueron dos jóvenes que subieron al autobús, desplegaron la pancarta mientras abrían dos botes de humo ante la mirada desconcertada de los turistas y, acto seguido abandonaban el lugar, tras hacerse la foto de rigor que colgar en las redes sociales. Una acción similar fue llevada a cabo simultáneamente en Valencia.

CRITICAS A LOS COMUNES

Los cupaires reclaman la abolición de los apartamentos turísticos y la limitación de visitas a espacios saturados, por ejemplo. Pero también que los beneficios del turismo reviertan en la población barcelonesa. Esta acción sería mediante un impuesto netamente municipal, “con retorno social y no destinado a la promoción turística”. También piden la progresividad fiscal “según temporada, masificación y tiempo de estancia”. Asimismo, reclaman que los barrios se impliquen en la planificación y la gestión turística y que se recuperen espacios públicos para los vecinos, ya que consideran que el turismo roba a éstos el derecho de gozar de la ciudad por la “explotación privatizada de la vía pública”. Uno de los ejemplos más paradigmáticos es el uso que se hace del Parc Güell, que ha sido hurtado a los barceloneses para convertirlo en poco menos que una atracción de feria enfocado al consumo del turismo que llega a la capital, según denuncian los propios cupaires.

Desde las filas de la CUP se arremete con dureza contra el posicionamiento de Barcelona en Comú (BeC). “BeC estuvo toda la vida reclamando un turismo sostenible y ahora se escandalizan por las acciones que llevamos a cabo -critican-. ¡Pero si lo que hacemos ahora nosotros es justamente lo que hacían ellos hace tres años! Barcelona en Comú acaba de decir en el Ayuntamiento que no se puede aceptar ningún ataque contra intereses turísticos. Y que lo diga Barceloan en Comú es indecente”.

No se quedan ahí las críticas. Un dirigente de la CUP señala que “la propia Ada Colau daba alas a la Asamblea de Barrios por un Turismo Sostenible antes de ser alcaldesa. Entonces era ella quien proponía acciones radicales en contra del turismo masivo. Pero ahora es la primera en condenarlas. No tiene nombre el que condene que unos chavales hayan parado durante media hora un autobús y hayan desplegado una pancarta, cuando no se produjeron daños en el vehículo ni hubo altercados con ciudadanos”.

EL DILEMA DE ESQUERRA REPUBLICANA

Esta fuente añade que esa misma Asamblea de Barrios es la que ahora participa en las acciones para reivindicar un turismo sostenible, con el que antes estaba comprometida la alcaldesa y su equipo. Pero no es sólo eso: también dirigen sus dardos hacia Esquerra Republicana de Catalunya (ERC). “Resulta que las juventudes de ERC también tienen su propia campaña, que dice: ‘Guiri, no nos expulses’. Pero, cuando se trata del Ayuntamiento, hacen piña con el equipo de gobierno, con lo que condenan lo que hacen sus propias juventudes. Es de una incongruencia total”.

La CUP reivindica que el Ayuntamiento se implique en un “turismo responsable”. De ahí que el pasado año propusiese cuatro tasas destinadas al turismo: una, por la utilización del espacio público en visitas turísticas guiadas; otra por utilizar la vía pública en el alquiler de bicicletas y otros vehículos de movilidad personal; una tercera por la ocupación de aceras y espacio público en general cuando se formen colas de acceso a recintos, como en la Sagrada Familia, la Pedrera, el Camp Nou o discotecas; y una cuarta por el uso de espacios reservados para aparcamientos de autocares, regulando el número de autocares turísticos en determinadas zonas de la ciudad.

El verano pasado, también propuso la disolución del Consorcio Turisme de Barcelona, un organismo en el que participan también la Cámara de Comercio y la Fundación Barcelona Promoció, un ente en el que el Ayuntamiento destina cada año casi 7 millones de euros. Ninguna de las medidas fue aprobada. Pero la CUP sigue con su estrategia particular y ahora pasará a la acción directa tomando parte en las acciones contra el turismo masivo que se lleven a cabo próximamente.