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“Si te quedas un rato por aquí seguro que los ves. Y vigila con la mochila”. Así es como el trabajador de uno de los establecimientos de la plaza del Àngel se expresa en una conversación con Metrópoli Abierta del grupo de jóvenes que ha convertido este lugar, situado en una de las salidas de la parada de metro de Jaume I, uno de los puntos calientes de delincuencia de Barcelona. Es en este mismo espacio donde la semana pasada se desencadenó una pelea con sillas voladoras.

MODUS OPERANDI

Trabajadores de tres comercios distintos de la zona han confirmado que los carteristas tienen apariencia de menores: son unos 15 que “llevan meses” repartidos por distintas esquinas de la plaza perpetrando hurtos y casi siempre siguen el mismo modus operandi. “Suelen sentarse en los bancos o rondar de un lado a otro para localizar potenciales víctimas. No roban a todo el mundo, sino que suelen fijarse en los turistas, que van más despistados. Aunque hace unas semanas robaron a los albañiles del metro un martillo eléctrico y un taladro, y se cree que fueron ellos”, detalla J.R., también trabajador de un local de la plaza. 

A pesar de que J.R. y la trabajadora de otro establecimiento, A.B., aseguran que normalmente suelen robar sin que nadie se percate al momento, otro empleado de la zona asegura que algunos se ensañan con agresividad. Algo que intuye que ocurre porque estos delincuentes “son nuevos” en la ciudad. “Antes los ladrones robaban al despiste, ahora les da igual y lo hacen con violencia. Te cogen directamente la cadena de oro del cuello o te arrancan el móvil de las manos. Hace poco salió un cliente de aquí y le robaron una bolsa”, dice y, acto seguido, una compañera suya de avanzada edad evidencia cómo algunas personas se mueven con miedo por este punto del centro de la capital catalana. 

“Mira qué corto es el tramo que tenemos que caminar de la salida del metro a la puerta del establecimiento, ¡pero yo voy con miedo!”. Su cara denota que no pasa día sin que la acompañe esa incertidumbre bajo la que cuelga la incógnita de si volverá a escuchar que se ha cometido un nuevo delito. “¡Ayer robaron cerca de aquí al embajador de Afganistán!”, agrega otro empleado del mismo comercio, que no es el único que ha presenciado como ahora hay ladrones que actúan con más violencia.

Desde un local situado en la acera de enfrente, una trabajadora relata que “el otro día, ocho chicos", que desconoce si son "los mismos de siempre", intentaron robar el móvil a una viandante. Ella no se dejó y ellos acabaron desistiendo. Pero cuando se marcharon ya le habían propinado varios golpes. La mujer que cuenta este suceso muestra la satisfacción que le ocasiona saber que la joven evitó ser robada pero, al mismo tiempo, no puede evitar mostrar la tristeza que le deja haber presenciado una escena así. Todavía lo recuerda con incredulidad. 

APROVECHARSE DEL FREE TOUR

Salir a fumar a la plaza en sus horas de descanso es lo que ha hecho que A.B. sea capaz de identificar a los delincuentes: “Te acabas dando cuenta de quiénes son por su forma de mirar. Todo el rato se fijan en qué lleva la gente encima con una actitud vigilante”. Para ella, una de las razones por las cuales han convertido este espacio en una plaza atestada de robos y hurtos es porque es una de las paradas de los free tours que se ofrecen a los turistas en la ciudad. “Les he visto localizar a potenciales víctimas del free tour y, cuando estas se separan del grupo para ir a calles menos transitadas, les siguen y les roban”, apunta la trabajadora. “Aprovechan que por esta plaza pasa mucha gente y pueden robar con facilidad”, añade otra.

La última particularidad que los trabajadores de esta plaza han detectado sobre la forma de delinquir de estos jóvenes es que, a veces, dejan rastro de los hurtos cometidos. Uno de ellos se ha encontrado carteras vacías en las sillas a la hora de recoger la terraza de la cafetería y J.R. ha visto varias en el espacio en obras de la salida del metro. Y aunque en ese caso consiguen dar con la cartera no siempre pueden localizar al propietario. “Esta mañana hemos visto una. Siempre alertamos a los jefes de la estación, pero hay veces que no tienen DNI ni ningún documento que le identifique. Y eso hace que sea imposible dar con la persona que fue robada”, sentencia J.R. para dar fin a esta conversación. Es momento de volver a trabajar.