La siguiente historia tiene lugar en el Raval. Aquí, la solidaridad viaja con fluidez y se contagia con facilidad. Ha sido entre las callejuelas de uno de los barrios más golpeados por la pandemia, donde el compañerismo, la empatía, y la fraternidad por ayudar se han revelado con más fuerza. Estas semanas la crisis económica derivada de la sanitaria ahoga a unos vecinos instalados en una precariedad que estos días muta en una pobreza alarmante.

Desde finales de marzo las máquinas de coser no se han detenido. Inmigrantes sin papeles, invisibles ante la administración, sin comida, casa ni trabajo redifineron la palabra solidaridad cuando se pusieron a tejer mascarillas y batas para los sanitarios. El resultado: 14.000 protecciones repartidas en un mes y  medio. Detrás de la iniciativa: el Sindicato Popular de Vendedores Ambulantes de Barcelona

INTERCAMBIO 

Aziz Faye y Loreto Almirall se conocieron durante la pandemia. El primero es portavoz del sindicato de manteros. La segunda, gerente de Ortopedia Almirall, comercio de Barcelona con 84 años de historia. Se hablan con sinceridad, de tú a tú. Faye quiere empezar a vender el material sanitario que una cuarentena de inmigrantes africanos fabrican en el taller de la marca Top Manta. "¿12 euros por una mascarilla? Váis muy caros eh Aziz", le suelta ella.

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Los costureros del sindicato de manteros trabajaban este jueves a pleno rendimiento / G.A

Una vez por semana al terminar el trabajo en su negocio de l'Eixample, Loreto se mete con su coche por las estrechas calles del antiguo barrio chino hasta llegar a la calle Picalquers. Allí, en la esquina con la calle Roig, nació hace dos años Top Manta, una marca que busca regularizar a los vendedores ambulantes consiguiéndoles un contrato de trabajo. La firma da trabajo de momento a siete personas y su colaboración con otras entidadas ha permitido regularizar a centenares de inmigrantes.

350 FAMILIAS 

Papalayee la recibe con una cálida sonrisa. Entre los dos llevan cinco bolsas de comida hasta el local desde donde venden camisetas, jerséis y otras piezas de ropa de la marca. La crisis ha detenido las ventas, también en Internet. 

Hace unas semanas Loreto y Aziz sellaron su pacto de solidaridad. Ella contribuiría a engrosar el banco de alimentos mantero que durante la pandemia ha llegado a 350 familias. A cambio, él le entregaría mascarillas y batas para repartir entre residencias, clínicas y hospitales. Gracias a esta colaboración, la empresaria ha distribuido unos 6.000 kilos de protecciones por el área metropolitana de Barcelona. 

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Loreto lleva bolsas de comida hasta la tienda Top Manta del Raval / G.A

Hace unas semanas convenció a un grupo de amigas para que le ayudaran a confeccionar bolsas con alimentos. Impactada por el trabajo de Aziz y el resto de manteros, esta comerciante se ha volcado en colaborar con el sindicato. Cuenta que aportando su granito de arena ha conocido a mucha gente interesante. "Todos ellos me han aportado muchísimo más de lo que puedo haber aportado yo", comenta. 

Ha presenciado homenajes de bomberos a residencias, escuchado las trágicas historias de las enfermeras. Pero también le ha impresionado el altruismo de un grupo de inmigrantes sin papeles para quien solo tiene buenas palabras y muestras de cariño. "Este es un momento clave para ayudarles por lo que han hecho por nosotros". Loreto pide a las administraciones que escuchen al colectivo del top manta. "Lo que quieren es trabajar. Todos nos necesitamos", insiste.

REPARTO DE MATERIAL

La cuenta de Instagram de Almirall es testigo de las excursiones incansables en solitario repartiendo material sanitario por diferentes municipios. "Todo esto me ha costado broncas en casa, por si caía enferma. Pero lo volvería a hacer 25.000 veces", dice.

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Dos mujeres con vestidos tradicionales africanes confeccionan mascarillas en el taller del sindicato de manteros / G.A

Hace días que empezaron a caer las donaciones económicas y de alimentos, así como la cantidad de tela con la que trabajan los manteros. Desde un sofocante taller, a unos metros de la tienda Top Manta, Aziz explica los planes futuros del sindicato. Casi dos meses después, la solidaridad de los 40 costureros ya no es sostenible. Ahora, los manteros quieren entrar en una fase comercialmy empezar a vender las mascarillas y las batas.

ASFIXIA ECONÓMICA

"Nos quedamos sin recursos. Es muy caro mantener el material y a las personas que vienen aquí de manera voluntaria. Ellos viven del banco de alimentos que subministramos y una quincena de ellos, que vienen de fuera, les compramos los billetes de transporte", describe. 

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Papaulai y Loreto, delante de la tienda del sindicato de manteros / G.A

La pandemia ha asfixiado por completo los ingresos que los vendedores ambulantes recibían en la calle. "Están viviendo una crisis sobre otra crisis", resume Aziz. Con un posible fin del estado de alarma en unas semanas, los manteros reclaman una salida al Ayuntamiento y al resto de administraciones, nuevas respuestas, una ayuda eficaz que les permita regularizarse y tener un trabajo digno.

UN FUTURO DIGNO

Cuenta el portavoz de Top Manta que contribuir fabricando material sanitario ha sido una manera de luchar contra el "racismo institucional". Un modo distinto de que el colectivo llegue a la ciudadanía. "La mirada sobre nosotros siempre ha sido negativa. Somos los pobres africanos que venimos aquí a robar. A nadie le interesa nuestra historia", explica.

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Ejemplar de mascarilla de la marca Top Manta / G.A

El mensaje al Ayuntamiento y al Gobierno es claro. "No hay que permitir que estas personas vuelvan a la calle con el riesgo que conlleva. No podemos hablar de una renta mínima para el resto de ciudadanos sin tener en cuenta a los sin papeles, a los que viven peor, sin casa", reclama.

Aziz agradece el "cariño" que siente en las publicaciones que su nueva amiga sube a las redes sociales. "Para nosotros también forma parte de la lucha, visibilizar la realidad que vivimos. Personalmente valoro mucho más la manera en como te trata alguien cuando te considera como una persona normal, como cualquier otra que el hecho de regalar dinero o comida".

En esta nueva etapa, el sindicato busca proveedores y recibir algún ingreso. Pero Loreto quiere más y reclama una solución duradera a largo plazo que afecte a todo el colectivo mantero. "De aquí no se van a marchar, quieren trabajar y debemos ayudarles. Quiero que se les pueda ayudar", clama la empresaria.

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Un grupo de costureros fabrican mascarillas y batas en el taller del Sindicato Popular de Vendedores Ambulantes / G.A

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