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Nadie estaba preparado. Nunca lo estaremos. La tragedia –como todas– nos pilló por sorpresa. A los turistas, a los barceloneses, a los médicos, los taxistas, las autoridades, la policía. Cada uno actuó como bien pudo y supo. Los atentados yihadistas que sacudieron Barcelona y Cambrils se saldaron con 16 muertos y centenares de heridos. Nadie lo olvidará.

Cristóbal García fue uno de los primeros agentes de los Mossos d'Esquadra en llegar a las Ramblas. A las cinco menos diez de la tarde, momentos antes de la tragedia, estaba haciendo labores de seguridad ciudadana en la calle del Carme. Entonces escuchó en la emisora que estaban atropellando a personas. Era Younes Abouyaaqoub, cuando atentó con una furgoneta alquilada en La Rambla.

MIEDO E INCERTIDUMBRE

“Nadie te prepara para afrontar un tema como este”, declara el mosso en EFE. "Lo del miedo lo piensas 'a posteriori'. Ayudar a las personas es innato, te sale solo", confiesa. Después de oír el mensaje en la emisora, él y sus compañeros dejaron el coche patrulla cruzado en la calle para impedir que los terroristas pudieran seguir la marcha por esa vía. Entonces vieron a mucha gente salir corriendo del mercado de la Boqueria, por la parte trasera, y entraron con su arma reglamentaria.

"No sabíamos muy bien cuál era la amenaza, cuántas personas había, qué estaba pasando. Vimos a gente tumbada en el suelo por miedo, temblando, algunos se habían escondido dentro de las paradas, que estaban cerrando", recuerda acongojado. Sin embargo, la imagen se volvió más cruda cuando salió fuera, a la altura de las Ramblas. "Había muchas personas tiradas al suelo, heridos, muertos, los equipos de emergencias atendiendo, taxistas ayudando, mossos y urbana colaborando".

SILENCIO SEPULCRAL

Como otros Mossos que también actuaron en la zona y algunos taxistas, García trasladó con su vehículo patrulla a una herida de poca consideración a un ambulatorio cercano, el Pere Camps, donde hicieron un recuento de heridos.

Una de las cosas que más le impactó cuando los Mossos lograron acordonar la zona fue el silencio que imperaba en las siempre bulliciosas Ramblas de Barcelona: "Es una cosa que posiblemente nunca más veremos igual, ojalá. En las Ramblas siempre hay vida. Aquel día fue impresionante, era un silencio molesto, que no tocaba".

LA PARTE MÁS DIFÍCIL: RECUPERARSE

Esa trágica escena se le ha quedado grabada en la memoria. Fue complicado volver a la normalidad. Pero no desistía: "Al día siguiente procuré pasar por las Ramblas. En dos o tres días quise venir con mi familia”, comenta. Días después decidió ir a hablar con los responsables de todos los comercios de esta calle y llegó a una conclusión: "Cuando hablas, sacas lo que tienes dentro y ayudas a la gente a sacarlo". Así día a día, hasta recuperarse. En la medida de lo posible.