El sonado caso de la discoteca Up&Down ha tocado la fibra del sector de ocio nocturno. A pesar de que el juzgado contencioso administrativo número 10 de Barcelona anulara la sanción del Ayuntamiento que le obligaba a cerrar durante seis meses, los propietarios no se sienten tranquilos. Para cubrirse las espaldas y evitar que se produzcan casos de la misma magnitud, la Federación Catalana de Asociaciones de actividades de Restauración y Musicales (Fecasarm) ha apostado por un control antidroga que se encuentra en fase de implementación.

“Buscábamos una prueba fiable que fuera de uso fácil y que no estuviera considerada como mercancía peligrosa”, cuenta el secretario general de Fecasarm, Joaquim Boadas, a Metrópoli Abierta. Han dado con ella, por lo menos de forma provisional. Se trata de un test rápido de fabricación holandesa y se llama Forensic Narcotic Test MWC International BV.

El procedimiento es parecido al de las aduanas. La persona que lo realiza –con guantes– frota la piel y la ropa de la persona que pasa el control. Luego somete esa muestra obtenida a ciertos procedimientos que indican en pocos segundos el resultado. Tal como especifica Boadas, “los clientes no pueden negarse a la prueba. Si lo hacen se les prohibirá el acceso al local y, obviamente, en caso de que den positivo no podrán entrar a la discoteca”.

UN CONTROL ALEATORIO... Y CARO

Más concretamente, el control –que será aleatorio– se efectuará en un lugar apartado de la cola de la discoteca para no sembrar el caos y –detalle importante– cada local que quiera participar deberá costearse los tests por su cuenta. “Estamos a la espera de que salga uno un poco más económico, porque en este caso cada prueba vale unos 15 euros”, detalla el representante.

No obstante, aunque estos controles determinarán si la persona ha estado en contacto con algún tipo de estupefaciente, “es imposible detectar al 100 % todos los que llevan droga porque algunos se la esconden en la ropa interior y por ley no podemos cachear”, lamenta Boadas.

Algunas de las discotecas que se están preparando para realizarlos –de la mano de la empresa privada Auservi Group– son las del frente marítimo (Shôko, Pacha Barcelona, Opium Mar, Carpe Diem Lounge Club, Agua, Icebar Barcelona y Bestial), así como locales de la parte alta: Otto Zutz y, evidentemente, Up&Down.

Jóvenes mostrando droga de todo tipo | ARCHIVO
Jóvenes mostrando droga de todo tipo | ARCHIVO

El sector de ocio nocturno de Barcelona hace tiempo que se ha volcado de pleno en la seguridad. Otros métodos que han impulsado son los alcoholímetros en las salas, para que los clientes puedan comprobar –pagando– si superan la tasa permitida para conducir; los paneles con la señalización de las salidas de emergencia; el protocolo en situaciones de acoso sexual; y aparatos para la reanimación cardíaca.

EL CASO DE UP&DOWN

¿Por qué tanta insistencia en un control serio de drogas? Después de una redada de la Guàrdia Urbana y los Mossos d'Esquadra en 2016, el Ayuntamiento sancionó a la discoteca Up&Down con seis meses de clausura. En ella se interceptó a ocho clientes con sustancias estupefacientes escondidas. Según el consistorio, el hecho de que clientes llevaran drogas implicaba que el local no había puesto la diligencia necesaria para impedirlo y que el control de acceso no era suficiente.

Por su parte, los abogados de la discoteca aseguraron que tenían firmado un contrato con una empresa de seguridad según el cual era responsabilidad de la misma poner todos los impedimentos para evitar la entrada de drogas al local.

Además, según un comunicado de la Fecasarm, a la que pertenece la discoteca, no se pudo acreditar que ninguno de los que llevaba droga estuviera consumiendo o traficando con ella en el local. En cualquier caso, con el nuevo control antidroga, más de uno se lo pensará dos veces antes de entrar con sustancias ilegales.