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Lunes por la tarde. Empieza a refrescar, pero los alrededores de la plaza de Catalunya se van llenando de top manta. Hay decenas de vendedores, aunque, de buen seguro, la presencia se multiplicará a medida que vaya llegando el buen tiempo. La escena se repite junto al bar Zurich y en medio de la Rambla, cerca del Palau de la Virreina, aunque en menor cantidad.

Junto al McDonalds de la calle de Pelai hay apostada una furgoneta de la brigada móvil de la Guàrdia Urbana, la Unidad de Soporte Policial. Los agentes hacen guardia mirando hacia el establecimiento de comida rápida, controlando lo que pasa en la acera de Pelai y el inicio de la Rambla. En Portal de l'Àngel, hay otro vehículo policial. Los agentes, en este caso, vigilan el popular paseo que conduce a la calle de Portaferrissa. En medio de la Rambla, dos policías uniformados atienden a unos turistas. A pocos metros tienen tres paradas del top manta. Uno vende artesanía. Otro zapatillas. Y un tercero, artesanía. Nadie les dice nada...

La imagen es típica de Barcelona desde hace años. La presencia del top manta en las calles de Barcelona llegó mucho antes que Ada Colau a la alcaldía. También Jordi Hereu y Xavier Trias recibieron críticas por no actuar con celeridad, pero la permisividad de este mandato clama al cielo. A este hecho, que ya no es ninguna novedad, se añaden ahora órdenes explícitas de no hacer nada. Lo dicen slndicatos del cuerpo policial barcelonés y agentes a pie de calle, tanto de la Guàrdia Urbana como de los Mossos d'Esquadra.

 

"Hay órdenes de no actuar contra el top manta. Desalojaremos la plaza cuando nos lo manden", dice un policía. La frase, más o menos con las mismas palabras, la repiten otros compañeros en distintos puntos del centro. También en la zona del Port Vell, ante la pregunta de un indignado ciudadano por la pasividad policial. La respuesta únicamente cambia si el ciudadano en cuestión se identifica como periodista. "Diríjase a prensa. Allí le informaran".

Según fuentes sindicales de la Guàrdia Urbana, la orden se dio el pasado viernes, y Metrópoli Abierta  ya informó de ello. Diferentes portavoces explicaron que las instrucciones eran verbales y pasaban por no intervenir, como mínimo, durante todo el fin de semana, ni los agentes uniformados ni los de paisano". La razón hay que buscarla en los incidentes de Madrid de los últimos días a raíz de la desgraciada muerte de un joven mantero senegalés, Mame Mbaye, de una paro cardíaco en plena calle.

En Barcelona, las órdenes del viernes también incluían reducir la presencia policial en el metro y en las zonas céntricas, como la Rambla y la plaza de Catalunya, donde se ponen los manteros. Este lunes, las instrucciones no habían cambiado. "Ningún agente de la Guàrdia Urbana puede intervenir por un tema de venta ambulante", afirma un portavos sindical.

"No quieren que hagamos decomisos ni que intervengamos. Las órdenes vienen directamente de Prefectura --y eso se traduce en que son órdenes políticas--. Incluso se ha dado orden de retirar los vehículos si junto a los coches se colocan manteros", explican fuentes sindicales. ¿La razón? Evitar la fotografía de un coche policial al lado de un top manta.

Manteros
Un vendedor del 'top manta', con bolsos y zapatillas, frente a la FNAC / HUGO FERNÁNDEZ

Este fin de semana, la presencia de manteros ha sido notable en los aledaños de la plaza de Catalunya. "El centro estaba saturado", afirman fuentes policiales. "A veces se colocan vendedores a ambos lados de las aceras. Casi no queda espacio para pasar. A veces, hay ciclistas que circulan por el estrecho paso que queda. Acabará habiendo algún accidente", alerta Albert G., un comerciante de la zona.

Si el tiempo emperora, la actividad se traslada al metro. El pasillo que une Rodalies con el metro está, en ocasiones, infestado de vendedores, al igual que la plazoleta que hay bajo el Zurich. Salvo en contadas ocasiones, la Guàrdia Urbana no actúa en el metro. Una de las últimas veces que lo hizo fue el 16 de diciembre. Aquel día, un agente de la Guàrdia Urbana fue herido de una pedrada en el ojo y, probablemente, acabará con una pérdida importante de visión. Ni que decir tiene que, el gobierno de Colau no se personará como acusación particular.