El atestado policial de la Guàrdia Urbana refleja que la perra Sota, fallecida el pasado 18 de diciembre de un disparo, mordió al agente “por encima del codo izquierdo, causándole erosiones y rotura del uniforme”, mientras éste intentaba protegerse el torso superior y el cuello del ataque del animal. En el mismo documento, que se enviará al juez que lleva el caso, figura el parte médico en el que constan que el policía sufrió contusiones en la cabeza y la cara, concretamente en la zona frontal y el maxilar derecho, y la rotura de una muela. También presentaba una "dermoabrasión", sin herida ni afectación en la epidermis, en el codo izquierdo fruto de la mordedura del perro.  

El policía, de 43 años, fue atendido en la Mutua Universal de la avenida del Hospital Militar de Barcelona. Los médicos dieron la baja al agente, aunque no había sufrido "ni pérdida del conocimiento ni inestabilidad cefálica". Al guardia se le desinfectaron los daños y tendrá que seguir durante unos días un tratamiento con analgésicos y crioterapia. El parte médico se envió al juzgado de guardia y a la Generalitat.

En el citado documento, al que han tenido acceso Metrópoli Abierta y el periodista de Crónica Global, Ignasi Jorro, consta que los hechos tuvieron lugar en la Gran Via a la altura de la calle de Mèxic. Pasadas las 12.00 horas del 18 de diciembre, los agentes vieron como un perra “mestiza”, de “presunta raza peligrosa”, y similar a un pitbull terrier cruzaba sola un paso de peatones. Unos 15 metros por detrás, los agentes vieron al propietario de la perra Tauri Ruusalu, “en un estado nervioso y agitado” y consumiendo un “cigarro tipo porro”, presuntamente de marihuana.

"NERVIOSO Y ALTERADO"

Según el atestado policial, el hombre insultó a los agentes -les llamó “hijos de puta”- e hizo caso omiso a las órdenes de atar a la perra. Los guardias urbanos dicen también en el informe que el can estaba "nervioso y alterado" y que se abalanzó contra uno de ellos causándole las heridas citadas anteriormente. Posteriormente, Ruusalu, de nacionalidad estonia, sí puso una correa con un collar a Sota, pero la perra se zafaba de él por sí mismo porque "el collar le iba grande".

Lejos de bajar la tensión, Ruusalu se acercó a uno de los agentes "invadiendo el espacio vital de éste", lo que obligó al policía a retirar al hombre con el brazo. Siempre según las diligencias policiales, el dueño del animal continuó en una actitud “muy agresiva y amenazante”, soltó las bolsas que llevaba y se dirigió a la perra, a la que quitó el collar y la azuzó “de forma activa y clara” hacia uno de los agentes, el mismo al que había mordido con anterioridad.

UN ÚNICO DISPARO

Sota corrió hacia el policía y saltó para atacarlo. En el documento de la Guàrdia Urbana se explica que el animal se dirigía hacia la parte superior del cuerpo del agente, “cerca de zonas vitales como cuello y cara". Temiendo por su vida y como ya había sido mordido con anterioridad, el guardia urbano sacó su arma de fuego “y abatió al animal con un único disparo que le alcanzó en la zona de la cabeza próxima a la oreja”. La policía afirma en el texto que esta actuación fue necesaria porque el guardia urbano no tenía donde protegerse del ataque.

Tras el fallecimiento del animal, Ruusalu agredió al policía con el monopatín que llevaba. El agente pudo esquivar los golpes en un par de ocasiones, pero se vio obligado a retroceder hasta la calzada, donde la llegada de autobús le obligó a pararse y fue alcanzado con el monopatín en la cabeza. Las lesiones que le causó el golpe fueron "traumatismo en la zona frontal de la cabeza, confusión e inflamación del pómulo derecho", la rotura de una muela y un hematoma en una mano, según el parte policial. Tras golpearle con el monopatín, el dueño del animal atizó al guardia con la cadena metálica del can.

SIETE AGENTES PARA INMOVILIZARLO

La llegada de otras patrullas permitió arrestar a Ruusalu, aunque para ello fue necesario la colaboración de siete agentes hasta inmobilizarlo por completo. El policía herido fue trasladado a las dependencias de la mutua y otros dos guardias urbanos se quedaron vigilando el cadáver de Sota, que fue trasladada por el sevicio de recogida de animales al depósito de la calle de Motors. Según la policía local, el hombre no llevaba ningún tipo de documentación de la perra. 

Las diligencias policiales citan a dos testimonios, el dueño de un supermercado ubicado en la Gran Via de les Corts Catalanes, que dijo a la policía que había realizado una filmación -que no mostró a los agentes- y que aseguró haber compartido en facebook. La otra testigo, una mujer, relató a los agentes que oyó una detonación y que vio como Ruusalu agredía con el monopatín al policía.

AMENAZAS DE MUERTE

Ya en las dependencias policiales, el detenido siguió comportándose con violencia y alterado. Allí, amenazó con "que mataría al agente de la Guàrdia Urbana calvo", el mismo que había disparado contra Sota. Los agentes solicitaron la presencia de un médico para que atendiera a Ruusalu. El facultativo optó por trasladar al arrestado a la unidad de Psiquiatría del Hospital Clínic, donde al cierre de las diligencias el joven seguía ingresado.

En el Clínic, Ruusalu adoptó de nuevo una actitud hostil hacia los agentes que lo custodiaban y tuvo que se reducido por unas 10 personas, entre ellas trabajadores del centro hospitalario. Uno de los agentes resultó lesionado en el hombro y fue trasladado a la Mutua Universal para que le hiciesen una radiografía.

Ahora, Ruusalu ya se encuentra en libertad, pero sobre él hay una denuncia por "un presunto atentado a los agentes, desobediencia y resistencia a la autoridad". El guardia urbano agredido, que sigue de baja, ha decidido comparecer como acusación particular contra él en el procedimiento penal abierto. 

NO SE ENCUENTRA EL MONOPATÍN

En el documento policial, figura también la hoja de los derechos de la personas detenida. En esa hoja, Ruusalu solicita que le sea asignado un abogado de oficio, pero dijo que no quería que se comunicase su arresto a ninguna persona allegada. Tampoco quiso hacer uso de su derecho a una llamada. El hombre se negó también a firmar las diligencias. 

Además, el atestado incorpora una fotografía de la perra muerta con un charco de sangre, otra de la cadena del animal y una tercera del brazo izquierdo del policía con la mordedura. No aparece, en cambio, el monopatín con el que fue agredido el guardia urbano. El monopatín no ha aparecido a pesar de que varias patrullas lo buscaron minuciosamente por la zona donde tuvieron lugar los hechos, dice el documento.