Miquel Esquius podía haber ido para obispo, pero al final recondujo su destino y acabó siendo el jefe de los Mossos d’Esquadra desde este martes. Esquius es teólogo (sus estudios son de Ciencias Religiosas, aunque tiene también un posgrado en Planificación y Gestión de la Movilidad), y de ahí que sea conocido en el Cuerpo como El Cura. De hecho, cualquier podría imaginarse que es un moderno monje guerrero, porque su formación religiosa no fue impedimento para que abrazase la carrera de las armas, por así decirlo.

Nacido en Súria, ingresó en los Mossos d’Esquadra en el año 1986, formando parte de la segunda promoción. Encuadrado en el departamento de tráfico, fue ascendiendo poco a poco en el escalafón hasta llegar a jefe de esa división y de la Región de la Policial Central, antes de pasar a ser el responsable de la Comisaría Superior de Coordinación Territorial, es decir, el número 2 del cuerpo.

DIMISIÓN

Hace un mes, cuando Ferran López presentó la dimisión al nuevo consejero de Interior, Miquel Buch, Este eligió a dos comisarios como sustitutos de López: Esquius y Joan Carles Molinero. Era una maniobra de retardar su decisión, a la espera de saber con cuál de los dos se quedaba. Lo que tenía claro Buch es que López, que había sido nombrado tras la aplicación del artículo 155 de la Constitución, no podía continuar en el cargo. Finalmente, se decidió por Esquius en detrimento de Molinero, que había sido la mano derecha de Josep Lluís Trapero, que también rechazó retomar la jefatura de la policía autonómica. En la decisión, según manifiestan diferentes fuentes internas de los Mossos a Metrópoli Abierta, pesó el hecho de que Molinero hubiese tenido algunos problemas de salud el año pasado.

Esquius se ha convertido, de esta manera, en un jefe por sorpresa. Cierto que el consejero destacó “la transversal y dilatada experiencia en el conocimiento del cuerpo”. Pero fuentes del mismo reconocen a este diario que su “dilatada experiencia” se traduce en que “durante la misma ha realizado de cero a una detenciones. No es un agente que haya pisado mucha calle. Pero eso no quita que debamos darle un punto de confianza y ver qué va a hacer”, según explican las fuentes. La figura del nuevo jefe no despierta muchos recelos dentro del cuerpo, quizá porque nunca tuvo que enfrentarse a situaciones límite. Otras fuentes resaltan que la elección de Esquius ante Molinero “es fruto de una negociación política. Ha ganado la moderación”.

UN NOMBRAMIENTO CON MUCHO SIMBOLISMO

Estas fuentes afirman que Esquius, en un primer momento, dijo que no a la oferta del consejero, pero finalmente acabó cediendo. Durante la rueda de prensa de su presentación, él mismo reconoció que aceptaba el cargo “por sentido de responsabilidad y para trabajar por la seguridad ciudadana y el bienestar del país”. Pero fuentes internas apuntan a que ha habido un encaje de bolillos para no poner a un duro al frente de los Mossos. “Esquius no es un líder carismático, al contrario que Molinero. Es cierto que ambos son de suaves formas y negociadores, pero Molinero es política pura. Su nombre se vinculaba a episodios como los del Escamot 16 [policía política organizada en los años 80 y 90] y todos sabían que era el gran mandarín de Interior. Esquius, en cambio, es muy discreto”.

Para un cargo de los Mossos, el nombramiento de este jefe “es una forma de decirle a Puigdemont que no se van a admitir injerencias en el Govern”. Porque pocos dudan de que el expresidente fugado prefería a Molinero, cuyo nombre estaba muy vinculado a Convergència. “El nombramiento de Esquius es muy importante simbólicamente, porque su nombre no tiene la misma carga política que el de Molinero. Con él, la consejería marca una pauta para ver por dónde van a ir los tiros”.

MÁS AGENTES EN BARCELONA

Ahora, Esquius ha de lidiar con un problema añadido: todos los partidos reclaman más agentes de los Mossos para Barcelona, cuyos índices de inseguridad se han disparado. Según algunas fuentes, la capital de Cataluña cuenta con una minusvalía de dotaciones policiales. “Harían falta 200 efectivos para poder garantizar la seguridad ciudadana, pero el problema reside en que ni siquiera la propia Generalitat sabe cuántos agentes hay destinados en este momento en la ciudad”, explican fuentes de la oposición a este diario. Ésa será una de las principales patatas calientes que El Cura tendrá encima de la mesa.