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Tan solo hace falta que pasen 30 segundos desde la inhalación de humo de tabaco para que la nicotina llegue al cerebro y se libere dopamina, una hormona que cuenta con propiedades gratificantes y causante de la enorme dependencia sobre esta droga. La Fundación Española del Corazón tiene claro que los fumadores tienen 3 veces más riesgo de sufrir una enfermedad cardiovascular (ECV) que el resto.

“Es el factor de riesgo cardiovascular más importante”, apunta la entidad, aunque hoy en día no somos conscientes de que sus efectos, potencialmente mortales y cancerígenos, son absolutamente prevenibles: “La posibilidad de padecer una enfermedad de corazón es proporcional a la cantidad de cigarrillos fumados al día, y al número de años en los que se mantiene este hábito nocivo”, argumentan.

De esta manera, está comprobado científicamente que fumar mata a los fumadores y a quienes les rodean. Aunque la mayor parte de las personas saben que el tabaco aumenta el riesgo de cáncer, muchas desconocen el riesgo de padecer ECV que conlleva su consumo, un desconocimiento en considerable en muchos países, según advierte la Organización Mundial de la Salud.

Cada día, 19.000 personas fallecen como consecuencia del consumo de tabaco o de la exposición al humo ajeno, según cifra la propia OMS. En España, el Comité Nacional para la Prevención del Tabaquismo (CNPT) calcula que el tabaco provoca cerca de 50.000 muertes al año por dolencias como la bronquitis crónica, el enfisema pulmonar, y el cáncer de pulmón y de faringe.

Los no fumadores pueden verse afectados por cardiopatías, cáncer y otras enfermedades. El cardiólogo del Hospital Quirónsalud de Barcelona, el doctor Jaume Riba Casellas, precisa que en España mueren 6.200 fumadores pasivos al año. De estos, dice que el 90% fallece por aspirar el humo en su propio hogar, y el resto por hacerlo en su entorno laboral.

“Según el CNPT, el aire contaminado por el tabaco supone un aumento del 30% de riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares. Si vives con alguien que consume una cajetilla diaria es como si tu fumaras también 9 cigarrillos al día”, añade, remarcando que “ningún grado de tabaquismo es inofensivo”.

A juicio del doctor, las personas que fuman poco o que sólo lo hacen de vez en cuando, sufren también lesiones de corazón y en los vasos sanguíneos. Además, afirma que las mujeres que consumen tabaco y toman anticonceptivos orales, así como los fumadores que sufren diabetes, tienen un mayor riesgo de sufrir un ataque cardíaco o un accidente cerebrovascular.

Jaume Riba recuerda que fumar cigarrillos y productos que contienen tabaco aumenta el riesgo de sufrir cáncer de pulmón y problemas respiratorios, como la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC). De la misma manera alerta de que, si se fuma, pocas personas son conscientes de que también crece el peligro de padecer afecciones del corazón (infarto de miocardio, angina de pecho), accidentes cerebrovasculares (ictus cerebral), patologías vasculares periféricas (enfermedad de las arterias que llevan la sangre a los brazos y piernas), y aneurisma (dilatación) de la aorta abdominal.

Este cardiólogo resalta que la investigación científica ha demostrado que, en primer lugar, el tabaquismo acelera la frecuencia cardíaca, además de contraer las arterias principales u ocasionar alteraciones en el ritmo de los latidos del corazón. “Todo esto hace que el corazón se esfuerce más. Fumar también incrementa la presión arterial, que a su vez aumenta el peligro de accidentes cerebrovasculares en personas que ya tienen presión arterial alta”, advierte el doctor.

MÁS DE 7.000 SUSTANCIAS NOCIVAS

Desde la OMS se afirma que el humo del tabaco contiene más de 7.000 sustancias químicas, y está formado por dos fases: una ‘fase de partículas’, que contiene nicotina; y otra ‘fase gaseosa’, que presenta monóxido de carbono. “Ambas representan dos factores por los que el tabaco produce una isquemia coronaria y provoca un infarto de miocardio (obstrucción total del paso de sangre por las arterias), o bien una angina de pecho (disminución importante de paso de sangre por las arterias)”, señala el experto del Hospital Quirónsalud Barcelona.

Sobre la nicotina, una sustancia “muy adictiva” que aumenta la frecuencia cardíaca, la tensión arterial y la contractilidad del miocardio, según la OMS, combinada además con el alquitrán del tabaco, contribuyen en la formación de diversas cardiopatías a través de los siguientes mecanismos: inflamación, alteración del endotelio capilar, aumento de la coagulabilidad y reducción del colesterol de las lipoproteínas de alta densidad.

“Desencadena la liberación de catecolaminas (adrenalina y noradrenalina) que ocasionan daño a la pared interna de las arterias (endotelio), sube el tono coronario con espasmo, produce alteración de la coagulación, incrementa los niveles de colesterol malo (LDL), y reduce los de colesterol bueno (HDL). La concentración de nicotina en sangre depende más del grado de inhalación que del contenido de esta sustancia en el propio cigarro”, explica el cardiólogo.

Mientras, el monóxido de carbono, un gas venenoso que sustituye al oxígeno en la sangre, reduce el oxígeno disponible para el músculo cardíaco y otros tejidos del organismo, según afirma la OMS. A la vez, subraya que estos efectos fisiopatológicos del tabaco predisponen a los consumidores activos y a los fumadores pasivos a la aterosclerosis (estrechamiento de las arterias), que puede provocar distintos tipos de ECV, como cardiopatías isquémicas, accidentes cerebrovasculares, arteriopatías periféricas, y aneurismas aórticos.

En este sentido, el doctor Riba añade que “el monóxido de carbono disminuye el aporte de oxígeno al miocardio, aumenta el colesterol, así como la agregabilidad plaquetaria” (su capacidad de unirse y de formar coágulos).

Con todo, son muchos los beneficios de dejar de fumar, tanto para fumador como para los que le rodean. No obstante, no es algo fácil. Su suspensión genera ‘síndrome de abstinencia’ en los primeros días. Al mes, más o menos, ya no suele haber problema. Este síndrome, según contabiliza el especialista, incluye diversas alteraciones, entre las que se encuentran cambios del estado de ánimo, signos y síntomas físicos, como el estreñimiento, así como alteraciones bioquímicas y fisiológicas (irritabilidad, depresión, dificultad de concentración, agitación, insomnio, deseo imperioso de fumar, hambre, o aumento de peso, entre otras).