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La psoriasis es una enfermedad inflamatoria crónica de la piel que afecta al 1,5% de la población, consiste en la aparición de manchas rojas y escamosas en rodillas, codos, tronco y cuero cabelludo que pueden causar picor y dolor. 

No es una afectación contagiosa, aunque es muy frecuente entre la población. Debido a sus signos visibles, es muy fácil de detectar: se manifiesta en brotes con periodos de mejoría, remisión o empeoramiento. 

SÍNTOMAS

La dermatóloga del Hospital Universitari General de Catalunya, Laia Morell, explica que el síntoma más característico de la psoriasis es la aparición de lesiones eritematosas con descamación plateada. Suele ser en las rodillas, codos, el tronco o cuero cabelludo. Incluso también indica que puede afectar a las uñas, las articulaciones, o los genitales.

Según Morell, otras manifestaciones de esta enfermedad son la psoriasis invertida o “afectación de los grandes pliegues” como el submamario o el interglúteo, la psoriasis palmoplantar que consiste en placas secas que producen durezas y fisuras en las palmas de manos y pies. Otra menos habitual es la psoriasis pustulosa, de carácter más grave”. 

En cuanto a gravedad, la doctora destaca que la variante más grave y menos común de la enfermedad es la eritrodérmica: “Afecta prácticamente a toda la superficie cutánea, llegando incluso a comprometer la vida del paciente al evitar que la piel realice su función de barrera”, señala la doctora.

CAUSAS

Se considera que la psoriasis está causada por alguna disfunción en el sistema inmunitario que hace que la piel se regenere a un ritmo más rápido de lo normal. Los investigadores apuntan que su aparición se debe  a factores genéticos y medioambientales. 

En el primer caso, unas células blancas de la sangre que contribuyen a la protección de las infecciones, los linfocitos T, se activan de manera indebida. “Desencadenan diversas respuestas inmunitarias como la proliferación y dilatación de los vasos sanguíneos de la piel y la proliferación de unas células denominadas queratinocitos”, añade. 

FACTORES DE RIESGO

Esto acelera el proceso de renovación celular de la epidermis y hace que las células suban demasiado rápido a la superficie de la piel. “De este modo, se acumulan en la capa córnea, donde se forman placas de escamas blanquecinas”, señala la dermatóloga. 

Respecto a los factores medioambientales, Morell indica que existen factores endógenos, como los brotes por estrés emocional y los factores exógenos, causados por determinados medicamentos, el clima, el tabaco, los golpes o traumatismos y el tipo de alimentación.

¿CÓMO EVITARLA?

“Padecer psoriasis conlleva, en ocasiones, problemas psicológicos a los afectados debidos al gran impacto que les ocasiona la estigmatización social”, continúa Morell. En este sentido, la especialista indica que para evitar el desarrollo de la enfermedad, es importante mantener un estilo de vida saludable: “De hecho, está demostrado que problemas relacionados con el sistema metabólico como la obesidad o el colesterol alto aumentan la intensidad y duración de la afección”.

TRATAMIENTO

Los tratamientos a aplicar varían en función de la gravedad, intensidad y afectación de la psoriasis. En los casos leves, se recomienda un tratamiento tópico con corticoides asociados a derivados de la vitamina D. En los más graves, se puede recurrir a un tratamiento sistémico: existen los fármacos inmunosupresores clásicos, por vía oral o subcutánea y los fármacos biológicos, cuya diana terapéutica es muy concreta, siendo muy eficaces y dejando pocos efectos secundarios. Otra alternativa es la fototerapia, que, como indica la dermatóloga, consiste en “dosis de ultravioleta A o B”, en combinación o no a otros tratamientos”. 

También existen alternativas naturales que favorecen la mejora de la enfermedad. La exposición al sol tiene un efecto positivo en la piel, pues regula el sistema inmunitario.

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