Aunque se suelen confundir, las pesadillas y los terrores nocturnos son fenómenos del sueño diferentes que se dan, con más frecuencia, cuando los niños se encuentran más cansados de lo normal, en épocas de especial estrés o ansiedad, durante los periodos de enfermedad o cuando están tomando alguna medicación.

Las pesadillas son sueños emocionalmente intensos que provocan miedo y ansiedad. Forman parte del proceso normal de desarrollo del niño y se calcula que las sufren entre el 10 y el 50% de los pequeños entre 3 y 6 años de edad, según datos de Asenarco (Asociación Española del Sueño). Son de buen pronóstico y a medida que los niños van creciendo, van desapareciendo de forma natural. Por lo general, durante la pesadilla los niños no se mueven ni emiten sonidos, pero al despertarse, lloran desconsoladamente y buscan refugio en los padres. Después, les cuesta mucho dormirse por temor a volver a soñar.

Sin embargo, en los terrores nocturnos el miedo y la ansiedad son mucho más intensos. Durante estos episodios, los niños están totalmente dormidos, pero suelen gritar, abrir los ojos y moverse de forma alterada. Aunque nos miran, no nos reconocen, pudiendo reaccionar con nosotros de forma agresiva, chillándonos, apartándonos e incluso, golpeándonos. Al cabo de unos minutos, el episodio va remitiendo y vuelven a dormir tranquilos. Al día siguiente, son incapaces de recordar lo sucedido.

En el blog de memociono desarrollan esta temática​, ofreciendo consejos de actuación adecuados a cada situación. Como apunta Nuria Soler, Psicóloga de memociono: “Es importante ayudar a los niños y adolescentes a descubrir las causas de sus miedos y estrés, y facilitarles herramientas que les ayuden a gestionarlos adecuadamente”.

En memociono, explican algunas pautas básicas para favorecer un sueño saludable:

.- Mantener horarios de sueño adecuados a cada edad, incluso los fines de semana.

- Establecer rutinas que ayuden al niño a prepararse para ir a dormir: baño o ducha templada, ponerse el pijama, cenar, lavarse los dientes, preparar la ropa y la mochila para el día siguiente.

- Evitar la exposición a programas, películas o lecturas con escenas violentas que estimulen su imaginación.

- Procurar unas condiciones adecuadas del dormitorio: temperatura agradable, silencio y oscuridad.

- Hacer una cena ligera que facilite la digestión.

Buenas noches!