“Pienso que soy tonto, mis compañeros pueden hacer cosas que yo no puedo hacer o me cuestan mucho más tiempo que a ellos”. Esta es una frase recurrente en las consultas de psicología que atienden a los niños. “Escuchar los problemas de los niños y sus familias, identificando y poniendo 'nombre y apellido' a diferentes formas de funcionar, dificultades de aprendizaje o conducta, es un derecho esencial del niño”, nos explican desde Memociono.

Un buen diagnóstico es una herramienta útil y un derecho del niño. Diagnosticar es poner el nombre adecuado a una dificultad que ya existe previamente, y es el punto de partida para empezar a actuar. Al determinar lo que sucede, nos ponemos todos en igualdad de condiciones y podemos afrontar el problema cara a cara:

  1. Trabajar de forma temprana las dificultades: cuanto antes empecemos, mejor serán los resultados
  2. Minimizar los problemas emocionales que se deriven del estado del niño
  3. Tratar la sintomatología de forma concreta
  4. Establecer formas de actuar en la misma dirección y en beneficio del niño
  5. Descubrir puntos fuertes y débiles, buscando potenciar su mejor versión
  6. Permitir optimizar sus recursos y tiempo
  7. Concretar y establecer ayudas, estrategias, adaptaciones metodológicas y medidas compensatorias, para que todos los niños tengan las mismas oportunidades.

¿Qué sucede si no prestamos atención a las dificultades del niño? ¿Cómo se siente?

  • “Todos dicen que no sirvo para esto, me siento inferior”
  • “Siempre me dicen que tengo que esforzarme más, dar el máximo, ¡pero yo ya me he esforzado al máximo!”
  • “Me duele la barriga antes de ir al cole”
  • “Pienso que mis compañeros de clase se ríen de mí porque no voy tan rápido como ellos”
  • “Los mayores dicen que les tomo el pelo, que cuando quiero, lo hago sin problemas”

No tener en cuenta las necesidades educativas y emocionales de los niños conlleva la incomprensión de sí mismos, que se sientan culpables y diferentes de sus iguales.

¿Qué mejora cuando le ponemos nombre a lo que está sucediendo? ¿Qué siente el niño?

  • “Ahora sé lo que me pasa, sé que no soy tonto, estoy más tranquilo”
  • “Necesito otra manera de entender las cosas, mi cerebro funciona diferente, pero sigue siendo asombroso”
  • “Me he dado cuenta de que hay niños que tienen las mismas dificultades que yo”
  • “Puedo hacer que mis padres y profesores me entiendan, y explicárselo a mis amigos y compañeros de clase”

Debemos hacer entender al niño qué sucede. Como apunta la psicóloga Laura Almà, “En Memociono sabemos que ponerle nombre ayuda a que todos nos entendamos, desculpabiliza al niño y hace que trabajemos en la misma dirección, brindando las mismas oportunidades y promoviendo una enseñanza de calidad y más justa”.