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Gracias a técnicas cada vez más conservadoras hoy en día ya es posible resecar los ganglios afectados por las metástasis de los tumores testiculares, respetando la vena cava. Sin embargo, los especialistas han observado en un paciente la presencia de un falso aneurisma tras la intervención, para el que no existe un protocolo de actuación. 

El aneurisma, que consiste en un abombamiento o prolapso de una pared de un vaso sanguíneo, está causado por una debilidad de la pared del mismo. Afecta a todas las capas de tejido que forman un vaso (que son las túnica íntima, media y adventicia). Sin embargo, un falso aneurisma está formado solo por una o dos de estas capas.

PREVALENCIA DE LOS ANEURISMAS

 Los aneurismas generalmente son asintomáticos hasta que presentan una pérdida de sangre o una rotura. En este caso pueden provocar síntomas diferentes en relación a su grado de rotura y localización (fatiga, afasia, parálisis, shock hipovolémico hasta la muerte).

Pueden afectar a todos los vasos del cuerpo, por lo que es muy difícil decir qué prevalencia tienen. Seguramente los más frecuentes son los cerebrales y los aneurismas de la aorta abdominal. La prevalencia de todos los aneurismas cerebrales en España es entre el 2 y el 8%. La prevaleció de aneurismas de la aorta abdominal es de 2-4%. La población con más riesgo de desarrollar un aneurisma son los diabéticos, obesos, hipertensos, fumadores, pacientes con hipercolesterolemia etc.  Además, algunos de ellos son hereditarios. 

TRATAMIENTO CONSERVADOR

Desde el equipo dirigido por el doctor Juan Antonio Peña, de Uros Associats del Centro Médico Teknon, el doctor Francesco Pellegrinelli, propone un tratamiento conservador con buenos resultados. Lo explicó en el marco del Congreso Europeo de Urología 2021, que se celebró de forma virtual entre los días 8 y 12 de julio.

"Hemos podido observar que, tras un manejo conservador, al mes de la cirugía el aneurisma había desaparecido. Hay que entender que este falso aneurisma es secundario al tumor y no depende de la pared de la vena cava, por lo que era lógico prever que, habiendo desaparecido el motivo, la morfología del paciente recuperaría su estado normal, ya que no había un debilitamiento de la pared de la vena", apuntó el doctor Pellegrinelli.

LAPAROSCOPIA

En concreto, en el congreso se comunicó la experiencia con un paciente de 31 años al que se le había detectado un tumor testicular no seminomatoso metastásico. Tras realizársele una orquiectomía o extirpación del testículo y después de un tratamiento de quimioterapia, se observó la persistencia de masas retroperitoneales de un tamaño superior a los 10 milímetros.

"En estos casos, lo indicado es realizar una linfadenectomía o resección de los ganglios retroperitoneales. Se trata de una cirugía de elevada complejidad que en nuestro centro se realiza a través de laparascopia, para que el paciente sufra una mínima agresión", añade el doctor Pellegrinelli.

AFECTACIÓN A LA VENA CAVA

Según el especialista, en un 10% de los casos en los que los ganglios son metastásicos, pueden acabar afectando a la vena cava. No obstante, según Pellegrinelli, si no hay una infiltración de la pared es posible llevar a cabo la intervención sin necesidad de resecar también la vena, algo que evita un 60% de complicaciones derivadas de esta operación.

En el caso explicado en el congreso fue posible extirpar la masa sin necesidad de resecar la vena, pero al terminar la intervención se evidenció un falso aneurisma de la vena cava, una situación totalmente novedosa relacionada con el tumor testicular metastásico.

TUMOR TESTICULAR

"No había ninguna indicación clara sobre cómo proceder, así que optamos por una vía conservadora. Un mes después, a través de un TAC se pudo ver que la vena cava había regresado a la normalidad. Esto es muy importante porque permite ofrecer indicaciones en caso de que otros equipos se encuentren en esta misma situación y ayudar a evitar maniobras que puedan ser peligrosas, como la resección de la vena cava", concluyó el doctor Francesco Pellegrinelli.

El tumor testicular representa el 1% de las neoplasias de varones adultos y es el 5% de todos los tumores urológicos. La incidencia en España es de alrededor de 1.200 casos por año, produciéndose el pico de los casos de pacientes con edades entre los 30 y 40 años.

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