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Cuando una mujer sopesa someterse a un aumento o reducción de mamas, una de las preguntas que le viene a la cabeza antes de tomar la decisión es si, tras la intervención, podrá dar el pecho. La respuesta es que, hoy en día, el embarazo y la lactancia son compatibles con los implantes mamarios. Hace muchos años era algo impensable pero las técnicas actuales no afectan al tejido glandular, con lo que es posible generar leche para el bebé. Una mujer con implantes de silicona podrá amamantar a su bebé, mientras no se dañen las glándulas mamarias, que son necesarias para amamantar.

Actualmente, las prótesis se insertan detrás del músculo del pecho y la cicatriz bajo la mama, con lo que el pezón no sufre apenas alteración. Algunas se insertan por la areola, justo detrás de la glándula mamaria pero este tipo de operación tampoco impide la lactancia.

SEGÚN LAS NECESIDADES

El servicio de Cirugía Plástica, Reparadora y Estética de el Hospital El Pilar confirma que en la mayoría de los casos la cirugía mamaria es compatible con la lactancia y, por tanto, no infiere en el proceso de embarazo de la mujer.  Cada cirugía es diferente por lo que las afectaciones en cada paciente cambiarán. Por ello, es importante dar a conocer al equipo médico las expectativas de la intervención y las intenciones de futuro de tener hijos.

Es importante recordar que la afectación en el embarazo será en la etapa de lactancia, ya que si se hacen modificaciones estas serán en la glándula mamaria que es la que conduce la leche.

TIPOS DE INTERVENCIÓN

Los posibles cambios que se hacen en cada tipo de intervención son:

Aumento mamario. No se modifica en ningún momento la glándula mamaria, ya que el acceso a la mama se realiza desde abajo y no afecta ninguna glándula.

Aumento areolar. Se realiza una pequeña incisión y la porción de glándula mamaria que se ve afectada es mínima y apenas conlleva modificación que afecte a la lactancia.

Reconstrucción mamaria. Es el caso es más complejo debido a que es necesario modificar la arquitectura glandular del pecho. A mayor necesidad de reconstrucción más se modificará la glándula, por lo que esta puede quedar afectada en mayor o menor medida.

IMPLANTES Y EMBARAZO

Un implante mamario en el embarazo no interfiere en el proceso de gestación o lactancia. Los implantes quedan detrás del músculo, por lo que no tienen contacto. No se van a deformar, ni perderán su consistencia. De hecho, están cubiertos por una especie de bolsa fibrosa que los aísla del resto del cuerpo.

Normalmente, el cuerpo tiende a aumentar de tamaño durante el embarazo, esto puede provocar un aumento de las mamas. En alguna circunstancia excepcional, este aumento o exceso de peso durante el embarazo puede ocasionar un leve desplazamiento del implante, pero los casos son muy reducidos.

Imagen 2

Una mujer embarazada acaricia su barriga / METRÓPOLI

 

LAS CICATRICES

La cicatrización es un proceso mucho más individual de cada paciente. Hay pacientes con mejor o peor calidad de piel o que cicatrizan más o menos rápido. Durante la maternidad, el aumento de peso es casi inevitable y puede aumentar también las cicatrices de la intervención.

En los casos de aumentos mamarios, la afectación a la cicatriz es más leve. En cambio, las elevaciones de pecho, se puede ver más afectado debido a que durante la intervención se realizan más cicatrices.

¿ANTES O DESPUÉS DEL EMBARAZO?

Si la paciente está planteando quedarse embarazada a corto plazo, se recomienda realizar la intervención tras el proceso de gestación.

También existen otros casos, como asimetrías o reconstrucciones donde debe primar siempre la salud de la paciente.

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