Los valores son aquellos principios que guían nuestras acciones y determinan nuestras conductas, intereses, actitudes y sentimientos. Definen nuestros pensamientos y reflejan la forma en que deseamos vivir la cotidianeidad del día a día, nuestra particular filosofía de vida.

Los niños respiran y aprenden los valores, en primer lugar, en el ámbito familiar y, posteriormente, en la escuela. En ambos entornos, las figuras de apego, padres y profesores, son sus principales referentes y el espejo donde se miran todos los días.

“Si queremos que nuestros hijos crezcan con valores, nosotros hemos de ser los primeros en vivirlos y compartirlos con ellos”, afirma Nuria Soler, psicóloga de Clínica Memociono.

Si los niños/as ven que sus padres son respetuosos con los demás, seguramente ellos actuarán del mismo modo, legitimando al otro como legítimo otro y reconociendo su valor como persona. Si por el contrario, ven que sus padres se ríen o muestran una actitud de desprecio o superioridad hacia los demás, aprenderán que no todos somos iguales ni tenemos los mismos derechos; que hay gente que merece nuestro respeto y hay gente que no; a estos últimos, los colocará en una categoría de personas de nivel “inferior”, a las que se les puede mirar con burla o tratar mal. De ahí a las conductas de acoso escolar, bullyng o ciberbullyng, hay solo un pequeño paso.

Si en la escuela los niños ven que los maestros y profesores se interesan por ellos más allá de sus resultados, sin etiquetarles como “buenos” o “malos” alumnos; si ven que los profes creen en su inmenso potencial, y se sienten queridos y respetados por ellos, seguramente aprenderán a quererse tal como son y a confiar en su inmenso valor, lo que significa que crecerán con una alta autoestima y seguridad en sí mismos; si por el contrario los niños observan que los profesores les identifican con sus notas, mostrando sus preferencias por aquellos con mejores calificaciones en detrimento del resto, aprenderán que unos son más valiosos que otros y que no todos merecen la misma confianza y respeto por parte de los maestros.

Es importante reforzar los valores humanos en todos los ámbitos, familiar, social y educativo, y eso requiere trabajar nuestros propios valores como adultos. Los valores y las actitudes del niño van a ser un reflejo de los nuestros. Por ello, si queremos educar a niños sanos, autónomos, seguros de sí mismos y respetuosos con los demás, empecemos a predicar con el ejemplo. Porque los valores no se imponen, sino que se cultivan en un entorno social de convivencia.