La pandemia del coronavirus ha sido devastadora para la economía de Barcelona. Las consecuencias del Covid-19 han propiciado que la ciudad condal cifre un declive brutal y se prepare para un otoño trágico

Uno de los sectores más damnificados por los efectos del virus ha sido el de la restauración. Desde siempre, la capital catalana ha sido una ciudad turística, llena de vida y con una oferta gastronómica orientada a visitantes y locales. Ahora la situación es distinta.

LA RAMBLA SIGUE DESÉRTICA

La Rambla de Barcelona es, probablemente, la vía que más ha notado las secuelas económicas de la crisis sanitaria. Aunque muchos confiaban en que la vida iba a volver a la Rambla de les Flors, tal y como lo hizo tras el atentado yihadista que se produjo en agosto de 2017, continúa vacía. De ser una calle plagada de turistas, con más de 200.000 visitantes diarios, ha pasado a tener un aspecto desértico. 

Fermín Villar, presidente de la entidad Amics de la Rambla, ha asegurado a Metrópoli Abierta que los efectos del coronavirus han sido "dramáticos" en la zona. “El 70% de los restaurantes y bares de la Rambla están cerrados", ha confirmado el empresario, que asegura que hoy en día hay más establecimientos que no volverán a subir la persiana que los primeros días "postpandemia". 

Varias terrazas de la Rambla, vacías durante el confinamiento / V.M.
Varias terrazas de la Rambla, vacías durante el confinamiento / V.M.

MEDIDAS "IN EXTREMIS"

Villar explica que las medidas que han tenido que adoptar los restauradores de la Rambla son drásticas: “Algunos establecimientos cerrados están alargando los ERTEs. "Los costes que supone volver a abrir son mucho más superiores a los de continuar cerrados”, confirma. "Algunos de los restaurantes y bares han optado por abrir con horarios limitados, mientras que otros han intentado adaptar sus precios a un posible público local, señala el presidente de la entidad. 

Aunque a la mayoría de los establecimientos gastronómicos de la Rambla no les afecten las restricciones de las terrazas por el virus, ya que "hay muy pocas personas que paseen por la vía", ha surgido una problemática añadida que estaría enfureciendo a los propietarios: la aparición de terrazas ilegales en medio de la vía. “Este problema ya ha sido transmitido a Jordi Rabassa, regidor de Ciutat Vella. Hemos pedido que se persigan", confirma Villar. 

LOS ESTABLECIMIENTOS, DESAMPARADOS

Algunos de los bares más míticos de esta zona, como el Núria, han sido testigos de la pasividad de la administración barcelonesa en ese terreno. “Este bar pidió ampliar su terraza, ya que hay metros de sobra en la acera. Lo comenzaron a avisar a principios de año y el ayuntamiento todavía no ha respondido. La administración está desatendiendo a los establecimientos”, asegura el presidente de la institución. 

Marcel Cortadellas, dueño de este legendario establecimiento del centro, confiesa que lo están pasando "muy mal" desde que comenzó la crisis sanitaria. El restaurante, situado enfrente de la fuente de Canaletas, volvió a abrir el 8 de junio, aunque con un horario reducido. 

La fachada del bar Núria de Barcelona, antes de la pandemia / AJUNTAMENT DE BARCELONA
La fachada del bar Núria de Barcelona, antes de la pandemia / AJUNTAMENT DE BARCELONA

RECLAMAN MÁS PÚBLICO LOCAL

Tan solo el 8% de los empleados de este mítico cenador, en activo desde 1926, están en trabajando. "Los demás están en ERTE", confiesa Cortadellas. A pesar de la difícil situación este restaurante no ha querido bajar los precios: "Tenemos unos precios muy competitivos y un cliente local consolidado, que es lo que nos está salvando ahora mismo", asegura el dueño. Tampoco se ha visto con ganas de hacerlo el Ultramarinos y el Taller de Tapas o el Moka, que se encuentran unos metros más abajo de la Rambla.

Aún y así el futuro se presenta complejo para el propietario, que señala a la administración barcelonesa como culpable de la falta de afluencia: "Lo que echamos de menos es la actividad en el centro. Si el ayuntamiento hiciese un reclamo, o impulsase iniciativas que atrajesen al público local, todo cambiaría", predice Cortadellas, que lamenta que con la escasa oferta cultural "han dejado de pasar cosas en la Rambla". 

LA RAMBLA, "EL PRIMER TERMÓMETRO DE BARCELONA"

A pocos metros del bar Núria se encuentra el Moka, un establecimiento de toda la vida situado en el número 126 de la vía. Anna Matamala, gerente desde hace 33 años, considera que la situación está "peor que nunca". El local permanece en cese desde el 14 de marzo, cuando el Estado decretó el estado de alarma, y desde entonces no han podido abrir. 

"El otoño será complicado", valora Anna, que tenía previsto volver a subir las persianas el 1 de octubre, pero que ahora no lo tiene claro: "Me preocupa la situación porque lo que pasa en la Rambla es lo que después se ve reflejado en la ciudad. Es el primer termómetro de Barcelona", pronostica.

Fachada del restaurante Moka, antes de la pandemia / TRIPADVISOR
Fachada del restaurante Moka, antes de la pandemia / TRIPADVISOR

"TSUNAMI ECONÓMICO"

La gerente confirma a Metrópoli Abierta que ha gastado todos los ahorros que tenía para abrir un nuevo establecimiento. También asegura que el pueblo se tendrá que empoderar para afrontar esta situación: "Si no actuamos no moriremos de Covid, moriremos de hambre. Esto es un tsunami económico".

Anna Matamala señala que los políticos son los responsables de la hecatombe de los restaurantes de la Rambla. Por eso anima a los barceloneses a volver a visitar el centro. Por otro lado, da por hecho que continuarán los ERTEs, o al menos eso quiere pensar, ya que si no se verá obligada a cerrar para siempre: "No podremos soportarlo, tenemos cero ingresos". 

El hecho de que algunos establecimientos estén bajando los precios es algo que enfurece a la propietaria: "De 100 restaurantes que hay en la Rambla, solo seis ponen a diez euros cualquier cosa. Lo hacen porque les sobra el dinero, su finalidad no es la restauración, sino el blanqueo".

NEGACIÓN DE TERRAZAS

Otros restaurantes que no han podido volver a desarrollar su actividad en la Rambla de Barcelona son el Ultramarinos y el Taller de Tapas. Kate Preston, la propietaria de ambos establecimientos también ha querido explicar su situación.

Tras el confinamiento, a finales de junio, volvieron a abrir con la esperanza de recuperar algo del dinero que habían perdido durante los meses de pandemia, pero la poca facturación les obligó a volver a cerrar: "Abrimos tres semanas, cogimos un poco el ritmo pero, a mediados de julio, la facturación se desplomó y se hizo poco rentable seguir abiertos", explica a este medio la dueña. 

Preston describe la situación actual como "muy desagradable" para los dos locales. La gerente del Ultramarinos y el Taller de Tapas también ha sufrido las consecuencias de la negativa del consistorio: les han denegado un espacio para ubicar las terrazas: "Son ganas de hundir los negocios y los puestos de trabajo. Hay locales mucho más pequeños al lado que tienen 24 mesas", lamenta. Y añade: "Es muy fuerte lo que nos ha hecho el ayuntamiento. De siete locales que tenemos en Ciutat Vella solo nos han concedido terraza en uno, sin justificación alguna", asegura la empresaria, que define la elección como "aleatoria y sin criterio". 

Interior del restaurante Ultramarinos de la Rambla, que continúa cerrado tras la pandemia / ULTRAMARINOS
Interior del restaurante Ultramarinos de la Rambla, que continúa cerrado tras la pandemia / ULTRAMARINOS

OTROS COMERCIOS AFECTADOS POR LA PANDEMIA

Los bares y restaurantes de la Rambla han pasado de tener unas facturaciones diarias superiores a los 10.000 euros a no ver ni un euro debido al cese de su actividad. Otros locales de la emblemática calle barcelonesa que también han vivido este cambio radical han sido las tiendas de souvenirs

Los comercios dedicados a la venta de objetos de recuerdo son los que más resisten, aunque asisten a una muerte lenta. Algunos dueños de estos negocios han relatado las dificultades por las que pasan desde que finalizó la pandemia y aseguran facturar 20 euros al día, una cifra irrisoria que no les permite afrontar ni siquiera los gastos básicos. 

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