Un intangible que no se puede perder, y que es más reconocido fuera que dentro de la ciudad. Los empresarios ligados al sector turístico, desde todos los ámbitos, señalan que el turismo “ha aportado a Barcelona mucho más de lo que, a veces, somos capaces de reconocer; Barcelona es mucho más conocida en el mundo de lo que se merece por su tamaño, población o peso económico, y es mucho más admirada de lo que nosotros mismos como barceloneses reconocemos en nuestra ciudad”. Con ese punto de partida, el think tank Barcelona Global, que agrupa a sectores empresariales y corporativos, ofrece las recetas que pueden permitir el rescate del turismo en Barcelona, tras entrevistas y documentos cruzados entre hoteleros, comerciantes, académicos y expertos ligados al sector turístico.

Barcelona Global, la entidad que preside Aurora Catà y que tiene como director general a Mateo Hernández, propone diez medidas que deberían lograr el consenso entre el sector privado y el público. Una primera guarda relación con una petición: “una administración facilitadora, activa y dinámica que garantice la seguridad jurídica al sector y a la inversión, que aporte agilidad en la toma de decisiones, promueva una oferta de calidad en todas las dimensiones del turismo en Barcelona, sea estricta con el incivismo y mantenga un diálogo abierto y constructivo con el sector privado del turismo en la ciudad”.

MEJOR ATENCIÓN Y DIVERSIFICACIÓN

Eso pasa, según el mundo económico ligado al turismo, por “flexibilizar en el Peuat la posibilidad de construir hoteles emblemáticos en edificios protegidos en el centro de la ciudad”, como ocurrió en su día con el Hotel Neri, a partir de un edificio medieval. También se relaciona con la necesidad de “mantener el rigor en el alojamiento en pisos turísticos ubicados en bloques enteros”, y por los “horarios comerciales”.

Vecinos de la Barceloneta en una manifestación contra el incivismo y la inseguridad antes de la pandemia / EFE - ARCHIVO
Vecinos de la Barceloneta en una manifestación contra el incivismo y la inseguridad antes de la pandemia / EFE - ARCHIVO

Ese diálogo y petición al mismo tiempo con el gobierno local, con el consistorio que dirige la alcaldesa Ada Colau, y con el gobierno autonómico que preside Pere Aragonès, es la pieza central en las recetas del empresariado. En esa misma línea se debe situar la entrevista que mantuvo el presidente de Foment del Treball, Josep Sánchez Llibre, con la alcaldesa Colau. Pero Barcelona Global va más allá, al insistir en que la recuperación del turismo, o la adecuación del turismo a exigencias de sostenibilidad, no implica restringir la cantidad de turistas, sino una mejor atención y diversificación en toda la ciudad.

ESPACIO PÚBLICO

En 2019, antes de la pandemia, Barcelona recibió 12 millones de turistas, un 5% más que en 2018. Casi diez millones fueron turistas extranjeros. Esa cifra se puede recuperar y mantener, y sería un éxito como ciudad. En 2014, el entonces presidente del Gremio de Hoteles, Jordi Clos, señalaba como objetivo “en los próximos años”, la superación de los 10 millones, lo que iba a representar un incremento de más de un 30% el turismo de ocio y negocios. Eso ya se había alcanzado en 2018.

El problema es repartir ese flujo por toda la ciudad, una de las intenciones del equipo de gobierno de Colau en los últimos años. Pero, ¿cómo se consigue? Con diálogo y con “colaboración público-privada”, como señala la entidad Barcelona Global. Con una mayor inversión para mejorar “la calidad del destino, centrada en el espacio público, la seguridad, la limpieza y el uso de la tecnología”, que puede permitir una mejor oferta individualizada, en colaboración estrecha con los equipamientos culturales de la ciudad.

Pero esa inversión debe ir bien dirigida, con una apuesta por el “diseño de ayudas al sector que se dirijan a la recuperación económica e incentiven la inversión y la calidad”.

GRANDES EVENTOS

En toda esa ecuación el aeropuerto de El Prat ocupa también un espacio central. Los empresarios del sector insisten en que “no se puede perder la oportunidad que representa la inversión de Aena”. Y reclaman “un hub internacional, así como priorizar los cruceros con inicio y final en Barcelona”.

Lo que puede ofrecer Barcelona, sin embargo, es mucho más si se piensa en los intereses culturales. “Hay que priorizar la cultura como activo de la ciudad y factor clave en la creación de oferta de ciudad de calidad, tanto para los vecinos como para los visitantes”. Con ello, “se pone en valor la oferta existente a escala internacional, y se genera nueva actividad cultural a partir de ejes clave como los circuitos internacionales, la música, la digitalización y el conocimiento”.

El director general de Barcelona Global, Mateo Hernández y la presidenta de la entidad, Aurora Catà / MA
El director general de Barcelona Global, Mateo Hernández y la presidenta de la entidad, Aurora Catà / MA
El interés, por tanto, es el de construir una dinámica que pueda atraer a visitantes, pero también a los propios vecinos de la ciudad, con distintos puntos, con especial énfasis en “la Rambla, Via Laietana, Ciutadella, Paralelo y Montjuïc”.

Toda Barcelona debe incidir en esa oferta. En esa receta se incluye también la participación de nuevos sectores de la economía para “atraer a nuevos visitantes”, como la Barcelona de la Salud y el Bienestar y la Barcelona de la educación superior”.

UNA ADMINISTRACIÓN HOSTIL

En esa apuesta que engloba a todos los sectores, la comunidad empresarial entiende que no se puede renunciar a los grandes acontecimientos, deportivos, musicales o de otra índole, para “desestacionalizar la temporada turística”.

Los otros dos puntos que se ofrecen son el nervio de toda la oferta que debería tener la ciudad: una colaboración “público-privada renovada y basada en planes de acciones y compromisos compartidos” y la “promoción de la ciudad renovada donde todos los sectores implicados se sientan comprometidos”.

Lo que se debe romper a toda costa, al margen de quién sea el mayor responsable, es una imagen contraria al turismo. Barcelona Global lo tiene claro, en el capítulo de las percepciones, a veces más determinantes que los hechos: “existe la percepción de una administración hostil al sector, que dificulta la inversión y la renovación de la oferta con moratorias continuadas sobre licencias en zonas la ciudad y poco facilitadora de la actividad inversora”, en referencia al rechazo de proyectos como el Hermitage o la ampliación del aeropuerto de Barcelona.

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