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1 de la mañana. Un helicóptero sobrevuela el centro de Barcelona. Todavía quedan unos centenares de manifestantes radicales merodeando por la ciudad, quemando todo lo que se encuentran a su paso y poniendo en jaque al cuerpo antidisturbios de los Mossos (Brimo) y a los agentes de la Unidad de Intervención Policial (UIP) de la Policía Nacional desplegados para la ocasión. Poco a poco los jóvenes se van retirando de unas calles que han convertido suyas durante más de cuatro horas. Al cierre de esta edición, no se puede hablar de normalidad en Barcelona en lo que a orden público se refiere. El fuego y la ira han sido la tónica dominante durante la jornada. 

Los disturbios disminuyen a medida que avanza la noche, pero a la 1:30h de la madrugada pequeños grupos de alborotadores todavía siembran el caos por los distritos de l'Eixample y Gràcia. Las calles en llamas cada vez son menos. No por la actuación policial, sino por la retirada de los manifestantes, que abandonan el lugar de batalla exasperados, por puro cansancio, o quizás hasta por aburrimiento. Según los Mossos, a las 00.30h tan sólo quedaban 400 radicales avivando hogueras y levantando barricadas en el paseo de Gràcia y sus alrededores. Actúan en pequeños grupos, de entre 10 y 20 personas, moviéndose rápido, de forma coordinada y estratégica por la ciudad. La misma estrategia de la que carecen los agentes antidisturbios de los Mossos, incapaces de poner fin a la anarquía reinante en las calles de Barcelona. 

ZONAS AFECTADAS

Horas antes, sobre las 19.30h, centenares de encapuchados han iniciado los disturbios frente a la Delegación del Gobierno en Barcelona, situada en el número 278 de la calle Mallorca --entre Roger de Llúria y Pau Clarís--. Los altercados se han extendido rápidamente a otros puntos de la ciudad, con una especial incidencia en Rambla Catalunya, paseo de Gràcia, Diagonal, Gran de Gràcia y Pau Clarís. 

A las 21h era difícil desplazarse por los barrios del Eixample Dreta, Eixample Esquerra y Vila de Gràcia sin toparse con barricadas de fuego, motos incendiadas, mobiliario público destrozado o agentes antidisturbios cortando el paso preparados para actuar. Según ha podido contabilizar este medio, en algunos momentos de la noche hasta 14 calles contaban con barricadas levantadas de forma simultánea en los distritos del Eixample y Gràcia. Desde Diagonal hasta Aragón, cada manzana contaba con algún tipo de objeto en llamas bloqueando el paso.

¿OBJETIVO CUMPLIDO?

Durante unas cuatro horas, los radicales han cumplido con éxito su difuso objetivo: sembrar el caos en Barcelona como señal de protesta contra la setencia a los líderes del procés. No obstante, su meta inicial --alcanzar la Delegación del Gobierno-- ha sido frustrada por la policía. El edificio ha sido blindado con anterioridad a la convocatoria de la primera protesta, y la línea policial ha resistido --con dificultades-- a los embistes de los manifestantes. 

El estado del edificio gubernamental, que no ha sufrido ningún rasguño, contrastaba con la situación que se ha vivido en decenas de calles barcelonesas, cuyo aspecto final era semejante al escenario de una batalla campal. Ahí la policía ha sido incapaz de hacer retroceder a los radicales, que actuaban en pequeños grupos para prender fuego a los contenedores y después se agrupaban en algunos puntos para enfrentarse contra los agentes.

En Jardinets de Gràcia y la Diagonal, por ejemplo, los jóvenes se han hecho fuertes durante más de una hora lanzando todo tipo de objetos contra los antidisturbios de los Mossos y la Policía Nacional. La consigna lanzada por los CDR en Twitter horas antes se hacía realidad: "¡Rompamos la normalidad!". Primero miles y después centenares de personas han sido suficientes para poner en jaque el orden de la ciudad, una escena que podría repetirse en los próximos días, cuando están previstas más movilizaciones para protestar contra la condena a los líderes del procés.

LOS BARCELONESES, LOS MÁS AFECTADOS

Como de costumbre, los más afectados por los disturbios han sido los barceloneses, que observaban los hechos desde sus balcones, desde el interior de los bares, hoteles, desde sus coches, bicicletas o, en definitiva, desde cualquier lugar donde les hubiera cogido por sorpresa la movilización y los destrozos ocasionados por los jóvenes. Los habitantes de esta ciudad ya están habituados a las protestas. En los últimos años la capital catalana se ha convertido en un manifestódromo que interrumpe de forma constante la rutina de sus ciudadanos, aunque esta vez la violencia callejera ha conmovido a muchos de ellos, fueran o no independentistas. 

Algunos han optado por actuar, mientras la gran mayoría ha permanecido en sus casas, viendo en directo el panorama que --también en directo--, daban diversos canales de televisión.

Entre los primeros había de todo: desde un señor con una chapa con el lema "llibertat presos polítics" que se dedicaba a retirar una a una las motos que estaban volcadas en medio de la calzada --a punto de convertirse en pasto para las barricadas--, hasta un anciano que bajaba de su domicilio con un extintor en la mano para apagar un pequeño incendio en el contenedor de su portal. Rápidamente ha bajado su nieto en pijama para ayudarle, mientras el padre les suplicaba desde el balcón que volvieran a casa. "És igual avi, tornem", le decía el joven poco antes de entrar de nuevo en el portal. 

ESTAMPA PARA LOS TURISTAS

Los turistas también contemplaban el desolado paisaje con estupefacción. Cabe recordar que los disturbios se han producido en una zona con una alta concentración de hoteles, muchos de ellos de cinco estrellas.

Desde el hall mismo miraban los enfrentamientos entre manifestantes y policías, las barricadas y los destrozos. Una vez pasaba el foco de conflicto, algunos salían a la calle para fotografiarse junto a las barricadas en llamas, una de las estampas que se llevan de la ciudad. 

Portal de un hotel en Rambla Catalunya / MA
Portal de un hotel en Rambla Catalunya / MA

CAOS CIRCULATORIO

De forma paralela, el centro de Barcelona se ha convertido en un caos circulatorio para todo aquél que se desplazaba por carretera, ya fuera en vehículo privado o autobús. La ausencia de la Guardia Urbana en determinados puntos de la ciudad ha provocado que cientos de ciudadanos quedaran atrapados en una ratonera cuando se aproximaban a las zonas conflictivas. Algunos conductores se encontraban de repente en medio de una batalla campal, o bien topaban con una barricada en llamas que les impedía avanzar. 

En la zona de Jardinets de Gràcia, donde estaba teniendo lugar el enfrentamiento entre policía y manifestantes, los conductores han tenido que improvisar para poder salir del lugar. Unos daban marcha atrás como podían mientras otros invadían el carril contrario para escapar. 

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