Los buses de Barcelona van más lentos de lo deseado y el RACC señala al Ayuntamiento y a las instituciones como los principales culpables de este problema. Después de analizar a qué velocidad va este transporte público en hora punta, los kilómetros de la red urbana y los del carril bus, la entidad asegura que los autobuses urbanos transitan más lentos de lo que deberían en la ciudad.

En concreto, el 55% de los vehículos se mueven por la capital catalana a una velocidad inferior a la deseada –13 kilómetros por hora– y desde el RACC se cuestionan si la nueva red de buses dará una respuesta óptima a la demanda de los usuarios.

INCUMPLIMIENTO DE LOS OBJETIVOS

El estudio Análisis de la competitividad de la nueva red ortogonal de bus de Barcelona se ha presentado pocas horas después de conocerse cómo funcionará la ciudad tras la prohibición de la circulación de los vehículos más contaminantes y parcialmente en cuatro poblaciones cercanas a la capital catalana.

El director del RACC, Lluís Puerto, apunta que “la administración no ha hecho los deberes: la competitividad del autobús público se debe incrementar en un momento en el que habrá una exigencia fuerte por parte de los usuarios”. En este sentido, el directivo señala que “los procesos van lentos pero las medidas implantadas irán rápido”, así como las multas y las sanciones a los vehículos que no cumplan con los requisitos. Además, señala que usuarios del bus pierden 30 horas al año en trayectos que no alcanzan la velocidad óptima

Puerto también reclama a Transports Metropolitans de Barcelona (TMB​) un impulso a la velocidad comercial del autobús con “medidas urgentes” y “dotarlo de competitividad” para que los conductores que no puedan utilizar el vehículo a partir del 1 de enero del año que viene, cuando se haga efectiva la Zona de Bajas Emisiones, puedan encontrar una “alternativa en el transporte público”.

MEJORAS EN LA VÍA

El RACC reclama mejoras para incrementar esta velocidad como adaptar la frecuencia de los semáforos e implementar la T-Movilidad en toda la red de transporte público. Según el estudio del organismo, con "la tarjeta que funciona con tecnología contactless se reducirá el tiempo de acceso a los vehículos" y también aportará una información que permitirá mejorar la gestión de la oferta del servicio.

LA CARA B DE LA ZONA DE BAJAS EMISIONES

Greenpeace, por su parte, valora positivamente la Zona de Bajas Emisiones de Barcelona y su entorno, pero apunta a que es una “medida de mínimos” e insuficiente, y que además llega tarde su implantación. De esta manera, la ONG reclama más iniciativa para reducir el uso del vehículo privado y que están no contribuyan a renovar la flota de vehículos privados.

El movimiento global también ha solicitado al Ayuntamiento de Barcelona, la Generalitat y al Área Metropolitana de Barcelona (AMB) una planificación de futuro que incluya medidas como la implantación de un peaje urbano y la regulación del número de cruceros y vuelos, algo que "permitiría un enfoque integral de las causas de la contaminación acorde con la gravedad de su impacto".