El negocio de la desokupación se ha disparado en los últimos años. El alud de inmuebles okupados --y la desesperación que ello conlleva-- ha motivado a sus propietarios a buscar soluciones más rápidas que la justicia. Desde el estallido de la burbuja inmobiliaria, cada vez son más las empresas que se dedican a desalojar a inquilinos ilegales de sus pisos. Barcelona, una de las capitales de la okupación de España, ha sido testigo del nacimiento de una de las compañías pioneras de este sector: Desokupa, dirigida por Daniel Esteve. A esta le siguieron otras, como Fuera Okupas, también con sede en la capital catalana.

Estas empresas se han profesionalizado con el tiempo para llevar a cabo los lanzamientos. Disponen de equipos multidisciplinares integrados por abogados, procuradores, mediadores, desokupadores o agentes de campo que "actúan de manera coordinada" para expulsar a los okupas. Sin embargo, desde el sector alertan a Metrópoli de un fenómeno que ha crecido en los últimos meses. Son los desokupas low cost, nacidos al albor de la crisis pandémica. Son pequeñas empresas o desokupas freelance, que ejecutan los desahucios de forma poco profesional, "chapucera", e incluso de forma ilegal en muchos casos.

UN NUEVO PERFIL DE 'DESOKUPAS'

Jorge Fe, dueño de la empresa Fuera Okupascarga sobre un nuevo perfil de desokupas que estaría devaluando la credibilidad del sector. El propietario de la conocida empresa confirma a Metrópoli que, a raíz de la pandemia y el cierre del ocio nocturno, han sido muchos los porteros de discoteca y vigilantes de seguridad, entre otros perfiles, que se han introducido en el gremio: "la falta de vida nocturna les hace buscarse la vida en otros campos. Cumplen con un perfil parecido al nuestro y la gente les confunde", asegura. 

El propietario de Fuera Okupas señala la peligrosidad que el intrusismo laboral puede suponer para las personas que lo contratan: "la responsabilidad civil que pueda adquirir el que lo contrate es muy seria. Si escoge a cuatro macacos se verá involucrado en un asunto penal", sentencia. 

Jorge Fe, en las oficinas de Fuera Okupas en Barcelona / MA
Jorge Fe, en las oficinas de Fuera Okupas en Barcelona / MA

ESTAFAS 

Además de los problemas legales que los "intrusistas" puedan acarrear a los particulares, Jorge Fe apunta que muchos de ellos también realizan estafas: "si le pagas a un tío que no está avalado por una empresa con unos órganos directivos, un equipo... Puede coger el dinero e irse". Tenemos muchos clientes que han sido estafados por este tipo de personas", confirma. 

Daniel Esteve, propietario de Desokupa, la empresa primogénita en el mercado, también ha detectado los fraudes de los que habla su competidor: "Los estafadores cobran entre 1.500 y 1.800 euros por adelantado. Dicen que el segundo pago se realiza después del desalojo del inmueble. Finalmente, jamás lo desokupan, por lo que siempre se llevan la primera parte del pago". 

Desde Fuera Okupas consideran que los precios competitivos y las recomendaciones de conocidos son algunos de los motivos por los que los propietarios se ponen en contacto con los intrusistas: "el intentar ahorrarse un dinero puede salir caro al final". Nos acordamos de un caso en el que un particular fue estafado por unas personas de etnia gitana. Llegaron al piso okupado, pero no hicieron nada. Finalmente se quedaron con el dinero sin solucionar el problema", explica.  

PREPARACIÓN NULA

Jorge Fe acepta que su equipo tiene "un perfil pintoresco", pero explica que al venir del mundo de la lucha o de la seguridad privada está "preparado para mantener la calma". "Sabemos actuar en una situación de riesgo. No pegamos, solo reducimos en el caso de que no haya más alternativas. Una persona que no esté preparada puede llegar a las manos con los okupas y ocasionar problemas legales al propietario", afirma. 

Esteve, por su parte, se muestra más contundente con las actuaciones de los nuevos desokupas: "no tienen ni idea y no están preparados". "Veo sus vídeos y siento vergüenza ajena. Nosotros somos Coca-Cola y ellos son la copia barata de Aliexpress", asegura. 

Miembros de Desokupa, con Daniel Esteve al frente, antes de llevar a cabo un desalojo / ARCHIVO
Miembros de Desokupa, con Daniel Esteve al frente, antes de llevar a cabo un desalojo / ARCHIVO

ILEGALIDAD Y ANTECEDENTES PENALES

El dueño de Desokupa explica a Metrópoli la impunidad e ilegalidad con la que, supuestamente, operan las empresas y desokupas freelance que se han sumado a la competencia recientemente: "No tienen póliza, no cumplen los requisitos correspondientes y no aseguran a sus empleados. Tampoco emiten facturas a sus clientes. La mayoría de ellas ni siquiera están dadas de alta en la Seguridad Social".

Esteve denuncia que los propietarios de estas empresas "tapadera" tampoco comprueban los antecedentes penales de sus trabajadores: "he llegado a ver vídeos promocionales en los que salen con las pulseras telemáticas de la libertad provisional". 

TRANSFUGUISMO LABORAL

El ocio nocturno es conocedor del transfuguismo de muchos de sus empleados. Marc Antón, administrador de varias empresas de seguridad y de servicios auxiliares del mundo de la noche en Barcelona, afirma a Metrópoli que este suceso se lleva produciendo desde el inicio de la pandemia. "Muchas personas del mundo de la noche se han pasado a las desokupaciones. La gente se ha reinventado a raíz de la falta de empleo derivada de la crisis.", explica Antón. "Muchos de ellos trabajan en este gremio porque pueden cobrar muchísimo más que en las discotecas, aunque el riesgo sea más alto", afirma el experto en seguridad privada. Tanto es así que pese a la reapertura de bares "está siendo difícil encontrar personal", lamenta. 

Los empleados de la seguridad privada en el ocio nocturno son el perfil perfecto para las empresas de desokupación. "Para hacer una desokupación necesitas un perfil duro. Los antiguos porteros de discoteca y vigilantes tienen esa imagen. En el mundo de la desokupación cuanto más rudo seas, mejor", explica el administrador. Además, "hay muchos particulares que contratan a esta gente directamente porque les pagan en negro, sin factura", añade.

Pese a todo, Marc Antón defiende que, con el tiempo, "la gente se ha ido informando y ha mejorado su forma de trabajar", llegando a convertirse en "buenos profesionales" que hacen competencia a las empresas veteranas.

Porteros en la entrada de una discoteca antes de la pandemia / ARCHIVO
Porteros en la entrada de una discoteca antes de la pandemia / ARCHIVO

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