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El exprimer teniente de alcalde de Barcelona, Gerardo Pisarello, vuelve a Barcelona. Virtualmente, claro, ya que seguirá siendo secretario de la Mesa del Congreso. Pero su espíritu seguirá entre los barceloneses porque es una de las almas mater del nuevo invento soberanista denominado Sobiranies. Se trata de una plataforma (para hacerlo más institucional, sus impulsores hablan de Instituto) de ideas que pretende convertirse en un think tank de la izquierda soberanista. Sus dos cabezas más visibles son el exlíder de Podemos, Xavier Domènech, otro hombre fuerte de la alcaldesa Ada Colau, y el exdiputado de la CUP Quim Arrufat.

Entre las personas que participarán en sus jornadas, publicarán artículos en sus foros y apoyarán todas sus actividades figuran la exconcejala, Gala Pin; la cupaire fugada en Suiza, Anna Gabriel; el exdiputado de la CUP, David Fernández; la exlíder de Podemos en Cataluña, Gemma Ubasart; o el empresario Jaume Roures, que en prime time de TV3 introdujo un monográfico previo sobre esta nueva plataforma a través del programa FAQS que él produce.

Pero una de las estrellas que alienta este nuevo invento es el antiguo primer teniente de alcalde. Fuentes del entorno podemita explican que Pisarello es una de las principales almas pensantes, forjador en la sombra del ‘invento’ que aspira convertirse en un foro de referencia en cuanto a ideas y campañas ciudadanas y políticas. “Sobiranies nace para promover el debate, la reflexión, el análisis y la formación en el campo sociopolítico de la izquierda soberanista catalana”, dicen sus principios. La plataforma echará mano de programas de formación ofreciendo cursos online “así como un canal de vídeos donde realizaremos debates y entrevistas”.

QUIERE SER UNA REFERENCIA

De hecho, el mismo día en que se presentaba públicamente Sobiranies, Pisarello dejaba constancia que quiere pintar algo en la misma y ser una referencia obligada. De hecho, durante muchos años, los artículos de opinión que escribía llevaban siempre la firma conjunta de él y de Jaume Asens, reconvertido en diputado en el Congreso y portavoz podemita, fiel escudero de Pablo Iglesias.

En esta ocasión, no obstante, Pisarello afronta en solitario su responsabilidad, liberando los demonios que lo hicieron famoso en el Ayuntamiento de Barcelona. Cuando llegó al consistorio, su primera acción como primer teniente de alcalde fue retirar el busto del Rey de la sala de plenos. El segundo, forcejear con el popular Alberto Fernández Díaz para que éste no retirase una estelada del balcón del consistorio. Luego, fue uno de los que propugnó la expulsión de la Policía Nacional de su actual sede en Via Laietana.

Sus convicciones siguen intactas: Pisarello se estrenó en el nuevo think tank barcelonés con un demoledor artículo contra la Monarquía, titulado Delenda est Monarchia (razones de una consigna), parafraseando a Ortega y Gasset que aventuró la llegada de la II República. Por algo su obsesión fue acabar siempre con el Rey. Bueno es que se sepan sus ideas, sus propuestas y sus estrategias. Pero también es bueno que se conozcan los pequeños actos canallas que jalonan su carrera: no deja de llamar la atención, por ejemplo, que cuando llegó al consistorio y tomó posesión, a poco aterrizó en la Administración local, como asesora del área de vivienda su propia esposa, Vanesa Valiño. Si la izquierda pura se había pasado décadas demonizando el nepotismo de la derecha y de la izquierda impura, ese detalle no puede pasar desapercibido. Aún así, hay quien lo comprende. “No te equivoques. Ella no es una calientasillas. Ella es la que vale. Ella es la que entiende de su negociado. Es una muy buena profesional”, dice a Metrópoli Abierta un alto cargo municipal.

Jaume Roures formará parte de este colectivo / EUROPA PRESS
Jaume Roures formará parte de este colectivo / EUROPA PRESS

MALOS RECUERDOS

Pisarello no dejó buenas opiniones de él en Barcelona. Su actitud chulesca y soberbia le acarreó muchos disgustos y críticas acerbas. Como cuando mantuvo un enfrentamiento de alto calibre con Carina Mejías, portavoz de Ciudadanos. Ésta presidía la comisión de Economía y Hacienda y hubo una interpelación a Pisarello. Cuando le tocaba responder, el primer teniente de alcalde no supo articular palabra, porque estaba despistado. “¿Ha hecho la pregunta ya? Me he perdido”, le dijo a su interlocutor. La presidenta de la comisión no se cortó: “Estas actitudes son de vergüenza ajena. En mi larga carrera política en diferentes instituciones y comisiones, nunca he visto una actitud así en un Gobierno”, le recriminó. Luego, tras lamentar “su falta de interés y esa falta de educación”, salió de la sala mientras Pisarello comentaba jocosamente: “¡Qué espectáculo!”, al tiempo que la comparaba con “una maestra de escuela autoritaria. Claro que sí. Claro que sí”.

La concejal naranja lanzó por las redes su queja minutos después. “Son inaceptables las constantes faltas de respeto, las reiteradas ausencias de las comisiones, el desinterés por los temas y el ninguneo y desprecio sistemáticos a la oposición de equipo de Gobierno municipal. Como Presidenta, mis disculpas al resto de miembros de la Comisión”, dijo Mejías. Más tarde no fue ya Ciudadanos, sino JxCat quien se quejó de la actitud de Pisarello: “Rechazo absoluto a la actitud machista y de menosprecio del teniente de alcalde, Gerardo Pisarello, refiriéndose a la concejala Carina Mejías como una ‘maestra de escuela autoritaria’. Denunciamos este episodio lamentable y la desidia de Pisarello hacia la Comisión”.

DEMONIOS LIBERADOS

Ahora, siendo ya secretario de la Mesa del Congreso, sigue con sus demonios particulares. De ahí el duro artículo en el foro de Sobiranies contra la Monarquía. “En abril de 2012, tras un polémico viaje a Botsuana a cazar elefantes, Juan Carlos de Borbón se vio obligado a pedir disculpas en público. Para evitar que el entonces Rey tuviera un final similar al de su abuelo, Alfonso XIII, la Casa Real impulsó la abdicación de Juan Carlos en su hijo Felipe VI. Esta operación se produjo con total desprecio de las Cortes Generales (sic), que ni siquiera intervino en la misma, demostrando la total subordinación del principio democrático al principio monárquico-hereditario”, dice el ínclito diputado.

“Resulta difícil predecir el futuro de la Monarquía en un escenario de pandemia intermitente como el que parece haberse abierto. Sin embargo, hay buenas razones para pensar, como Ortega en 1930, que no será sencillo para la dinastía borbónica situarse en una “nueva normalidad” después de su implicación en la degradación política y económica del régimen surgido de su restauración”, aduce luego Pisarello.

La andanada no tendría mayor importancia si no fuese por el actual cargo de Pisarello: un miembro de una institución ataca ferozmente a otra. Pero también es verdad que los que no vivieron la Transición ni presenciaron sus raíces no la valoran ni la respetan. Ya decía Ortega y Gasset, a quien Pisarello le robó la idea de la Monarquía destruida, que “estos republicanos no son la República”. Y, además, otra verdad como un templo: “La República es una cosa. El radicalismo es otra”. Un adelantado de su tiempo, sin duda.

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